The Bet
Anton Chekhov · retold in B1 Spanish
Season 22 of Cuentos para el oído · 4 episodes · about 7–8 minutes each
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https://feed.stories.anicha.space/feed.xml 1. La apuesta
En una fiesta se discute qué es peor: la pena de muerte o la cárcel para toda la vida. Un banquero rico dice una cosa; un abogado joven dice la contraria. Y hacen una apuesta enorme: quince años encerrado, a cambio de dos millones.
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Bienvenido a una nueva historia. Se llama "La apuesta". La escribió un escritor ruso. Se llama Antón Chéjov, y se dice "antón chéjov". Es un nombre, el nombre de una persona. Chéjov vivió hace más de cien años, y escribió cuentos cortos, tranquilos y muy profundos.
Esta historia empieza en una fiesta, hace quince años. La fiesta es en la casa de un hombre muy rico, un banquero. Un banquero es un hombre que trabaja con dinero, con mucho dinero.
En esa fiesta, los invitados hablan y discuten. Discutir es hablar con fuerza, cuando no estamos de acuerdo. Y esa noche discuten una pregunta muy difícil.
Escucha bien dos cosas. Primera: cuál es la pregunta que discuten. Segunda: qué promete el banquero al final de la noche.
Antes de empezar, tres palabras importantes.
Primera: una apuesta. Apostar es esto: dos personas dicen cosas contrarias, y quien acierta gana. Casi siempre se gana dinero. La historia entera es una apuesta.
Segunda: la pena de muerte. Es cuando un país decide matar a una persona por un crimen muy grave. La persona muere, y todo termina en un solo día.
Tercera: encerrado. Estar encerrado es estar dentro de un sitio y no poder salir. La puerta está cerrada. Nadie sale, nadie entra. En la cárcel, la gente vive encerrada muchos años.
Es una noche de otoño, hace quince años. En la casa del banquero hay una fiesta. Hay luz, hay comida, hay vino. Y hay muchos invitados: hombres inteligentes, profesores, escritores, periodistas.
Después de cenar, empiezan a hablar de un tema serio. Hablan de la pena de muerte. Y hacen una pregunta difícil:
¿Qué es peor? ¿Matar a un hombre? ¿O encerrarlo para toda la vida?
Casi todos los invitados dicen lo mismo: los dos castigos son malos. Un castigo es lo que se hace a una persona cuando hace algo mal.
Pero el banquero no está de acuerdo. Él es rico, tiene cincuenta años y habla con mucha seguridad. Y dice:
— Yo no he vivido ninguna de las dos cosas. Pero, si tengo que elegir, elijo la pena de muerte. Morir de una vez es mejor. Estar encerrado es morir poco a poco, durante muchos años. Y morir despacio es peor que morir rápido.
Los invitados escuchan. Algunos dicen que sí. Otros no dicen nada.
Vamos a parar un momento. ¿Qué dice el banquero exactamente?
El banquero dice que la pena de muerte es mejor que la cárcel. ¿Por qué? Porque con la pena de muerte todo termina en un día. En cambio, el hombre encerrado sufre cada día, durante años y años. Para el banquero, eso es peor.
Recuerda esa idea. Alguien va a contestar.
Entre los invitados hay un joven. Tiene veinticinco años. Es abogado. Un abogado es una persona que estudia las leyes y que defiende a otros delante de un juez.
El joven abogado levanta la cabeza y dice:
— Yo no pienso así. Los dos castigos son malos. Pero, si tengo que elegir, elijo vivir. Vivir de cualquier manera, en cualquier sitio, en cualquier condición. Porque vivir es mejor que no vivir. La vida es la vida.
El banquero se ríe. Se ríe fuerte, y golpea la mesa con la mano.
— ¡Eso no es verdad! —dice—. Usted es joven y habla sin saber. ¿Quiere probarlo?
Y entonces, delante de todos, dice una locura:
— Le apuesto dos millones. Dos millones, si usted es capaz de vivir encerrado, completamente solo, durante quince años. Quince años sin salir. Sin ver a nadie. Sin hablar con nadie.
La sala se queda en silencio. Todos miran al joven.
Y el joven abogado contesta, tranquilo:
— Acepto. Quince años encerrado, sí. Acepto la apuesta.
El banquero le da la mano. Está muy contento, y también un poco borracho. Piensa: "Este chico va a perder. Y yo tengo dinero de sobra."
Esa noche, en la fiesta, nadie entiende bien lo que acaba de pasar. Pero la apuesta ya está hecha. Dos millones. Quince años. Un hombre solo, encerrado, sin nadie.
Vamos a recordar, con palabras simples.
Hace quince años, en la casa de un banquero rico, hay una fiesta. Los invitados discuten una pregunta difícil: ¿qué es peor, la pena de muerte o estar encerrado toda la vida?
El banquero dice: es mejor morir de una vez. Estar encerrado es morir muy despacio, cada día, durante años.
Un abogado joven, de veinticinco años, dice lo contrario: él elige vivir. Vivir de cualquier manera. Porque la vida es la vida.
Los dos discuten. Y el banquero hace una apuesta enorme: dos millones, si el joven puede vivir quince años encerrado y completamente solo.
El joven acepta.
Has escuchado el primer episodio de "La apuesta". ¡Muy bien! Has entendido una discusión difícil, en español. Y ahora empieza lo importante. Mañana se cierra la puerta, y empiezan los quince años. ¿Cómo va a vivir ese hombre, tan solo? ¿Qué va a pedir? En el próximo episodio lo vamos a ver. Hasta la próxima.
Y, para terminar, una pregunta para pensar. El joven dice que la vida siempre es mejor que la muerte. Siempre, en cualquier condición. ¿Tú piensas lo mismo? ¿O hay cosas que hacen que una vida ya no sea vida?
2. Los primeros años
El abogado vive encerrado en una casita del jardín. El primer año sufre de soledad; después lee los clásicos, aprende seis idiomas, estudia filosofía e historia. Fuera, el banquero lo observa, cada vez más inquieto.
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Bienvenido al segundo episodio de "La apuesta", la historia de Antón Chéjov.
Vamos a recordar lo importante. En una fiesta, un hombre muy rico, un banquero, discutió con un abogado joven. Un abogado es la persona que defiende a otras personas delante de un juez. El banquero decía que morir de golpe es mejor que vivir muchos años encerrado. El joven decía que no: que él prefería vivir, de cualquier manera.
Y así nació la apuesta. Una apuesta es esto: dos personas dicen cosas contrarias, y la que tiene razón gana dinero. El banquero prometió dos millones. El joven prometió quedarse encerrado, completamente solo, durante quince años.
Hoy empiezan esos quince años. Escucha bien una cosa: qué pide el joven, año tras año. Porque lo que pide nos dice cómo cambia por dentro.
Antes de seguir, tres palabras útiles.
Primera: la soledad. La soledad es estar solo, sin nadie, durante mucho tiempo. A veces la soledad es tranquila. A veces duele.
Segunda: los clásicos. Los clásicos son los libros grandes, los libros importantes, los que la gente sigue leyendo cien años después.
Tercera: un idioma. Un idioma es una lengua. El español es un idioma. El francés es otro. En este episodio, un hombre aprende seis.
En el jardín del banquero había una casa pequeña. Allí encerraron al abogado joven.
Las reglas eran claras, y los dos las aceptaron. El joven no podía salir de aquella casa. No podía ver a nadie. No podía oír una voz humana. Si salía, aunque fuera un minuto antes del final, perdía la apuesta y perdía el dinero.
Pero podía pedir cosas. Escribía en un papel lo que quería, y pasaba el papel por una ventana pequeña. Y se lo traían en silencio, sin hablar. Libros. Música. Vino. Tabaco. Papel para escribir cartas, aunque nadie iba a contestarlas.
Todo empezó a las doce de la noche, un día de noviembre.
El primer año fue el peor. Desde la casita salía el sonido del piano, a todas horas. El joven pedía novelas fáciles: historias de amor, historias de crímenes, libros para pasar el rato. No pidió vino. No pidió tabaco. Escribió que el vino despierta deseos, y que los deseos son el peor enemigo de un preso.
Se aburría. Sufría. La soledad le pesaba como una piedra encima del pecho.
Paramos un momento. ¿Por qué el joven no pide vino ni tabaco, si puede pedirlos?
Porque él ha elegido esto. Nadie lo obliga. Y sabe una cosa: si bebe vino, va a querer más. Va a querer salir. Entonces renuncia. Renunciar a algo es dejarlo a propósito, aunque puedas tenerlo. Renuncia para poder aguantar quince años.
El segundo año, el piano se calló.
Ya no pedía novelas fáciles. Pedía los clásicos: los libros grandes, los difíciles, los que hay que leer despacio.
En el quinto año volvió la música. Y volvió el vino. Pedía comida y bebida, y pasaba noches enteras escribiendo. Por la mañana rompía todos los papeles. Alguna noche, desde el jardín, se le oía llorar.
Y después llegó el cambio de verdad.
Empezó a estudiar idiomas. Pidió diccionarios, gramáticas, libros en otras lenguas. Estudió uno, y luego otro, y luego otro. En cuatro años aprendió seis idiomas. Un día mandó una carta al banquero, escrita en esos seis idiomas. Y pidió una cosa curiosa: que dispararan un tiro al aire, en el jardín, si no había ni un error. Dispararon el tiro. No había ni un error.
Luego pidió filosofía. La filosofía es pensar sobre las preguntas grandes de la vida: qué está bien, qué está mal, para qué vivimos. Luego pidió historia. Luego libros de ciencia: química, medicina, las estrellas. Pedía diez libros a la vez, y los devolvía leídos.
En los últimos años leía de todo, sin orden. Un año pidió el Evangelio, un libro pequeño, y lo leyó despacio durante meses. Después, libros de religión.
En quince años leyó cientos y cientos de libros.
El banquero, desde fuera, miraba por la ventana. Veía una espalda quieta y una vela encendida. Veía a un hombre que ya no era joven. Y cada año estaba más inquieto. Aquel hombre encerrado estaba ganando algo, y no era el dinero.
Vamos a recordar, con palabras simples.
El abogado joven vive encerrado en una casita, en el jardín del banquero. No puede salir. No puede hablar con nadie. Pero puede pedir por escrito lo que quiera.
El primer año sufre mucho. Toca el piano y lee novelas fáciles. No quiere vino ni tabaco.
El segundo año deja las novelas y lee los clásicos.
Después estudia idiomas: seis en cuatro años. Después, filosofía, historia y ciencia. Lee cientos de libros.
El banquero lo mira desde el jardín, año tras año. Y no está tranquilo.
Has escuchado el segundo episodio de "La apuesta". Los quince años ya casi han terminado. Pero, fuera de esa casita, algo también ha cambiado: el banquero ya no es el hombre rico de aquella fiesta. ¿Podrá pagar los dos millones? ¿Y qué está dispuesto a hacer para no pagarlos? En el próximo episodio lo vemos. Hasta la próxima.
Y una pregunta para pensar. El joven eligió quedarse solo quince años, con libros. Y tú, si tuvieras un año entero solo, sin nadie, ¿qué pedirías primero?
3. El banquero arruinado
Faltan horas para el final de los quince años. Pero el banquero lo ha perdido todo, y pagar ahora lo arruinaría. Una idea terrible crece en él. En plena tormenta, coge la llave y sale hacia la casita del jardín.
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Bienvenido al tercer episodio de "La apuesta".
Vamos a recordar la historia. Hace quince años, en una fiesta, un hombre muy rico, un banquero, hizo una apuesta con un abogado joven. Una apuesta es esto: dos personas dicen cosas contrarias, y la que tiene razón gana dinero. El banquero decía que estar encerrado muchos años es peor que morir. El joven decía que no. Y aceptó vivir quince años solo, encerrado en una casita del jardín, sin hablar con nadie. Si lo conseguía, ganaba dos millones.
El joven ha vivido allí quince años. Ha leído miles de libros. Ha aprendido seis idiomas. Ha estudiado filosofía e historia. Casi ha terminado.
Pero hoy no vamos a mirar al abogado. Hoy vamos a mirar al otro hombre: al banquero.
Escucha bien dos cosas. Primera: qué ha pasado con el dinero del banquero en estos quince años. Y segunda: qué pensamiento terrible le entra en la cabeza la última noche.
Antes de seguir, tres palabras útiles.
Primera: arruinado. Un hombre arruinado es un hombre que lo ha perdido todo. Antes tenía mucho dinero; ahora no tiene nada.
Segunda: una deuda. Una deuda es dinero que tú debes a otra persona. Si pides dinero y no lo devuelves, tienes una deuda.
Y tercera: la tormenta. Una tormenta es una noche de mucho viento y mucha lluvia. El agua golpea las ventanas y los árboles se mueven como locos.
Faltaba muy poco. Mañana, a las doce, se cumplían los quince años.
Esa noche el banquero no podía dormir. Andaba de un lado a otro por su despacho, solo, con una vela en la mano. Y pensaba en aquella fiesta de hace quince años.
Entonces era un hombre rico. Muy rico. Dos millones no eran nada para él. Podía perderlos y reírse.
Pero el dinero se fue. Hizo negocios malos. Compró y vendió cosas que no debía comprar. Gastó demasiado y sin pensar. Y, poco a poco, las deudas crecieron. Ahora, dentro de aquella casa tan grande, ya casi no quedaba nada: papeles, deudas y miedo.
—Qué apuesta más tonta —decía en voz baja—. ¿Por qué la hice?
Ya no era un hombre joven. Tenía el pelo blanco y las manos débiles. Mañana el abogado saldría de la casita del jardín. Saldría tranquilo, cogería sus dos millones y se iría a vivir. Y él, el banquero, se quedaría arruinado. Sin casa. Sin dinero. Un viejo pobre entre hombres a los que debía dinero.
Se sentó. Se tapó la cara con las manos.
Vamos a parar un momento. ¿Por qué tiene tanto miedo el banquero?
Hace quince años era rico y la apuesta le parecía un juego. Pero en estos quince años lo ha perdido casi todo. Ahora tiene deudas. Y mañana, a las doce, tiene que pagar dos millones. Si paga, se queda sin nada.
Y entonces llegó el pensamiento.
Llegó despacio, como un animal que entra por una puerta abierta.
—Si ese hombre se muriera antes de las doce, yo no tendría que pagar nada.
El banquero se levantó de golpe. Quiso echar fuera esa idea. Le daba asco pensarla. Pero la idea volvió. Volvió otra vez, y otra vez más.
Eran las tres de la mañana. Fuera había una tormenta. El viento gritaba entre los árboles. La lluvia golpeaba las ventanas. En la casa todos dormían.
El banquero abrió su caja fuerte y sacó una llave: la llave de la casita del jardín. No la había tocado en quince años. Estaba fría.
Se puso un abrigo y salió.
El jardín estaba negro y mojado. La lluvia le entraba por el cuello. Llamó dos veces al guarda, el hombre que vigila la casa por la noche. Nadie contestó. El guarda se había escondido de la lluvia en la cocina.
"Mejor", pensó el banquero. "Nadie me ha visto. Y mañana, si pasa algo, pensarán que fue él."
Y, al pensar eso, sintió vergüenza. Una vergüenza caliente y fea. Él había sido un hombre honrado. Un hombre que daba la mano y cumplía su palabra. Pero siguió andando.
Llegó a la casita. Los pies le pesaban. Las manos le temblaban. Iba a hacerlo mientras el otro dormía.
Puso la llave en la cerradura. Entonces vio una luz pequeña en la ventana.
Se acercó, muy despacio. Y miró dentro.
Vamos a recordar, con palabras simples.
Han pasado casi quince años. El abogado sigue encerrado en la casita del jardín. Pero el banquero ya no es rico. Ha hecho malos negocios, ha gastado mucho y ahora tiene muchas deudas. Está viejo y tiene miedo.
Mañana, a las doce, tiene que pagar dos millones. Si paga, se queda arruinado: sin dinero y sin casa.
Entonces le entra un pensamiento terrible: si el abogado se muere antes de mañana, él no paga nada.
Es de noche. Hay una tormenta. El banquero coge la llave, cruza el jardín mojado y llega a la casita. Siente vergüenza, pero no se para.
Y mira por la ventana.
Muy bien. Has escuchado un episodio difícil, entero, en español. Y aquí lo dejamos, con el banquero delante de la ventana.
¿Qué va a ver dentro? ¿Y qué hay encima de la mesa, al lado del hombre que duerme?
En el próximo episodio, el último, lo sabemos todo. Hasta la próxima.
Y una pregunta para pensar.
El banquero siente vergüenza, pero sigue andando.
¿A ti te ha pasado algo así? ¿Has hecho alguna vez algo sabiendo, por dentro, que no estaba bien?
4. La carta · finale
Por la ventana ve a un hombre envejecido, y sobre la mesa una carta. Lo que dice esa carta deja al banquero llorando de vergüenza. Más un cierre sobre Antón Chéjov.
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Bienvenido al cuarto y último episodio de "La apuesta".
Recordamos la historia. Hace quince años, un banquero muy rico y un abogado joven hicieron una apuesta. El abogado prometió vivir quince años encerrado, completamente solo. Si lo conseguía, ganaba dos millones.
Ahora faltan pocas horas. Pero el banquero ya no es rico. Ha perdido casi todo. Y esta noche, bajo la tormenta, ha salido al jardín con una idea terrible en la cabeza.
Hoy se cierra la historia. Escucha bien una cosa: qué hay sobre la mesa, al lado del hombre dormido.
Antes de empezar, tres palabras.
Primera: despreciar. Despreciar algo es pensar que esa cosa no vale nada. Que no sirve, que no importa. En este episodio, un hombre desprecia el dinero y muchas cosas más.
Segunda: renunciar. Renunciar es dejar algo a propósito, cuando podrías tenerlo. Nadie te obliga. Tú decides no cogerlo.
Tercera: la caja fuerte. Es una caja de metal, dura y pesada, con una cerradura secreta. La gente rica guarda dentro el dinero y los papeles importantes.
La lluvia cae con fuerza. El banquero llega a la casita del jardín. Todo está oscuro y en silencio.
Se acerca a la ventana pequeña y mira dentro.
Hay una vela encendida sobre la mesa. Y allí, sentado, hay un hombre. El banquero lo mira y no lo reconoce.
Porque no es un joven. Es un hombre muy delgado, con la piel amarilla y el pelo largo y gris. Tiene cara de viejo. Y, sin embargo, solo tiene cuarenta años.
Los quince años lo han gastado como gastan cincuenta.
Está dormido, con la cabeza sobre los brazos. No se oye nada, solo la lluvia en el cristal.
El banquero abre la puerta muy despacio. El hombre no se mueve. Y entonces el banquero ve, sobre la mesa, una hoja de papel escrita.
Es una carta.
La coge con las manos temblando. Y, de pie en la oscuridad, empieza a leer.
Vamos a parar un momento. ¿Qué está pasando aquí?
El banquero ha venido a hacer algo terrible. Pero, antes, encuentra una carta sobre la mesa. Y se para a leerla.
En esa carta, el abogado explica qué han sido para él estos quince años. Vamos a escucharla.
La carta dice así:
"En estos quince años no he salido de esta habitación. Pero he visto el mundo entero. En los libros he subido montañas altísimas. He visto salir el sol sobre el mar. He amado. He hablado con los hombres más sabios de la historia. En los libros he visto a Dios.
He vivido más aquí dentro que muchos hombres ahí fuera.
Y por eso mismo desprecio todo lo que la gente quiere. Desprecio el dinero. Desprecio la comodidad, la belleza, la salud, la vida. Todo pasa. Todo desaparece como el humo. La gente lucha por cosas que mañana no serán nada.
Y, para demostrarle que digo la verdad, voy a hacer una cosa. Voy a salir de aquí cinco horas antes de la hora final. Así rompo la apuesta. Así pierdo los dos millones, a propósito. Renuncio a ellos."
El banquero deja la carta sobre la mesa. Nunca en su vida ha sentido tanta vergüenza.
Se acerca al hombre dormido y le da un beso en la cabeza. Después sale. Y vuelve a casa llorando bajo la lluvia.
Por la mañana, los guardias entran corriendo, asustados. Dicen que el prisionero ha salido por la ventana, ha cruzado el jardín y se ha ido. Nadie sabe adónde.
El banquero va a la casita. Coge la carta. Vuelve a su despacho y la guarda en la caja fuerte. Cierra con llave.
Y no dice nada a nadie.
Vamos a recordar el final, y un poco de toda la historia.
Hace quince años, en una fiesta, un banquero dijo que morir era mejor que vivir encerrado. Un abogado joven dijo que no. Y apostaron dos millones.
El abogado pasó quince años solo, con sus libros. Leyó novelas, aprendió idiomas, estudió filosofía, historia y religión.
El banquero, mientras tanto, perdió su fortuna. La última noche salió al jardín con una idea terrible.
Pero encontró una carta. En la carta, el abogado decía que los libros le habían dado el mundo entero. Y que ahora lo despreciaba todo: el dinero, la comodidad, la vida misma.
Por eso salió cinco horas antes. Perdió la apuesta a propósito.
El banquero lloró de vergüenza. Y guardó la carta en su caja fuerte.
Antes de despedirnos, algo sobre el autor de esta historia.
Se llama Antón Chéjov. Fue un escritor ruso. Nació en 1860 y murió en 1904, muy joven, con cuarenta y cuatro años.
Chéjov es uno de los grandes maestros del cuento corto y del teatro. Sus obras se representan hoy en todo el mundo.
Y hay algo curioso: Chéjov también era médico. Nunca dejó la medicina. Curaba a enfermos, muchas veces gratis, y escribía por las noches.
Y, sobre todo, gracias a ti.
Acabas de escuchar una historia entera en español. Cuatro episodios, con una pregunta grande dentro: ¿qué vale de verdad en la vida? Y la has seguido en español, de principio a fin. Eso es un logro. Tu español ha crecido con cada episodio.
Si te ha gustado, tienes más historias como esta, en español claro y tranquilo, en stories.anicha.space. Cuentos para escuchar sin prisa, poco a poco.
Hasta la próxima.
Y, para terminar, dos preguntas para pensar.
La primera. El abogado renunció a dos millones. Para él ya no valían nada. Piensa un momento en tu vida: ¿qué cosas tienen valor de verdad para ti? ¿Y cuáles solo lo parecen?
Y la segunda. El joven que entró en aquella habitación y el hombre que salió eran la misma persona. Pero no eran iguales. ¿Crees que quince años pueden cambiar a una persona por dentro?
Gracias por escuchar. Hasta la próxima historia.