Cuentos Claros

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Margarita's Shirt

Ricardo Palma · retold in B1 Spanish

Season 31 of Cuentos para el oído · 3 episodes · about 7–8 minutes each

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1. Margarita y Luis

Lima, 1765. Margarita Pareja, hija de un hombre riquísimo, conoce en una fiesta a Luis Alcázar: guapo, con un apellido noble… y sin un céntimo. Se enamoran al instante, y Luis va a pedir su mano.

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Empezamos una historia nueva. Se llama "La camisa de Margarita". Una camisa, aquí, es una prenda de ropa muy fina. Y esa camisa, ya te lo digo, va a ser la mejor broma del cuento.

La escribió Ricardo Palma. Es un nombre de hombre. Palma era un escritor de Perú, y él inventó la tradición. Una tradición, aquí, es un cuento corto y divertido de la historia de Perú: medio verdad, medio cotilleo. El cotilleo es lo que la gente cuenta de otras personas, en voz baja y con mucho gusto.

La historia pasa en Lima. Lima es el nombre de una ciudad: la capital de Perú. Estamos en el año mil setecientos sesenta y cinco, en la época colonial, es decir, cuando Perú era parte de España. Una ciudad rica, con iglesias doradas y mucha, mucha gente hablando de los vecinos.

Hoy escucha dos cosas: quién es Margarita, y qué problema tiene el joven que se enamora de ella.

Antes de empezar, tres palabras útiles.

Primera: heredar. Heredar es recibir el dinero de alguien cuando esa persona muere. Si tu tío es muy rico y no tiene hijos, quizá un día heredas su casa y su dinero.

Segunda: pedir la mano. Pedir la mano de una chica es pedir permiso a su padre para casarse con ella. En aquella época era obligatorio. Primero se hablaba con el padre. Después, la boda.

Tercera: los modales. Los modales son la forma de comportarse: cómo saludas, cómo hablas, cómo te sientas a la mesa. Un joven con buenos modales gusta a todo el mundo. Aunque no tenga ni una moneda en el bolsillo.

En Lima, en el año mil setecientos sesenta y cinco, vivía una joven que se llamaba Margarita Pareja. Margarita es un nombre de mujer. Pareja es su apellido, el nombre de su familia.

Margarita era guapísima. Tenía unos ojos negros muy grandes. Cuando esos ojos miraban a un hombre, el pobre hombre se olvidaba de todo: de su nombre, de su casa y de su camino.

Su padre se llamaba don Raimundo. Era comerciante: compraba y vendía cosas, y ganaba mucho dinero. Era uno de los hombres más ricos e importantes de la ciudad.

Y tenía una sola hija.

¿Y qué pasa cuando un padre riquísimo tiene una sola hija? Pues pasa esto: que la niña consigue todo lo que quiere. Todo. Vestidos, joyas, caprichos. Un capricho es una cosa que quieres de repente, sin ninguna razón. Margarita era una niña muy mimada. Mimada significa que le daban siempre lo que pedía, y enseguida.

Pero era también alegre y simpática, y todo Lima la quería.

Y entonces llegó una fiesta religiosa: una fiesta de la iglesia, con música y procesión por las calles. Aquel día, toda la ciudad salió. Margarita también.

Paramos un momento. ¿Quién es Margarita Pareja?

Es una joven de Lima. Es muy guapa y muy mimada. Su padre, don Raimundo, es riquísimo y le da todo lo que ella pide.

Y hoy hay una fiesta en la ciudad. Margarita ha salido a la calle, con toda la gente. Escucha bien: allí va a conocer a alguien.

En la fiesta, entre toda esa gente, Margarita vio a un joven. Y el joven la vio a ella.

Se llamaba Luis Alcázar. Luis es un nombre de hombre, y Alcázar es su apellido. Era español, y acababa de llegar de España. Llevaba muy poco tiempo en Lima.

Luis era guapo. Muy guapo. Alto, moreno, elegante. Tenía buenos modales: saludaba bien, hablaba bien, sonreía bien. Y tenía un apellido noble, de familia antigua e importante.

Solo tenía un problema. Un problema pequeño y enorme a la vez: Luis no tenía dinero. Nada. Ni un real. El real era la moneda de aquella época. Luis era pobre, muy pobre, pero pobre con muy buena ropa.

Aunque tenía una esperanza. Una esperanza es algo que deseas para el futuro. Y su esperanza tenía nombre: don Honorato. Don Honorato era su tío, el hermano de su padre. Era viejo, era español, y era riquísimo. Un día, cuando el tío muriera, Luis iba a heredar todo aquel dinero. Un día. Quizá.

Mientras tanto, Luis vivía de esa idea. Y de poco más.

Aquella tarde, Margarita miró a Luis. Luis miró a Margarita. Y no hizo falta nada más. Los dos se enamoraron allí mismo, en un segundo, como en las canciones.

Luis se fue a su casa pensando una sola cosa: "Mañana voy a hablar con su padre. Voy a pedir la mano de Margarita."

Ay, Luis. Qué joven eras.

Vamos a recordar, con palabras simples.

Estamos en Lima, en la época colonial.

Margarita Pareja es joven, guapa y muy mimada. Su padre, don Raimundo, es riquísimo y le da todo.

En una fiesta religiosa, Margarita conoce a Luis Alcázar. Luis es español y acaba de llegar. Es guapo, tiene buenos modales y tiene un apellido noble. Pero no tiene dinero.

Luis espera heredar el dinero de su tío, don Honorato, un viejo muy rico. Pero eso es para el futuro. Hoy, Luis es pobre.

Margarita y Luis se enamoran enseguida.

Y Luis decide ir a hablar con don Raimundo, para pedir la mano de Margarita.

Has escuchado el primer episodio de "La camisa de Margarita", en español. Muy bien.

Ahora Luis va a hablar con don Raimundo. ¿Y qué le dice un padre riquísimo a un joven guapo y sin dinero? ¿Y qué va a decir el tío don Honorato cuando lo sepa?

En el próximo episodio empieza la guerra. Hasta la próxima.

Y una pregunta para pensar. Don Raimundo mira el dinero de Luis. Margarita mira sus ojos. ¿Y tú? Cuando conoces a alguien que te gusta, ¿qué miras primero?

2. El orgullo de dos padres

El padre dice que no. El tío rico de Luis, don Honorato, se ofende muchísimo y va diciendo cosas feas por todo Lima. Y ahora ninguno puede echarse atrás. Mientras tanto, Margarita deja de comer.

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Bienvenido al segundo episodio de "La camisa de Margarita". Vamos a recordar lo importante.

Estamos en Lima, la capital de Perú, en el año 1765. Una ciudad rica, llena de fiestas y de vecinos a los que les encanta hablar.

En el episodio anterior conocimos a Margarita Pareja, la hija más querida de la ciudad. Y a Luis Alcázar, un joven español recién llegado: elegante, simpático y sin un solo real en el bolsillo. Los dos se enamoraron en una fiesta.

Y Luis tomó una decisión valiente: va a pedir su mano al padre de Margarita.

Hoy escucha dos cosas. Qué contesta el padre. Y por qué contesta eso de verdad.

Antes de seguir, tres palabras útiles.

Primera: el orgullo. El orgullo es cuando alguien no quiere quedar mal delante de los demás. Una persona orgullosa prefiere sufrir antes que pedir perdón. Aquí el orgullo manda más que el amor.

Segunda: un yerno. Un yerno es el marido de tu hija.

Y tercera: una monja. Una monja es una mujer que se dedica a la religión y no se casa. En aquella época, una chica que no podía casarse con el hombre que quería a veces decía: pues entonces, monja.

Luis se puso su mejor ropa. Se peinó tres veces. Y fue a la casa de don Raimundo.

Habló muy bien. Dijo que quería a Margarita y que deseaba casarse.

Don Raimundo lo escuchó con una sonrisa amable. Y contestó con muchísima educación:

— Mi hija es todavía muy joven. Margarita tiene dieciocho años. Es una niña. Vuelva usted dentro de unos años, joven.

Muy fino, ¿verdad? Pues era mentira.

Porque en Lima había chicas de dieciséis años ya casadas. La edad no era el problema. El problema tenía forma de dinero.

Luis era pobre. Muy pobre. Tenía un apellido bonito, una capa bonita y nada más. Y don Raimundo no quería un yerno sin fortuna. Lo quería con casas, con tierras, con oro.

Esa misma noche se lo dijo a un amigo, en voz baja:

— El chico me cae bien. Pero no tiene nada. ¡Nada!

Y el amigo se lo contó a otro, y ese otro a su mujer, y su mujer a media ciudad. Porque en Lima un secreto duraba lo que dura un vaso de agua en verano.

Paramos un momento. ¿Por qué dice don Raimundo que no?

Da una razón bonita: Margarita es muy joven. Pero no es la razón verdadera.

La verdadera es el dinero. Luis no tiene nada, y don Raimundo no quiere un yerno pobre.

Una razón para decirla en voz alta, y otra para pensarla en silencio. Pero en esta ciudad, lo que se piensa se sabe igual.

La noticia llegó, claro, a los oídos de don Honorato, el tío rico de Luis.

Y aquí empieza lo bueno. Porque si don Raimundo era orgulloso, don Honorato era el orgullo en persona: un viejo aragonés, duro como una piedra.

Se puso rojo. Dio golpes en la mesa.

— ¿Que dicen que no? ¿A mi sobrino? ¿A un Alcázar? ¿Como si mi familia no fuera bastante buena para ellos?

Y salió a la calle a contarlo. Habló en la plaza, en la iglesia, en casa de sus amigos. Y dijo cosas feísimas de Margarita y de su familia: que eran unos presumidos y unos tacaños.

En dos días, toda Lima estaba mirando. Y ya nadie podía dar marcha atrás. Si cedía don Raimundo, quedaba mal. Si cedía don Honorato, quedaba peor. Los dos padres, muy dignos, cada uno en su casa, esperando que el otro se rindiera primero.

Mientras tanto, en aquella casa tan rica, había una chica que no comía.

Margarita dejó el pan en el plato. Dejó la fruta y la sopa. Lloraba de día y de noche. Empezó a adelgazar. Adelgazar es perder peso, ponerse más y más delgada. En pocas semanas estaba pálida y flaca.

Y decía siempre lo mismo, con una voz tranquila que daba miedo:

— O me caso con Luis, o me muero. Y si no me muero, me hago monja.

Llamaron a los médicos. Vinieron dos, muy serios. La miraron y después buscaron al padre.

— Escúchenos bien. Esto ya no es un capricho de niña. Su hija se está apagando de verdad. Si esto sigue así, la perderá usted.

Y por primera vez en su vida, don Raimundo, el hombre que nunca pedía nada a nadie, sintió miedo.

Vamos a recordar, con palabras simples.

Luis pide la mano de Margarita. Don Raimundo dice que no, con mucha educación: mi hija es muy joven. Pero la verdad es otra: Luis es pobre, y don Raimundo no quiere un yerno sin dinero.

La noticia llega a don Honorato, el tío de Luis. El viejo se enfada muchísimo y va por Lima diciendo cosas feas de la familia de Margarita. Ahora ninguno de los dos padres puede ceder, porque los dos quedarían mal.

Y Margarita deja de comer. Llora, adelgaza, se pone pálida. Dice que se muere o se hace monja. Los médicos avisan a su padre: la chica está en peligro de verdad. Y don Raimundo, por fin, tiene miedo.

Has escuchado el segundo episodio de "La camisa de Margarita". Muy bien: otro episodio entero en español. En el próximo, el último, don Raimundo hace algo que nunca ha hecho: pedir un favor. ¿Y qué condición le va a poner el viejo don Honorato? Prepárate: es muy dura. Y prepárate también para la venganza más elegante de todo Perú. Hasta la próxima.

Y una pregunta para pensar. Aquí nadie quiere ceder, porque todos tienen miedo de quedar mal. ¿Y tú? ¿Alguna vez has seguido enfadado con alguien solo por orgullo, cuando ya querías hacer las paces?

3. Ni un alfiler · finale

Aterrado por su hija, don Raimundo va a suplicar. Don Honorato acepta la boda con una condición brutal: que jure que no le dará a Margarita ni un alfiler. Don Raimundo lo jura… y cumple su palabra de una forma genial. Más un cierre sobre Ricardo Palma.

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Bienvenido al tercer y último episodio de "La camisa de Margarita".

Recordamos dónde estamos. Lima, año 1765. Margarita Pareja quiere casarse con Luis Alcázar, un joven español guapo y pobre. Pero hay dos orgullos por medio. Don Raimundo, el padre de Margarita, dijo que no. Y don Honorato, el tío de Luis, se ofendió y habló mal de la familia por toda la ciudad.

Margarita, mientras tanto, no come y se está poniendo muy enferma.

Hoy termina la historia. Y termina con una broma preciosa. Escucha bien: qué regalo le hace don Raimundo a su hija el día de la boda.

Antes de empezar, tres palabras para hoy.

La primera: la dote. La dote era el dinero que una familia daba con la novia al casarse. Podía ser mucho dinero.

La segunda: un alfiler. Un alfiler es una aguja pequeña, de metal, para sujetar la tela. Es la cosa más pequeña y más barata que existe. "Ni un alfiler" quiere decir: absolutamente nada.

Y la tercera: jurar. Jurar es prometer algo muy en serio, delante de Dios y con toda tu honra. Una promesa así no se rompía nunca.

Son el corazón del chiste de hoy.

Don Raimundo mira a su hija en la cama, blanca y muy delgada. El médico habla claro: o se casa con Luis, o se muere.

Y entonces don Raimundo hace algo que nunca pensó hacer. Se pone su mejor traje y va, él mismo, a pedirle un favor al hombre que lo ha insultado por toda Lima.

Llama a la puerta de don Honorato y habla sin rodeos.

— Vengo por mi hija. Se está muriendo. Quiere a su sobrino Luis. Le pido que permita la boda.

Don Honorato lo escucha muy despacio. Y disfruta cada segundo. Un hombre tan orgulloso no recibe un regalo así todos los días.

— Pues yo no quiero — dice al principio.

Luis le suplica a su tío. El viejo mira a los dos. Y habla.

— Está bien. Habrá boda. Pero con una condición, y usted me la va a jurar aquí mismo. Usted no le va a dar nada a su hija. Nada de dote. Ni un real, ni un mueble. Ni un alfiler. Saldrá de su casa con la ropa que lleva puesta, y con nada más.

Don Raimundo piensa en Margarita, blanca en la cama.

Y jura. Delante de Dios, y por su honra.

Vamos a parar un momento.

¿Qué ha pasado? Don Raimundo ha bajado la cabeza. Ha ido a pedir la boda, y don Honorato ha dicho que sí. Pero con una condición muy dura: Margarita no recibirá nada de su padre. Ni un alfiler. Solo la ropa que lleva puesta.

Y don Raimundo lo ha jurado.

Ahora escucha con atención. Porque a los padres que quieren mucho a sus hijas se les ocurren ideas.

La boda se celebra. Margarita come otra vez, ríe otra vez, y está guapísima.

Y esa mañana don Raimundo le entrega a su hija un solo regalo. Su camisa de novia. La camisa era la prenda fina que la novia llevaba debajo del vestido. Es ropa. Y la ropa que la novia lleva puesta no cuenta, ¿verdad?

Pero mira bien esa camisa.

Está cubierta de encaje de Flandes. El encaje es una tela fina y decorada, carísima. Y Flandes, una región del norte de Europa, hacía el mejor encaje del mundo.

Y hay más. El cordón que cierra la camisa no es un cordón normal. Es una cuerda de diamantes. Diamantes de verdad, uno detrás de otro. Esa camisa vale una fortuna: mucho más de lo que habría valido la dote entera.

¿Entiendes el chiste? Don Raimundo cumplió su palabra exactamente. No dio dinero. No dio ni un alfiler. Solo dio una camisa. Cumplió la promesa palabra por palabra, y la rompió por completo.

Don Honorato nunca se enteró. Murió convencido de que había ganado él.

Y en Lima, durante cien años, cuando algo era escandalosamente caro, la gente decía la misma frase:

"Esto es más caro que la camisa de Margarita Pareja."

Vamos a recordar la historia entera.

Margarita Pareja se enamoró de Luis Alcázar, un joven guapo, elegante y pobre.

Su padre dijo que no. El tío de Luis se ofendió y habló mal de la familia. Ninguno de los dos quería ceder.

Margarita casi se muere de pena. Su padre, con miedo, fue a pedir la boda. Y juró no darle nada a su hija. Ni un alfiler.

Y luego le regaló una camisa de encaje de Flandes, con un cordón de diamantes.

Es la venganza más elegante de la historia de Lima. Sin gritos. Solo una camisa, y una sonrisa.

Y ahora, algo interesante sobre el autor.

Se llama Ricardo Palma. Fue un escritor peruano y vivió de 1833 a 1919.

Palma inventó un tipo de cuento nuevo: la tradición. Es una historia corta y divertida, que mezcla historia real con chismes, con cosas que la gente contaba. Escribió cientos.

Y hizo otra cosa muy grande. Después de una guerra, la Biblioteca Nacional del Perú quedó destruida. Palma la reconstruyó, libro a libro, pidiéndolos por carta a medio mundo. Por eso lo llamaban "el bibliotecario mendigo": el bibliotecario que pedía.

Y, sobre todo, gracias a ti.

Acabas de escuchar una historia entera en español. Tres episodios, de principio a fin. Una historia con amor, con orgullo y con un final muy listo. Y la has entendido en español. Eso es un logro de verdad.

Pronto llega otra historia, de otro país y de otra época.

Y si quieres escuchar más historias en español, tranquilo y claro, puedes ir a la página stories.anicha.space.

Hasta la próxima.

Y una última cosa: dos preguntas para pensar.

La primera. En esta historia, dos padres casi destruyen la vida de sus hijos por orgullo. Ninguno quería ser el primero en ceder. ¿Tú conoces un caso así? ¿Qué se necesita para bajar la cabeza primero?

Y la segunda. Don Raimundo cumplió su promesa palabra por palabra, y la rompió por completo. ¿Eso es cumplir, o es hacer trampa? Piénsalo un momento.

Gracias por escuchar.