A Scandal in Bohemia
Arthur Conan Doyle · retold in B1 Spanish
Season 19 of Cuentos para el oído · 5 episodes · about 7–8 minutes each
Any podcast app (RSS)
Copy this link and paste it into your podcast app's "add by URL" option.
https://feed.stories.anicha.space/feed.xml 1. El visitante enmascarado
Sherlock Holmes es el detective que adivina la vida de una persona con solo mirarla. Una noche llega a su casa un hombre altísimo y riquísimo, con una máscara, que no quiere decir su nombre. Holmes ya sabe quién es.
Read the Spanish text
Empezamos una historia nueva. Se llama "Escándalo en Bohemia". La escribió Arthur Conan Doyle. Es un nombre, y se dice "ártur cónan dóil". Conan Doyle fue un escritor escocés, y también fue médico. Escribió esta historia en mil ochocientos noventa y uno, en Londres.
Es nuestra primera historia de detectives. Un detective es una persona que resuelve misterios: mira, escucha, piensa y descubre la verdad.
El detective se llama Sherlock Holmes. Es un nombre, y se dice "shérlok jóums". Es el detective más famoso del mundo. Su amigo se llama el doctor Watson. También es un nombre, y se dice "uátson". Watson es médico y acompaña a Holmes en sus aventuras.
Hoy escucha dos cosas. Cómo Holmes descubre la vida de una persona solo con mirarla. Y quién es el hombre que llega de noche con la cara tapada.
Antes de empezar, tres palabras importantes.
Primera: una pista. Una pista es una señal pequeña que ayuda a descubrir la verdad. Un zapato sucio puede ser una pista. Un papel caro también. Holmes vive de las pistas.
Segunda: una máscara. Una máscara es una cosa que se pone en la cara para taparla. Con una máscara, nadie sabe quién eres.
Tercera: Bohemia. Bohemia es el nombre de un país antiguo, en el centro de Europa. Hoy es una parte de la República Checa. En aquella época, Bohemia tenía un rey.
Es una noche de lluvia en Londres. Sherlock Holmes vive en un piso de la calle Baker. Baker es el nombre de una calle. Allí tiene sus libros y su pipa.
Esa noche, el doctor Watson sube a saludar a su amigo. Hace tiempo que no se ven.
Holmes lo mira. Solo un momento. Y le dice:
— Veo que hoy has salido con lluvia. Y veo que has vuelto a trabajar como médico.
Watson se queda con la boca abierta.
— ¿Cómo lo sabes? Yo no te he dicho nada.
— No me lo has dicho —contesta Holmes—. Lo veo.
Y se lo explica, tranquilo.
— Mira tu zapato izquierdo. En el lado hay seis rayas, una al lado de otra. Esas rayas las hace una persona que quita el barro con un cuchillo, sin cuidado. Barro es la tierra mojada de la calle. Entonces: ha llovido, tú has caminado por el barro, y alguien ha limpiado mal tus zapatos.
Watson mira su zapato. Las rayas están ahí.
— ¿Y lo de ser médico?
— Más fácil todavía. Hueles a medicina. Tienes una mancha negra en el dedo, de un líquido que usan los médicos. Y en tu sombrero hay un bulto, aquí, a un lado: ahí guardas el aparato para escuchar el corazón.
Vamos a parar un momento. ¿Cómo sabe Holmes todo eso?
No es magia. Son pistas. Los zapatos con rayas: ha llovido y alguien los ha limpiado mal. El olor a medicina y el aparato en el sombrero: Watson trabaja otra vez como médico.
Holmes mira lo que todos miran. Pero él se fija en las cosas pequeñas. Y las cosas pequeñas cuentan la vida de una persona.
Entonces Holmes coge un papel de la mesa.
— Ha llegado esta tarde. Léelo.
Es una carta corta. Dice así: "Esta noche, a las ocho menos cuarto, irá a verle un señor. No se sorprenda si lleva una máscara." Nadie la firma.
Holmes mira el papel a la luz.
— Es un papel grueso y muy caro. No es inglés: viene del centro de Europa, de un país donde se habla alemán. Este hombre tiene mucho dinero y quiere esconder quién es.
A las ocho menos cuarto llega un coche de caballos. Se oyen pasos fuertes y lentos en la escalera.
Y entra un hombre enorme, casi de dos metros. Lleva un abrigo con piel y piedras brillantes en las manos. Y en la cara, tapando la frente y los ojos, una máscara negra.
— Buenas noches —dice, con acento extranjero—. Pueden llamarme conde von Kramm. Es un nombre. Soy un noble de Bohemia. No puedo decirles quién soy.
Habla de un secreto muy grande y repite que nadie debe saber su nombre.
Holmes escucha con los ojos medio cerrados. Y entonces sonríe.
— Ya lo sé —dice.
— ¿Sabe qué?
— Sé quién es usted. Usted no es ningún conde. Usted es el rey de Bohemia.
Hay un silencio largo. El hombre se levanta y, con un gesto rápido, se quita la máscara y la tira al suelo.
— Tiene usted razón —dice—. ¿Por qué voy a esconderme? Soy el rey.
Vamos a recordar, con palabras simples.
Una noche de lluvia, el doctor Watson visita a su amigo Sherlock Holmes, el detective. Holmes lo mira y le dice dos cosas verdaderas: que ha salido con lluvia y que trabaja otra vez como médico. Todo, gracias a unas pistas pequeñas.
Después llega una carta sin nombre. Anuncia un visitante para esa misma noche, y avisa: el visitante llevará una máscara.
Llega un hombre altísimo y muy rico, con una máscara negra en la cara. Dice que es un noble de Bohemia y que no puede decir su nombre.
Pero Holmes ya lo sabe. Es el rey de Bohemia.
Has escuchado el primer episodio de "Escándalo en Bohemia", entero en español. Muy bien. Ahora la máscara está en el suelo, y el rey va a hablar. ¿Qué problema tiene un rey tan rico y tan poderoso? ¿Y por qué necesita a un detective? En el próximo episodio lo sabremos. Hasta la próxima.
Y una pregunta para pensar. Holmes descubre la vida de Watson mirando sus zapatos y su sombrero. Piensa en ti. Si un desconocido te mirara hoy con mucha atención, ¿qué cosa tuya contaría la verdad sobre tu vida?
2. La fotografía
El rey tiene un problema: existe una fotografía suya con Irene Adler, una cantante muy lista. Si aparece, su boda real se destruye. Ha intentado comprarla y robarla, sin suerte. Holmes acepta el caso.
Read the Spanish text
Bienvenido al segundo episodio de "Un escándalo en Bohemia". Vamos a recordar el episodio anterior.
Conocimos a un detective muy famoso. Se llama Sherlock Holmes. Un detective es una persona que busca la verdad y resuelve misterios. Con él vive su amigo, el doctor Watson.
Una noche llegó a su casa un hombre muy alto y muy rico. Llevaba una máscara en la cara y no quería decir su nombre. Pero Holmes ya lo sabía: era el rey de Bohemia. Bohemia es el nombre de un país antiguo, en el centro de Europa.
Hoy, por fin, el rey explica su problema. Escucha bien dos cosas: qué objeto busca el rey, y por qué tiene tanto miedo.
Antes de empezar, tres palabras útiles.
Primera: una fotografía. Una fotografía es una imagen de una persona, hecha con una cámara. Toda esta historia gira alrededor de una sola fotografía.
Segunda: casarse. Casarse es cuando dos personas deciden vivir juntas para siempre, delante de la ley y de la familia. La fiesta de ese día se llama la boda.
Tercera: el chantaje. El chantaje es amenazar con contar un secreto de alguien, si esa persona no te da lo que tú quieres. Es una palabra importante hoy. Escucha bien, porque Holmes va a decir algo curioso sobre esta palabra.
El rey se quita la máscara. Ahora se le ve toda la cara. Se sienta cerca del fuego y empieza a hablar despacio.
— Hace cinco años conocí a una mujer —dice—. Se llama Irene Adler. Es un nombre de mujer, y ella es americana. Era cantante. Cantaba en los grandes teatros de Europa. Tenía una voz preciosa.
Holmes escucha sin decir nada. Watson lo mira, muy curioso.
— Yo era joven —sigue el rey—. Ella era inteligente, valiente y muy fuerte de carácter. Nos enamoramos. Fue una historia de amor de verdad.
— ¿Y dónde está el problema? —pregunta Holmes.
— El problema es una fotografía —dice el rey—. Una fotografía de los dos juntos. Ella la tiene en su casa.
Holmes levanta la cabeza.
— Es una fotografía comprometida —dice el rey en voz baja—. "Comprometida" quiere decir que puede hacerme mucho daño. Si la gente la ve, habrá un escándalo. Un escándalo es cuando todo el mundo habla mal de ti y tu nombre queda sucio para siempre.
Paramos un momento. ¿Qué está pasando?
El rey de Bohemia estuvo enamorado de una mujer: Irene Adler, una cantante americana. Existe una fotografía de los dos juntos. Y esa fotografía la tiene ella, no él.
El rey tiene miedo. Esa imagen pequeña puede destruir toda su vida. Ahora vamos a entender por qué, exactamente.
— Dentro de tres días voy a anunciar mi boda —dice el rey—. Me caso con una princesa de otra familia real. Su familia es muy estricta. Si ven esa fotografía, se acabó todo. No habrá boda. Y mi nombre quedará destrozado.
— ¿Y qué dice Irene Adler? —pregunta Holmes.
— Dice que va a mandar la fotografía a la familia de la princesa. El mismo día del anuncio.
— ¿Y qué pide a cambio? —pregunta Holmes—. ¿Dinero?
— No pide nada —contesta el rey—. Nada.
Holmes sonríe un poco.
— Entonces no es exactamente un chantaje —dice—. Ella no quiere sacar provecho. Quiere otra cosa.
El rey no contesta.
— ¿Ha intentado usted recuperar la fotografía? —pregunta Holmes.
— Lo he intentado todo. Le ofrecí mucho dinero por ella. Dijo que no. Mandé a unos hombres a su casa, dos veces, a buscarla por todas partes. No encontraron nada. En un viaje, hice robar su equipaje, todas sus maletas. Tampoco estaba allí.
— ¿Y ella? —pregunta Watson.
— Ella se ríe —dice el rey—. Sabe perfectamente quién está detrás. Y no me tiene ningún miedo.
Holmes se levanta. Ahora sus ojos brillan.
— Es una mujer inteligente —dice—. Muy inteligente. Este caso me interesa.
Se acerca a la ventana y mira la calle oscura.
— Empiezo mañana —dice—. Vuelva usted dentro de dos días.
Vamos a recordar, con palabras simples.
El rey de Bohemia estuvo enamorado de Irene Adler, una cantante americana. Existe una fotografía de los dos juntos, y la tiene ella.
Ahora el rey se casa con una princesa. Si la familia de la princesa ve la fotografía, no habrá boda y habrá un escándalo.
El rey lo ha intentado todo: ofrecer dinero, buscar en su casa dos veces, robar sus maletas en un viaje. Nada ha funcionado. Irene no vende la fotografía y no la devuelve.
Y no pide dinero. Solo dice que la va a mandar el día del anuncio.
Holmes acepta el caso. Empieza mañana.
Has escuchado el segundo episodio de "Un escándalo en Bohemia". Ahora Holmes tiene un caso difícil y, delante de él, una mujer tan lista como él. ¿Y cómo empieza? A la mañana siguiente, muy temprano, un hombre pobre y sucio sale de la casa de Holmes. Nadie lo reconoce. ¿Quién es ese hombre? En el próximo episodio lo vemos. Hasta la próxima.
Y una pregunta para pensar. Irene Adler no quiere dinero. Solo quiere guardar algo que es suyo. ¿Tú tienes algo que no venderías nunca, por ningún dinero? ¿Por qué es tan importante para ti?
3. Un mozo de cuadra
Disfrazado de mozo de cuadra, Holmes vigila la casa de Irene y habla con los vecinos. De repente ella sale corriendo hacia una iglesia, y Holmes acaba de testigo en su boda. Ahora tiene que actuar rápido.
Read the Spanish text
Bienvenido al tercer episodio de "Escándalo en Bohemia", de Arthur Conan Doyle.
Vamos a recordar. El rey de Bohemia fue a ver a Sherlock Holmes, el detective más famoso de Londres. Existe una fotografía: el rey y una mujer, juntos. La mujer se llama Irene Adler. Es una cantante americana, lista y valiente. Ahora el rey va a casarse con una princesa. Si alguien enseña esa fotografía, la boda real se rompe. El rey lo ha probado todo, pero Irene no la vende y no la devuelve.
Holmes aceptó el caso. Hoy empieza a trabajar.
Escucha dos cosas. Qué ropa se pone Holmes para que nadie lo reconozca. Y qué sorpresa enorme le espera delante de la casa de Irene Adler.
Antes de empezar, tres palabras.
Primera: un disfraz. Disfrazarse es ponerse otra ropa, y cambiar la cara y la voz, para que nadie te reconozca.
Segunda: un mozo de cuadra. Una cuadra es el sitio donde viven los caballos. Un mozo de cuadra es el hombre que los cuida: los limpia, les da de comer. Gana poco dinero y lleva ropa vieja.
Tercera: un testigo. Un testigo es la persona que está presente en una boda para decir después que sí, que es verdad, que esas dos personas se casaron.
A la mañana siguiente, Holmes salió de casa muy temprano. Pero no salió como Sherlock Holmes. Salió disfrazado.
Llevaba ropa vieja y sucia, una chaqueta rota, el pelo despeinado y las manos negras. Parecía un mozo de cuadra pobre, un hombre que trabaja con caballos desde niño. Andaba de otra manera. Hablaba de otra manera. Nadie en la calle podía imaginar que aquel hombre era el detective más famoso de Inglaterra.
Y Holmes se lo estaba pasando muy bien. Le encantaba disfrazarse. Le divertía muchísimo ser otro hombre durante unas horas.
Fue hasta la calle donde vive Irene Adler. Enfrente de su casa hay unas cuadras. Holmes se acercó, ayudó un poco, dio conversación, contó chistes. Y escuchó.
Los mozos de cuadra le contaron cosas. Los vecinos también. La gente habla mucho con un hombre pobre y simpático. En media hora, Holmes ya lo sabía casi todo. Sabía que la señora Adler sale de casa a las cinco y vuelve a las siete. Sabía que canta en los teatros y que en el barrio la quieren mucho.
Y sabía una cosa más. Hay un hombre que la visita casi cada día. Un hombre alto y guapo, que siempre llega con prisa.
Vamos a parar un momento.
Holmes no ha entrado en la casa. Se ha puesto un disfraz de mozo de cuadra y ha hablado con los vecinos. Solo con eso ya sabe a qué hora sale Irene Adler, a qué hora vuelve y cómo es. Y sabe que un hombre alto la visita casi todos los días.
Ahora vamos a ver quién es ese hombre.
Y entonces, mientras Holmes seguía allí, llegó un coche a toda velocidad.
Un hombre bajó de un salto. Alto, moreno, con bigote. Se llama Godfrey Norton. Es un nombre de hombre, y se dice "gódfri nórton". Godfrey Norton es abogado: una persona que trabaja con las leyes.
Norton entró en la casa. Media hora después salió corriendo y le gritó al conductor de su coche:
—¡A la iglesia de Santa Mónica! ¡Deprisa!
Un minuto más tarde salió Irene Adler y dijo exactamente lo mismo. Holmes no lo pensó dos veces: paró un tercer coche y fue detrás de ellos.
Dentro de la iglesia solo estaban el cura, Irene Adler y Godfrey Norton, delante del altar. Se iban a casar allí mismo. Pero faltaba una cosa: un testigo. Sin testigo, el cura no podía casarlos.
Y de repente los tres se volvieron y miraron al pobre mozo de cuadra que acababa de entrar.
Así, sin entender casi nada, Sherlock Holmes se encontró delante del altar. Firmó donde le dijeron. Y con la ayuda del detective del rey, Irene Adler y Godfrey Norton se casaron.
Al salir, Norton le dio una moneda de oro por las molestias. Holmes se rió durante todo el camino de vuelta a casa.
Watson lo escuchó con la boca abierta.
—Ahora hay prisa —dijo Holmes, todavía riendo—. Ella está casada. Mañana puede irse de Londres con la fotografía. Tenemos que actuar esta noche. Y necesito tu ayuda.
—¿Qué hay que hacer? —preguntó Watson.
—Esperar en la calle, delante de una ventana. Y hacer exactamente lo que yo te diga. Sin preguntas.
Watson sonrió.
—Cuenta conmigo.
Vamos a recordar, con palabras simples.
Holmes se disfraza de mozo de cuadra: ropa vieja, manos sucias, otra voz. Va a la calle de Irene Adler y habla con los vecinos. Así, sin entrar en la casa, aprende sus horarios y su vida.
Entonces llega un abogado, Godfrey Norton. Sale corriendo hacia una iglesia. Irene Adler sale corriendo detrás. Holmes los sigue.
En la iglesia falta un testigo. Y el testigo acaba siendo Holmes, con su ropa vieja de mozo de cuadra.
Holmes vuelve a casa riendo. Pero hay prisa: Irene puede marcharse en cualquier momento. Esta noche tienen que actuar. Y Watson dice que sí.
Has escuchado el tercer episodio de "Escándalo en Bohemia". Muy bien. Ahora Holmes tiene un plan, y el plan es esta noche. ¿Qué disfraz se va a poner esta vez? ¿Y por qué va a haber humo y gritos de "¡fuego!" en la calle de Irene Adler? En el próximo episodio lo vemos. Hasta la próxima.
Y una pregunta para pensar. Holmes se pone ropa vieja, y de repente la gente le cuenta cosas que no le contarían nunca al gran detective. ¿Contigo pasa algo parecido? ¿Hay personas que te hablan de otra manera según la ropa que llevas?
4. ¡Fuego!
El plan: Holmes se disfraza de cura y entra herido en casa de Irene. Entonces Watson grita «¡Fuego!» y, en el susto, ella corre a salvar lo que más quiere. Holmes ve el escondite. Pero al volver a casa, alguien lo saluda por su nombre.
Read the Spanish text
Bienvenido al cuarto episodio de "Un escándalo en Bohemia", de Arthur Conan Doyle.
Recordamos la historia. Un rey pide ayuda a un detective muy famoso, que se llama Sherlock Holmes. Existe una fotografía peligrosa del rey con una mujer, Irene Adler. El rey quiere esa fotografía. Irene no la vende y no la devuelve.
En el episodio anterior, Holmes se disfrazó de mozo de cuadra, un hombre que cuida caballos, y vigiló la casa de Irene. Y vio algo increíble: ese mismo día, Irene se casó con un abogado, Godfrey Norton.
Ahora Holmes tiene un plan. Un plan con truco.
Escucha bien una cosa: cómo consigue Holmes que Irene le enseñe, sin querer, dónde está la fotografía.
Antes de empezar, cuatro palabras.
Primera: un cura. Un cura es un hombre de la iglesia. Lleva ropa negra y ayuda a la gente. La gente confía en un cura.
Segunda: el humo. Cuando algo se quema, sale humo: una nube gris que sube, que no deja ver y que hace toser.
Tercera: una falsa alarma. Una alarma es un aviso de peligro. Si el peligro no es de verdad, es una falsa alarma.
Cuarta: esconder. Esconder es poner una cosa donde nadie la puede ver. Y el escondite es ese lugar secreto.
Aquella tarde, Watson llegó a casa de Holmes y no reconoció a nadie.
En el salón había un cura viejo. Ropa negra, sombrero grande, cara amable. Parecía un hombre bueno, tranquilo, incapaz de hacer daño a nadie.
Entonces el cura habló, y era Holmes. Watson se echó a reír.
—Esta noche vamos a la casa de Irene Adler —dijo Holmes—. Tú te quedas en la calle, junto a la ventana del salón. Hace calor: la ventana estará abierta. Yo te haré una señal con la mano. Cuando la veas, tiras esto dentro y gritas "¡Fuego!".
Y le dio a Watson un cohete de humo: un tubo pequeño que no quema nada, pero que llena una habitación de humo blanco.
Holmes también había pagado a unos hombres de la calle. Cada uno sabía su trabajo y su hora.
A las siete llegó el coche de caballos de Irene. Y justo delante de la puerta empezó una pelea. Unos hombres gritaban y se empujaban. Parecía una pelea de verdad. No lo era.
El viejo cura corrió a proteger a la señora. Y, en medio de los golpes, cayó al suelo. Tenía sangre en la cara.
Irene se asustó.
—¡Pobre hombre! —dijo—. Entradlo en casa, al salón.
Y así, el cura entró en la casa de Irene Adler. Justo donde Holmes quería estar.
Vamos a parar un momento y a mirar el plan.
Primero, Holmes se disfraza de cura viejo y bueno. Segundo, paga una pelea falsa en la calle. Tercero, se deja caer al suelo, como si estuviera herido.
¿Para qué? Para entrar en la casa sin llamar a la puerta. Nadie sospecha de un cura herido.
Ahora Holmes está dentro, en el salón. Y Watson espera fuera, junto a la ventana abierta.
Dentro, tumbaron al cura en el sofá. Alguien abrió del todo la ventana, para darle aire. Holmes, con los ojos casi cerrados, lo miraba todo.
Despacio, levantó la mano. Era la señal.
Watson tiró el cohete por la ventana y gritó con todas sus fuerzas:
—¡Fuego! ¡Fuego!
La gente de la calle repitió el grito. En pocos segundos, el salón se llenó de humo blanco. Todos corrían.
Y entonces pasó lo que Holmes esperaba.
Cuando una persona cree que su casa se quema, no piensa. Corre a salvar la cosa que más le importa. Solo esa.
Irene Adler no corrió hacia la puerta. Corrió hacia la pared, al lado de la ventana. Empujó un panel de madera, que se abrió como una puertecita, y metió el brazo. Allí estaba el escondite. Y allí estaba la fotografía. Holmes la vio con sus propios ojos.
La sacó un momento. Después miró el humo, la dejó dentro y cerró el panel.
—¡Tranquilos! —dijo Holmes desde el sofá—. Es una falsa alarma. No hay fuego.
Poco a poco, todos se calmaron. El cura dio las gracias, se levantó y salió a la calle.
Fuera, Watson lo esperaba. Los dos volvieron a casa contentos. Ya sabían dónde estaba la fotografía. Mañana irían a buscarla.
Cerca de su puerta, un joven delgado, con un abrigo largo, pasó a su lado deprisa y dijo:
—Buenas noches, señor Sherlock Holmes.
Holmes se paró. Miró la calle. El joven ya no estaba.
—Conozco esa voz —dijo despacio—. Pero no sé de dónde.
Vamos a recordar el truco, paso a paso.
Holmes se disfraza de cura viejo. En la calle, unos hombres pagados empiezan una pelea falsa. El cura cae al suelo, herido. Irene, que tiene buen corazón, lo hace entrar en su salón.
Entonces Watson tira un cohete de humo por la ventana y grita "¡Fuego!". Todos creen que la casa se quema.
Irene corre a salvar lo que más quiere. Abre un panel de la pared y toca la fotografía. Y Holmes, tumbado en el sofá, ve el escondite.
Después dice que es una falsa alarma y se va tranquilo.
Pero, ya cerca de casa, un joven desconocido le da las buenas noches por su nombre.
Has escuchado el cuarto episodio de "Un escándalo en Bohemia". Holmes está seguro de que ha ganado. Pero ¿quién era ese joven de la calle? ¿Y estará la fotografía mañana en su escondite? En el próximo episodio, el último, lo sabremos todo. Hasta la próxima.
Y una pregunta para pensar. Si tu casa se quemara ahora mismo, y solo pudieras salvar una cosa pequeña, ¿a dónde correrías tú? ¿Qué cosa cogerías? Piénsalo un momento. Esa cosa dice mucho de ti.
5. La mujer que ganó · finale
Por la mañana, Irene se ha ido. En el escondite hay una carta: lo reconoció, adivinó el truco y hasta lo siguió disfrazada de hombre. Holmes, vencido por primera vez, la llamará siempre «la mujer». Más un cierre sobre Conan Doyle.
Read the Spanish text
Bienvenido al quinto y último episodio de "Escándalo en Bohemia".
Recordamos la historia. El rey de Bohemia pidió ayuda a Sherlock Holmes. Quería recuperar una fotografía peligrosa. La fotografía la tenía una mujer: se llama Irene Adler. Holmes se disfrazó de cura viejo y entró en su casa. Watson tiró un cohete de humo por la ventana y gritó "¡Fuego!". Irene, asustada, corrió hacia la fotografía. Y así Holmes vio el escondite: un hueco secreto en la pared.
Pero esa misma noche, en la calle, una voz joven le dijo: "Buenas noches, señor Sherlock Holmes." Y Holmes no supo quién era.
Hoy escucha bien una cosa: quién gana de verdad al final.
Antes de empezar, tres palabras.
Primera: una carta. Una carta es un papel escrito que una persona envía a otra. Hoy hay una carta muy importante.
Segunda: un anillo. Un anillo es una joya pequeña y redonda que se lleva en el dedo. El rey ofrece un anillo de mucho valor.
Tercera: protegerse. Protegerse es cuidarse a uno mismo, defenderse de un peligro. Irene guarda la fotografía solo para protegerse.
A la mañana siguiente, muy temprano, tres hombres van en coche a la casa de Irene Adler: Holmes, Watson y el rey de Bohemia. El rey está nervioso y contento. Por fin va a recuperar su fotografía.
Pero al llegar ven algo extraño. La puerta está abierta. La casa está llena de gente. Los criados entran y salen con maletas. Todo está en desorden.
Una mujer mayor sale a la puerta. Se ríe un poco al ver a Holmes.
— ¿El señor Sherlock Holmes? — dice —. La señora se ha marchado. Salió de noche, con su marido. Se fueron en tren. Y no van a volver.
El rey se pone pálido. Holmes no dice nada. Entra rápido en el salón, va directo a la pared y abre el hueco secreto.
Dentro hay una fotografía. Pero no es la fotografía del rey.
Y hay algo más: un sobre. Un sobre es el papel que envuelve una carta. En el sobre hay tres palabras escritas: "Para Sherlock Holmes."
Holmes lo abre. Y empieza a leer.
Vamos a parar un momento. ¿Qué ha pasado?
Holmes llegó por la mañana a buscar la fotografía. Pero Irene Adler se marchó durante la noche, con su marido, en un tren. En el escondite no está la fotografía del rey. Hay otra fotografía, y hay una carta escrita para Holmes. Vamos a escuchar qué dice esa carta.
La carta dice así:
"Querido señor Sherlock Holmes: usted lo hizo muy bien. Al principio no sospeché nada. Pero cuando gritaron '¡Fuego!' y corrí hacia mi tesoro, lo entendí todo. Un amigo me había avisado: si el rey buscaba ayuda, buscaría al mejor detective del mundo. Y usted estaba en mi salón, vestido de cura viejo.
Aun así, quise estar segura. Yo también sé disfrazarme. Me vestí de hombre joven, salí a la calle y lo seguí a usted hasta su puerta. ¿Recuerda al muchacho que le dio las buenas noches? Era yo.
Me marcho con mi marido. Se llama Godfrey Norton, y es un hombre mejor que el rey. Lo quiero, y él me quiere a mí. Me llevo la fotografía, pero solo para protegerme. Le doy mi palabra: nunca la voy a usar contra el rey. Puede casarse tranquilo."
El rey respira hondo. Está encantado.
— ¡Qué mujer! — dice —. Señor Holmes, ¿cómo puedo pagarle? Tengo aquí un anillo de mucho valor.
— Majestad — contesta Holmes —, hay una cosa que valoro más.
Y señala la otra fotografía, la que Irene dejó en el escondite: ella sola, mirando a la cámara.
Es lo único que pide. Y se la lleva.
Desde aquel día, Holmes casi nunca dice su nombre. La llama simplemente "la mujer".
Vamos a recordar el final, y un poco de toda la historia.
Un rey tenía miedo de una fotografía. Contrató al detective más famoso del mundo. Holmes usó dos disfraces, un poco de humo y un grito de fuego. Encontró el escondite en la pared. Parecía imposible perder.
Pero Irene Adler pensó más rápido. Lo reconoció, lo siguió por la calle vestida de hombre joven y se marchó esa misma noche.
No se llevó la fotografía para hacer daño. Se la llevó para estar tranquila y segura. Y dejó su propia fotografía, como un regalo y como una pequeña broma.
Holmes perdió. Y, por una vez, admiró a alguien más listo que él. Por eso, para siempre, ella es "la mujer".
Una cosa interesante sobre el autor.
Se llama Arthur Conan Doyle. Fue un escritor escocés, y también fue médico. Nació en mil ochocientos cincuenta y nueve y murió en mil novecientos treinta.
Conan Doyle inventó a Sherlock Holmes, el detective más famoso del mundo. Escribió sesenta historias de Holmes. Todavía hoy, en muchos países, la gente las lee, y hay películas y series de televisión sobre él.
Y, sobre todo, gracias a ti.
Acabas de escuchar una historia de detectives entera en español. Cinco episodios, con disfraces, pistas y un final sorprendente. Y la has seguido hasta el final, en español. Eso es un logro de verdad.
Pronto llega otra historia interesante. Y si quieres escuchar más historias en español claro y tranquilo, puedes ir a la página stories.anicha.space.
Hasta la próxima.
Y una última cosa: dos preguntas para pensar.
La primera. El rey y Holmes no esperaban nada de Irene. Pensaban que era solo una mujer con un secreto. Se equivocaron. ¿Alguna vez alguien ha pensado que tú valías menos de lo que vales? ¿Qué hiciste?
Y la segunda. Holmes encontró el escondite. Irene se llevó la fotografía. ¿Quién ganó de verdad? Piensa un momento: ¿qué significa ganar para ti?