Cuentos Claros

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The Tell-Tale Heart

Edgar Allan Poe · retold in B1 Spanish

Season 17 of Cuentos para el oído · 3 episodes · about 7–8 minutes each

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1. El ojo del viejo

El narrador jura que no está loco. Pero odia el ojo pálido y enfermo del viejo con quien vive, un ojo como el de un buitre. Para no verlo más, decide matarlo. Siete noches lo vigila.

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Empezamos una historia nueva. Es una historia de miedo. La escribió Edgar Allan Poe. Es un nombre, y se dice "édgar alan po". Vivió hace mucho tiempo, en Estados Unidos, y fue un maestro del terror.

En esta historia, la persona que habla —el narrador— te cuenta un secreto terrible. Habla en primera persona: dice "yo". Y lo primero que quiere decirte es esto: "Yo no estoy loco." Estar loco es haber perdido la razón, no pensar bien. El narrador lo repite muchas veces: "No estoy loco." Pero, cuando escuches su historia, tú vas a decidir.

No tienes que entender cada palabra. Escucha dos cosas: por qué el narrador odia un ojo, y qué decide hacer.

Antes de empezar, tres palabras importantes.

Primera: los nervios. El narrador dice que está muy nervioso. Tiene los sentidos muy finos: oye cosas muy pequeñas, cosas que otras personas no pueden oír.

Segunda: un buitre. Un buitre es un pájaro grande y feo que come animales muertos. Tiene los ojos fríos. En esta historia hay un ojo que parece el ojo de un buitre.

Tercera: el viejo. En la casa vive un viejo, un hombre mayor. El narrador vive con él, en la misma casa.

Yo no sé cómo empezó la idea. Pero, una vez que entró en mi cabeza, ya no me dejó, ni de día ni de noche.

Yo quería al viejo. De verdad. Él nunca me hizo daño. Nunca me insultó. Nunca me quitó nada. Su dinero no me importaba.

Creo que era su ojo. Sí. Era su ojo.

El viejo tenía un ojo enfermo. Un ojo azul, pálido, cubierto de una tela fina, como una nube. El ojo de un buitre.

Cada vez que ese ojo me miraba, se me helaba la sangre. Sentía un frío terrible por todo el cuerpo.

Y, poco a poco, tomé una decisión. Una decisión horrible. Para no ver nunca más ese ojo, iba a matar al viejo.

¿Lo ves? Un loco no piensa así, con calma, con un plan. Yo no estoy loco. Solo estoy muy, muy nervioso.

Vamos a parar un momento. El narrador vive con un viejo. Lo quiere. El viejo no le ha hecho nada malo. Pero el viejo tiene un ojo enfermo, pálido, como el ojo de un buitre. Y ese ojo le da tanto miedo que el narrador decide hacer algo terrible: matar al viejo. Vamos a ver cómo lo prepara.

Ahora escucha con qué cuidado lo preparé todo. Un loco no podría hacerlo así.

Durante siete noches, siete, fui muy amable con el viejo. Y cada noche, a las doce, iba despacio hasta su puerta.

La abría poco a poco, sin ningún ruido. Cuando había un hueco pequeño, metía una linterna tapada, cerrada, sin luz. Y luego metía la cabeza, muy despacio, para mirar al viejo dormido.

Tardaba una hora entera en meter la cabeza. ¿Un loco tendría tanta paciencia?

Entonces abría la linterna solo un poquito, y un rayo fino de luz salía hacia la cama.

Pero, cada una de las siete noches, el ojo del viejo estaba cerrado. Cerrado. Y así yo no podía hacer nada. Porque no era el viejo lo que me molestaba. Era su ojo. Y si el ojo estaba cerrado, no había problema.

Cada mañana, entraba en su cuarto y le hablaba con cariño. El viejo nunca sospechó nada.

Vamos a recordar, con palabras simples.

El narrador vive con un viejo. Lo quiere. Pero el viejo tiene un ojo enfermo y pálido, como el ojo de un buitre. Ese ojo le da un miedo horrible.

Por eso, el narrador decide una cosa terrible: matar al viejo, para no ver nunca más ese ojo.

Durante siete noches, entra en su cuarto a las doce, muy despacio, en silencio, con una linterna tapada. Pero, cada noche, el ojo del viejo está cerrado. Y el narrador espera. Nervioso. Paciente.

Has escuchado el primer episodio de "El corazón delator", de Edgar Allan Poe. Siete noches, y el ojo siempre cerrado. Pero llega la octava noche. Y esta vez, cuando la luz cae sobre la cama, el ojo del viejo está abierto. Y todo cambia. En el próximo episodio, esa noche terrible. Hasta la próxima.

Y una pregunta para pensar. A veces, una idea pequeña entra en nuestra cabeza y ya no se va. Crece y crece. ¿A ti te ha pasado? ¿Has tenido un pensamiento que no podías quitarte de la cabeza? ¿Y qué hiciste con él?

2. La octava noche

La octava noche, la luz cae sobre el ojo abierto del viejo. El narrador oye latir su corazón de miedo... y comete el crimen. Después esconde el cuerpo bajo las tablas del suelo.

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Bienvenido al segundo episodio de "El corazón delator", la historia de miedo de Edgar Allan Poe. Vamos a recordar lo importante.

En el primer episodio, yo, el narrador, te conté un secreto. Yo vivía con un viejo. Un hombre bueno, que nunca me hizo daño. Pero el viejo tenía un ojo raro. Un ojo pálido, de color azul claro, como el ojo de un buitre. Un buitre es un pájaro que come animales muertos. Ese ojo me daba mucho miedo.

Para librarme de ese ojo, tomé una decisión terrible: matar al viejo. Durante siete noches entré en su cuarto, muy despacio, sin ruido. Pero el ojo siempre estaba cerrado. Y sin el ojo abierto, yo no podía hacer nada.

Hoy es la octava noche. Escucha bien dos cosas: el ojo, y un sonido nuevo en la oscuridad.

Antes de seguir, tres palabras importantes.

Primera: el corazón. El corazón es la parte del cuerpo que nos mantiene vivos. El corazón hace un sonido: late. Latir es ese golpe suave, otra vez y otra vez. Esos golpes son los latidos. Cuando tenemos miedo, el corazón late muy rápido.

Segunda: las tablas del suelo. El suelo de esta casa es de madera. Está hecho de tablas largas y planas. Debajo de las tablas hay un espacio oscuro y vacío.

Tercera: esconder. Esconder es guardar una cosa en un sitio secreto, para que nadie la encuentre. En este episodio, yo voy a esconder algo debajo de las tablas del suelo.

Es medianoche. La casa está en silencio. Entro en el cuarto del viejo, muy despacio, como todas las noches. Él duerme. No me oye.

Llevo una lámpara cerrada. La luz está tapada, escondida dentro. Abro la lámpara solo un poquito. Un rayo de luz, fino como un hilo, sale de la lámpara. Y ese rayo cae justo encima del ojo del viejo.

Pero esta noche es diferente. Esta noche el ojo está abierto. Abierto del todo, y me mira. Ese ojo pálido de buitre, azul y frío, me mira en la oscuridad.

Me quedo quieto. No me muevo. La casa está en total silencio. Y entonces, en ese silencio, oigo un sonido.

Es un sonido bajo. Rápido. Como cuando envuelves un reloj en un trapo, y todavía lo oyes hacer tic, tic, tic, muy deprisa. Escucho con cuidado. Y de repente entiendo qué es. Es el corazón del viejo. Su corazón late rápido, muy rápido, porque el viejo tiene miedo. Tiene miedo en la oscuridad, sin saber por qué.

Vamos a parar un momento. ¿Qué es ese sonido en la oscuridad?

Es el corazón del viejo. El viejo está despierto. Tiene miedo. Y cuando tenemos miedo, el corazón late muy rápido. Esos latidos rápidos hacen un sonido bajo, como un reloj tapado con un trapo. El narrador, en el silencio total del cuarto, puede oírlo. Y el sonido no para. Al contrario: crece.

El sonido crece. Los latidos son cada vez más fuertes. Más rápidos. El corazón del viejo golpea y golpea en el silencio.

Y yo empiezo a tener miedo. Un miedo nuevo. Pienso: este sonido es demasiado fuerte. Un vecino, alguien en la casa de al lado, va a oírlo. Van a saber lo que pasa aquí.

Ya no puedo esperar más. Doy un grito. Y en un momento, todo termina. El corazón se para. El viejo ya no respira. El viejo está muerto.

Ahora hay silencio otra vez. Un silencio total. Pongo la mano en su pecho. No hay latidos. No hay nada.

Y aquí viene lo más frío de toda la historia. Yo no tiemblo. No lloro. Estoy tranquilo. Con calma, levanto tres tablas del suelo de madera. Debajo hay un espacio oscuro. Escondo al viejo ahí, debajo de las tablas. Después vuelvo a poner las tablas en su sitio, una por una.

Limpio el cuarto con mucho cuidado. No queda nada. Ni una mancha, ni una señal. Nadie, nunca, podría saber lo que hice esta noche. Miro el suelo y sonrío. Estoy seguro. Estoy tranquilo.

Vamos a recordar, con palabras simples.

Es la octava noche. El narrador entra en el cuarto del viejo. Abre su lámpara solo un poco, y un rayo de luz cae sobre el ojo. Esta vez, el ojo está abierto.

En el silencio, el narrador oye un sonido bajo y rápido. Es el corazón del viejo, que late muy rápido de miedo. El sonido crece y crece. El narrador tiene miedo de que un vecino lo oiga. Entonces actúa, y el viejo muere.

Después, con mucha calma, el narrador esconde al viejo debajo de las tablas del suelo. Limpia todo. No queda ninguna señal. Está seguro de que nadie lo va a saber nunca.

Has escuchado el segundo episodio de "El corazón delator". El viejo está muerto y escondido debajo del suelo. El narrador está tranquilo, seguro de que nadie lo sabrá nunca. Pero, a las cuatro de la mañana, alguien llama a la puerta. Es la policía. ¿Qué va a pasar? En el próximo episodio, el último, lo vemos. Hasta la próxima.

Y, para terminar, una pregunta para pensar. El narrador dice que está tranquilo, que no siente nada. Pero, ¿y tú? ¿Alguna vez has hecho algo que sabías que no estaba bien, y luego te dijiste que no importaba? ¿De verdad te lo creíste?

3. El corazón delator · finale

Llega la policía. El narrador, tranquilo, se sienta encima del cuerpo. Pero empieza a oír un latido bajo el suelo, cada vez más fuerte... Más un cierre sobre Edgar Allan Poe.

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Bienvenido al tercer y último episodio de "El corazón delator", de Edgar Allan Poe.

Recordamos la historia. El narrador vivía con un viejo. Odiaba su ojo enfermo, pálido como el ojo de un buitre. Y una noche, por fin, mató al viejo. Después escondió el cuerpo debajo de las tablas del suelo de la habitación. Las tablas del suelo son las maderas largas y planas que pisamos. Lo limpió todo. Nadie podía saberlo.

El narrador está tranquilo, seguro. Cree que ha ganado.

Escucha una cosa: qué sonido empieza a oír el narrador, y qué le hace ese sonido.

Antes de empezar, tres palabras.

Primera: la policía. Los policías son las personas que cuidan la ciudad y buscan a los que hacen algo malo.

Segunda: el latido. El corazón hace un sonido cuando trabaja: pum, pum, pum. Cada golpe es un latido.

Tercera: la culpa. La culpa es el peso que sientes por dentro cuando has hecho algo malo. Aunque nadie lo sepa, tú sí lo sabes.

Eran las cuatro de la mañana. Yo acababa de esconder el cuerpo, y todo estaba en silencio.

Entonces, alguien llamó a la puerta.

Bajé a abrir con el corazón tranquilo. ¿De qué tenía miedo? No había nada que ver.

Eran tres policías. Un vecino había oído un grito en la noche, y ellos venían a mirar la casa.

Yo sonreí. Los invité a pasar. Les dije que el grito había sido mío, por un mal sueño. Les dije que el viejo estaba de viaje, fuera de la ciudad.

Los llevé por toda la casa. "Miren donde quieran", les dije. Y, al final, los llevé a la habitación del viejo.

Puse unas sillas para ellos. Y, muy tranquilo, puse mi propia silla justo encima del lugar donde estaba el cuerpo.

Vamos a parar un momento. El narrador ha matado al viejo y ha escondido el cuerpo bajo el suelo. Llega la policía, porque un vecino oyó un grito. El narrador está muy tranquilo. Sonríe. Les habla. Incluso se sienta justo encima del cuerpo escondido. Cree que ha ganado. Vamos a ver qué pasa.

Hablábamos tranquilos. Los policías sonreían. Yo estaba contento.

Pero, poco a poco, empecé a sentirme mal. Me dolía la cabeza. Y oí un sonido.

Un sonido bajo, apagado. Un sonido que yo conocía bien. Como un reloj envuelto en una tela.

Pum. Pum. Pum.

Era un corazón. El corazón del viejo. Latía debajo del suelo.

Al principio, muy bajito. Pero crecía. Cada vez más fuerte. Pum. Pum. PUM.

Yo hablaba más alto, para taparlo. Movía la silla. Pero el sonido crecía y crecía.

Los policías seguían sonriendo, tranquilos, hablando. ¿No lo oían? ¡Imposible! Lo oían. ¡Claro que lo oían! Lo sabían todo. Y se reían de mí. Se reían de mi miedo.

No pude más. El corazón golpeaba dentro de mi cabeza. ¡Más fuerte! ¡Más fuerte!

—¡Basta! —grité—. ¡Fui yo! ¡Lo maté yo! ¡Levanten las tablas! ¡Aquí! ¡Es el corazón del viejo!

Vamos a recordar el final.

La policía viene a la casa. El narrador está muy tranquilo. Les habla, sonríe, y hasta se sienta encima del cuerpo escondido.

Pero entonces empieza a oír un sonido: pum, pum, pum. Un corazón, debajo del suelo. El corazón del viejo muerto.

El sonido crece y crece. El narrador está seguro de que la policía también lo oye, y de que se ríen de él.

Al final, no puede más. Grita, confiesa que él mató al viejo, y les enseña dónde está el cuerpo.

¿Y ese corazón? Quizás era el suyo. Quizás era su culpa, que no lo dejaba en paz.

Antes de despedirnos, algo sobre el autor.

Se llama Edgar Allan Poe. Fue un escritor estadounidense, y vivió de 1809 a 1849. Es uno de los grandes maestros del cuento de terror y de misterio. Muchos dicen que Poe inventó el cuento de detectives: esas historias donde alguien resuelve un crimen.

Poe tuvo una vida difícil y triste, y murió joven. Pero sus historias de miedo se siguen leyendo, y asustando, más de cien años después.

Y, sobre todo, gracias a ti.

Acabas de escuchar una historia de terror entera en español. Una historia con un ojo, un crimen y un corazón que no se calla. Y la has seguido en español, de principio a fin. Eso es un logro de verdad. Tu español crece con cada historia.

Si te ha gustado, tienes muchas más historias, en español claro y tranquilo, en stories.anicha.space. Cuentos para escuchar, aprender y disfrutar, poco a poco.

Y, para terminar, dos preguntas para pensar.

La primera. Nadie descubrió al narrador. Nadie oyó ningún corazón, solo él. Al final, se delató a sí mismo. ¿Por qué crees que confesó? ¿Fue el miedo? ¿O fue la culpa?

Y la segunda. A veces, cuando hacemos algo que está mal, algo dentro de nosotros no nos deja en paz, aunque nadie más lo sepa. ¿Tú crees en esa voz de dentro? ¿La has sentido alguna vez?

Gracias por escuchar. Hasta la próxima historia.