Cuentos Claros

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The Bourgeois King

Rubén Darío · retold in B1 Spanish

Season 23 of Cuentos para el oído · 3 episodes · about 7–8 minutes each

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1. El rey y su palacio

Un rey riquísimo, un palacio con cisnes y jardines, salas llenas de objetos bellos traídos de todas partes. Dice que ama el arte, y compra muchísimo arte. Pero nunca lo mira de verdad. Y se aburre.

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Bienvenido a una nueva historia. Es una historia sobre un rey muy rico, sobre un palacio lleno de cosas bonitas, y sobre un poeta que tiene hambre.

La escribió Rubén Darío. Rubén Darío es un nombre de hombre. Es un poeta de Nicaragua, un país de América. Darío escribió esta historia hace mucho tiempo, en el año mil ochocientos ochenta y ocho. Escribía con palabras hermosas y difíciles. Nosotros vamos a contarla con palabras simples.

La historia se llama "El rey burgués". Burgués es la palabra importante de hoy. Un burgués es una persona rica que se preocupa sobre todo por el dinero y por las apariencias. Las apariencias son lo que la gente ve desde fuera.

Hoy conocemos al rey y su palacio. Escucha bien dos cosas: qué guarda el rey en su palacio, y por qué, con tantas cosas bonitas, este rey no es feliz.

Antes de empezar, tres palabras útiles.

Primera: un palacio. Un palacio es una casa enorme donde vive un rey. Tiene muchas habitaciones y jardines grandes. Es una casa hecha para impresionar.

Segunda: un cisne. Un cisne es un pájaro grande y blanco que vive en el agua. Tiene el cuello muy largo y nada despacio, con mucha elegancia. En el jardín del rey hay un lago con cisnes blancos.

Tercera: el arte. El arte son los cuadros, la música, las estatuas, los poemas. Todo lo que una persona crea para decir algo hermoso o verdadero. Y un artista es la persona que hace arte. Nuestro rey dice que ama el arte. Escucha bien esa palabra, porque toda la historia está dentro de ella.

Había una vez un rey muy rico.

Era un rey grande y gordo, con las manos llenas de anillos de oro. Estaba muy contento consigo mismo. Cuando pasaba delante de un espejo, se paraba, se miraba y sonreía.

Su palacio era enorme.

Fuera había jardines. Flores de muchos colores, caminos de piedra blanca, árboles cortados en formas raras: un árbol como una bola, otro árbol como un pájaro. Y fuentes con agua que subía y bajaba todo el día.

En medio del jardín había un lago. En el lago nadaban cisnes blancos. Nadaban despacio, en círculos, con el cuello largo y curvado. Eran muy bonitos. Nadie los miraba nunca.

Dentro del palacio había habitación tras habitación. Y cada habitación estaba llena de cosas.

Cuadros en todas las paredes: bosques, mares, mujeres bellas. Estatuas de piedra blanca en los rincones. Alfombras de Persia, muy suaves. Platos de China, azules y finos como el papel. Jaulas de oro con pájaros dentro, pájaros verdes y rojos de países cálidos.

Y oro. Oro en las sillas, oro en las puertas, oro en el techo. Cuando entraba el sol, todo el palacio brillaba.

Vamos a parar un momento.

¿Cómo es el palacio del rey? Es enorme y está lleno de cosas caras. Fuera: jardines, fuentes y un lago con cisnes blancos. Dentro: cuadros, estatuas, alfombras, pájaros en jaulas de oro. Y oro por todas partes.

El rey compró todo esto. Ahora escucha bien, porque aquí llega el problema de nuestro rey.

El rey decía siempre la misma frase:

— Yo amo el arte.

Y compraba mucho. Llegaba un hombre con un cuadro y el rey pagaba. Traían el cuadro al palacio, lo ponían en una sala, y ya está.

Porque el rey no miraba nunca sus cosas. Nunca de verdad.

Pasaba delante de un cuadro y no se paraba. Pasaba al lado del lago y no veía los cisnes. Los pájaros cantaban en sus jaulas de oro y él no escuchaba. Para el rey, todo aquello era decoración. Era como los muebles: una mesa, una silla, un cuadro. Cosas caras que dicen a los visitantes: "el dueño de esta casa es un hombre importante".

Alrededor del rey vivían los cortesanos. Los cortesanos son las personas que viven con el rey en el palacio y siempre le dan la razón. Dar la razón a alguien es decirle que sí, aunque no sea verdad.

Si el rey decía "este cuadro es magnífico", ellos decían: "magnífico, majestad". Y si después decía "este cuadro es horrible", ellos decían: "horrible, majestad, horrible". Nadie le decía nunca que no.

Y entonces, ¿el rey era feliz?

No. El rey se aburría. Tenía todo, y cada día era igual al día anterior.

Por eso vivía buscando algo nuevo. Una cosa rara, un animal extraño, un juguete que nadie tuviera. Algo para divertirse un rato.

Y aquella mañana, sentado en su silla de oro, el rey esperaba. Esperaba que alguien le trajera algo nuevo.

Vamos a recordar, con palabras simples.

Hay un rey muy rico. Es un rey burgués: le importan el dinero y las apariencias.

Su palacio es enorme. Fuera hay jardines y un lago con cisnes blancos. Dentro hay cuadros, estatuas, alfombras, pájaros en jaulas de oro, y oro por todas partes.

El rey dice: "yo amo el arte". Y compra muchísimo arte. Pero no mira nunca nada. Para él, el arte es decoración, como los muebles.

Con él viven los cortesanos, que siempre le dan la razón.

Y el rey se aburre. Busca siempre algo nuevo. Hoy lo dejamos así: sentado, esperando.

Muy bien. Has escuchado el primer episodio de "El rey burgués", en español. El rey espera algo nuevo. Y en el próximo episodio llega alguien al palacio: un hombre joven, delgado, con hambre y con la ropa vieja. Es un poeta. ¿Qué le va a decir al rey? Hasta la próxima.

Y una pregunta para pensar. El rey tiene mil cosas hermosas en su casa. Pero no mira ninguna. Y tú, ¿tienes algo bonito muy cerca, en tu casa o en tu calle, que ya no miras nunca?

2. El poeta habla

Un día le traen algo nuevo: un poeta, delgado y hambriento. Y el poeta habla con el corazón: el arte no es un adorno que se compra, es algo vivo, es verdad, es futuro. El rey no entiende nada. Los cortesanos se ríen.

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Bienvenido al segundo episodio de "El rey burgués".

Vamos a recordar lo importante. Hay un rey muy rico. Vive en un palacio enorme, con jardines y con un lago con cisnes blancos. Dentro hay cuadros, oro, pájaros en jaulas y cosas bonitas traídas de todo el mundo.

El rey dice que le gusta el arte, y compra mucho arte. Pero nunca mira nada de verdad. A su lado están los cortesanos: las personas que viven con él en el palacio y siempre le dan la razón. Y el rey se aburre. Siempre busca algo nuevo.

Hoy le traen algo nuevo. No es un cuadro. Es una persona.

Escucha bien dos cosas: qué dice esa persona sobre el arte, y si el rey lo entiende o no.

Antes de seguir, tres palabras útiles.

Primera: un poeta. Un poeta es una persona que escribe poesía. La poesía son palabras escritas con mucho cuidado, para decir algo hermoso o algo verdadero. A veces la poesía se canta.

Segunda: un adorno. Un adorno es una cosa bonita que solo sirve para decorar. Se pone en un rincón, o encima de una mesa, y ya está. Es bonita, pero no hace nada más.

Tercera: tener hambre. Tener hambre es necesitar comida. Si no comes en todo el día, tienes hambre. El hombre de hoy tiene hambre de verdad.

Una mañana, los cortesanos entran corriendo en la sala del rey.

— Señor, tenemos algo nuevo. Algo que usted no tiene todavía.

El rey levanta la cabeza. Está aburrido, como siempre.

— Enseñádmelo.

Entonces entra un hombre joven. Está muy delgado. La ropa es vieja y le queda grande. Los zapatos están rotos. Se ve que tiene hambre, que hace mucho tiempo que no come bien.

Pero camina recto, y mira al rey a los ojos. Eso no lo hace nadie en ese palacio.

El rey lo mira de arriba abajo, como mira sus cuadros y sus pájaros.

— ¿Y esto qué es? —pregunta—. ¿Qué eres tú?

El hombre contesta con voz tranquila:

— Señor, soy poeta.

El rey se gira hacia los cortesanos. Ellos sonríen y no dicen nada. El rey vuelve a mirar al hombre delgado.

— Poeta —repite el rey—. Bien. ¿Y qué haces tú? ¿Para qué sirves?

Y el poeta respira hondo, y empieza a hablar.

Vamos a parar un momento.

¿Quién ha llegado al palacio? Un hombre joven, delgado, con la ropa vieja. Tiene hambre. Es poeta.

¿Y qué le pregunta el rey? Le hace dos preguntas: "¿Qué eres tú?" y "¿Para qué sirves?".

Ahora el poeta va a contestar. Va a hablar con todo el corazón. Escucha lo que dice sobre el arte.

— Señor —dice el poeta—, yo canto.

Habla en voz baja, pero no tiene miedo.

— Usted tiene esta casa llena de cosas hermosas. Pero, señor, el arte no es un adorno. No es una cosa bonita que se compra y se pone en un rincón. El arte está vivo. Respira, como usted y como yo.

— El arte dice la verdad. También cuando la verdad duele. Un cuadro que solo decora una pared no dice nada. Yo quiero decir algo.

— Yo he dormido en la calle —sigue—. He tenido hambre muchas noches. Y aun así he cantado. Porque no canto para mí. Canto para la gente: para los que trabajan, para los que están cansados, para los que no tienen nada.

Y entonces levanta la cabeza, y la voz le cambia.

— Y canto para el futuro: para el tiempo que todavía no ha llegado, para los que van a vivir después de nosotros. Yo los veo, señor. Viene una luz nueva, como cuando sale el sol muy temprano y todo el campo empieza a brillar. Déjeme un sitio en su casa y yo cantaré esa luz.

Silencio en la sala.

El rey mira al poeta igual que mira un animal raro. No ha entendido nada. Ni una palabra.

— ¿Qué ha dicho? —pregunta el rey a los cortesanos.

Y los cortesanos se ríen. Se ríen de su ropa vieja, de sus zapatos rotos, de su luz y de su futuro.

— Señor, esto no sirve para nada —dice uno.

— Son solo palabras —dice otro.

Y un tercero se acerca al rey, sonriendo, y dice en voz baja:

— Pero, señor, si quiere quedarse en el palacio, podemos darle algo útil que hacer.

El rey se queda pensando. Y, por primera vez en mucho tiempo, sonríe.

Vamos a recordar, con palabras simples.

Los cortesanos traen al rey algo nuevo: un hombre joven. Está delgado, tiene la ropa vieja y tiene hambre. Es poeta.

El rey le pregunta: "¿Para qué sirves?".

Y el poeta habla. Dice que el arte no es un adorno para poner en un rincón. Dice que el arte está vivo y que dice la verdad. Dice que él canta para la gente que trabaja, y también para el futuro, para los que van a venir después.

El rey no entiende nada. Ni una palabra. Los cortesanos se ríen del poeta.

Y uno de ellos tiene una idea: darle algo "útil" que hacer.

Has escuchado el segundo episodio de "El rey burgués", entero, en español. Muy bien.

El poeta ha dicho lo más importante de su vida, y nadie lo ha entendido. Ahora el rey tiene que decidir. ¿Qué va a hacer con él? ¿Qué es ese trabajo "útil" que le van a dar? En el próximo episodio, el último, lo vamos a ver. Y también llega el invierno.

Hasta la próxima.

Y una pregunta para pensar.

El poeta hace algo que a otras personas les parece inútil. Inútil quiere decir que no sirve para nada.

¿Y tú? ¿Hay algo que haces porque lo amas, aunque alguien te diga que no sirve para nada?

3. La caja de música · finale

La decisión del rey: el poeta puede quedarse, en el jardín, dando vueltas a la manivela de una caja de música a cambio de pan. Y entonces llega el invierno. Más un cierre sobre Rubén Darío, padre del modernismo.

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Bienvenido al tercer y último episodio de "El rey burgués".

Recordamos la historia. Hay un rey muy rico, con un palacio lleno de cosas bonitas. Dice que ama el arte, pero no mira nada de verdad. Está aburrido. Y un día le traen algo nuevo: un poeta joven, delgado, con hambre.

El poeta le habla desde el corazón. El arte de verdad no es un adorno, dice. No es un juguete que se compra y se guarda en un rincón. El arte está vivo, y canta para el futuro.

El rey lo escucha y no entiende nada. Los cortesanos se ríen.

Hoy se cierra la historia. Escucha bien una cosa: qué decide el rey hacer con el poeta.

Antes de empezar, tres cosas.

Primera: una caja de música. Es una caja pequeña que toca música. Tiene un mango, y cuando das vueltas al mango, la caja toca una canción corta, siempre la misma.

Segunda: la manivela. La manivela es ese mango que das vueltas con la mano. Vuelta, y vuelta, y vuelta.

Y tercera: el invierno. El invierno es la estación fría del año, cuando cae la nieve. Cuando una persona pasa demasiado tiempo en ese frío, sin abrigo y sin comida, puede morir de frío. Morir de frío: el cuerpo se enfría, poco a poco, y se para.

El rey piensa un momento. Después sonríe, contento consigo mismo.

—Ya sé —dice—. Este hombre puede quedarse en el palacio. En el jardín. Allí tenemos una caja de música. Que le dé vueltas a la manivela todo el día. Así hace algo útil. Y, a cambio, le daremos pan para comer.

Los cortesanos aplauden. Les parece una idea excelente. Un poeta que trabaja: qué gracioso.

El poeta sale al jardín. Hace frío. Se pone al lado del lago, cerca de los cisnes blancos, y pone la mano en la manivela. Y da vueltas.

La caja toca su canción. Es una canción corta y alegre. Dura poco. Cuando termina, vuelve a empezar. La misma. Otra vez. Y otra vez.

El poeta da vueltas toda la mañana. Y toda la tarde. La gente pasa por el jardín, lo mira un momento y sigue andando. Nadie le habla.

Por la noche le dan su pan. Come en silencio.

Y al día siguiente, otra vez la manivela. Y la misma canción, pequeña y alegre, dando vueltas en el aire frío.

Vamos a parar un momento. ¿Qué ha decidido el rey?

El poeta le ha hablado del arte vivo, del futuro, de la verdad. Y el rey le da una manivela. Le dice: da vueltas, y comerás.

El poeta tiene hambre. Así que acepta. Y ahora suena siempre la misma canción, en el jardín.

Vamos a ver qué pasa cuando llega el invierno.

Pasan las semanas. Llega el invierno.

El lago se congela. Los cisnes ya no están. Empieza a caer la nieve, despacio, sobre el jardín y sobre los árboles.

Dentro del palacio hay una gran fiesta. Todas las luces están encendidas. Hay música, comida caliente, risas. El rey está feliz entre sus invitados. Nadie mira por la ventana.

Fuera, el poeta sigue de pie. Tiene la ropa fina y las manos rojas de frío. Pero da vueltas a la manivela. Y la caja toca su canción pequeña, entre la nieve.

Él piensa en los poemas que habría escrito. Piensa en las palabras que llevaba dentro y que nadie quiso escuchar. Y todavía sueña con una mañana mejor, con más luz, para él y para todos.

La nieve cae sobre sus hombros. La música de la fiesta llega hasta el jardín, muy lejos, muy suave. El poeta tiene mucho frío. Da vueltas más despacio. Después, más despacio todavía.

Por la mañana, cuando sale el sol, unos criados salen al jardín. Y allí lo encuentran.

El poeta está quieto, cubierto de nieve blanca. Ha muerto de frío, durante la noche. Tiene todavía la mano puesta en la manivela.

Dentro del palacio, la fiesta continúa.

Vamos a recordar toda la historia.

Un rey muy rico vivía en un palacio lleno de cosas hermosas. Decía que amaba el arte, pero solo lo compraba. Y estaba aburrido.

Un día llegó un poeta con hambre. Le habló del arte vivo, de la verdad, del futuro. El rey no entendió nada.

Entonces le dio un trabajo: dar vueltas a la manivela de una caja de música, en el jardín, a cambio de pan.

Y el poeta dio vueltas, día tras día. Hasta que llegó el invierno y murió de frío en la nieve, con la mano en la manivela, mientras dentro había una fiesta.

Es un final triste. Y es una pregunta que Darío nos deja: ¿qué hace una sociedad con sus artistas?

Antes de despedirnos, algo sobre el autor.

Se llama Rubén Darío. Era un poeta de Nicaragua. Nació en mil ochocientos sesenta y siete y murió en mil novecientos dieciséis.

Darío es el padre del "modernismo", un grupo de poetas que quiso escribir de otra manera: con más música, más color y más libertad. Cambió el sonido de la poesía en español.

Es uno de los poetas más importantes de nuestra lengua. Y, como el poeta de esta historia, vivió muchos años sin dinero.

Y, sobre todo, gracias a ti.

Acabas de escuchar una historia entera en español. Tres episodios, de principio a fin. Una historia con un palacio, un rey, un poeta y mucha nieve. Y la has seguido en español. Eso es un logro de verdad.

Pronto llega otra historia interesante. Si quieres escuchar más historias en español claro y tranquilo, puedes ir a la página stories.anicha.space.

Hasta la próxima.

Y una última cosa: dos preguntas para pensar.

La primera. El rey tenía mucho dinero y compraba arte. El poeta no tenía nada y hacía arte. ¿Tú crees que el dinero y el arte pueden vivir juntos? ¿O el dinero cambia el arte?

Y la segunda. Cada sociedad decide qué cosas valen. Valer es tener importancia para la gente. ¿En tu país, qué trabajos valen mucho? ¿Y cuáles valen poco, aunque sean hermosos?

Gracias por escuchar. Hasta la próxima historia.