Cuentos Claros

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The Open Window

Saki · retold in B1 Spanish

Season 25 of Cuentos para el oído · 2 episodes · about 7–8 minutes each

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1. La historia de Vera

El señor Nuttel, un hombre de nervios delicados, llega a una casa de campo donde no conoce a nadie. Mientras espera, una chica de quince años, Vera, le cuenta por qué su tía deja siempre esa ventana abierta. Una historia terrible.

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Empezamos una historia nueva. Se llama "La ventana abierta". Es corta y muy famosa.

La escribió Saki. "Saki" es un nombre, y se dice "saki". No era su nombre real: era el nombre que usaba para firmar. Saki era un escritor británico. Escribió esta historia en mil novecientos catorce. Sus historias son cortas, rápidas, y siempre terminan de una forma que nadie espera.

La historia empieza así. Un hombre llega a una casa en el campo. No conoce a nadie allí. Espera solo en una sala. Y una chica joven empieza a hablar con él.

Hoy escucha dos cosas. Primera: por qué este hombre está en el campo. Y segunda, la más importante: qué le cuenta la chica. Escucha bien. Y pregúntate: ¿tú te lo crees?

Antes de empezar, tres palabras.

Primera: los nervios. Los nervios están dentro del cuerpo. Cuando una persona tiene los nervios mal, se preocupa por todo y se asusta con facilidad. Decimos que está nerviosa.

Segunda: el campo. El campo es el lugar donde no hay ciudad. Hay hierba, árboles, animales, y casas lejos unas de otras.

Y tercera: un pantano. Un pantano es tierra mojada y blanda, con agua debajo. Parece tierra normal, pero no lo es. Si andas por un pantano, te puedes hundir. Hundirse es bajar dentro de la tierra y desaparecer. Recuerda esta palabra: pantano.

El hombre de nuestra historia se llama Nuttel. El señor Nuttel. Es un nombre, y se dice "nátel".

El señor Nuttel está enfermo de los nervios. Su médico le ha dicho: "Usted necesita descansar. Vaya al campo. Nada de ruido, nada de preocupaciones." Por eso está aquí.

Pero hay un problema. En el campo no conoce a nadie, y estar tan solo tampoco es bueno para él. Entonces su hermana le ha dado unas cartas para las familias de la zona. En cada carta escribe: "Esta persona es mi hermano. Sean amables con él."

Hoy trae una de esas cartas. Está sentado en la sala de una casa grande, esperando a la señora de la casa: la señora Sappleton. También es un nombre, y se dice "sáplton".

Entra una chica de quince años. Se llama Vera. Es un nombre de mujer. Vera es la sobrina de la señora Sappleton. Una sobrina es la hija de tu hermano o de tu hermana. Y la señora Sappleton es su tía.

Vera se sienta y dice, muy tranquila:

— Mi tía baja en un momento. Mientras tanto, tiene usted que aguantarme a mí.

Habla con mucha calma. Demasiada calma para una chica de quince años.

Paramos un momento.

¿Quién es el señor Nuttel? Un hombre enfermo de los nervios. El médico lo ha mandado al campo para descansar.

¿Por qué está en esta casa? Porque su hermana le dio una carta para la señora Sappleton. Él no conoce a esta familia.

¿Y quién es Vera? La sobrina de la señora Sappleton, una chica de quince años. Está sola en la sala con él.

Seguimos.

— ¿Conoce usted a mi tía? —pregunta Vera.

— No —dice Nuttel—. No conozco a nadie aquí. Solo tengo el nombre.

— Entonces no sabe usted nada de ella —dice Vera despacio.

— Nada.

La chica mira al fondo de la sala. Allí hay una ventana muy grande, que llega hasta el suelo. Está abierta. Se ve el jardín y el campo.

— Quizá le parezca raro que tengamos esa ventana abierta en octubre —dice Vera.

— Hace buen tiempo —dice él—. ¿Tiene esa ventana algo que ver con...?

— Por esa ventana salieron —dice ella—. Hoy hace exactamente tres años.

El marido de su tía y sus dos hermanos jóvenes salieron una mañana por ahí. Iban a cazar. Cazar es ir al campo con un arma, buscando pájaros o animales. Llevaban sus armas y un perro pequeño.

Ese año había llovido mucho y la tierra estaba mojada. Llegaron al pantano. Y el pantano se los tragó. Los tres. Se hundieron y no salieron nunca más.

Aquí la voz de Vera cambia. Ya no está tan tranquila. Se le rompe un poco.

— Nunca encontraron los cuerpos —dice—. Eso fue lo peor.

Después sigue:

— Por eso mi pobre tía deja esa ventana abierta todas las tardes, hasta que es de noche. Cree que van a volver. Que van a entrar por ahí, como siempre. El perro delante, y mi hermano pequeño cantando su canción.

Nuttel no dice nada. Mira la ventana abierta. Y siente frío.

Vamos a recordar, con palabras simples.

El señor Nuttel está enfermo de los nervios. Su médico lo manda al campo, a descansar. Allí no conoce a nadie.

Llega a una casa grande y espera a la señora Sappleton. Le hace compañía Vera, su sobrina, una chica de quince años.

Vera le pregunta si sabe algo de su tía. Él dice que no. Nada.

Entonces Vera le cuenta una historia. Hace hoy tres años, el marido de su tía y sus dos hermanos jóvenes salieron por la ventana grande. Iban a cazar. Llegaron al pantano y se hundieron en la tierra mojada. Nunca los encontraron.

Y por eso, dice Vera, su tía deja la ventana abierta cada tarde. Porque todavía los espera.

El señor Nuttel escucha. Y se pone muy nervioso.

Muy bien. Has escuchado un episodio entero en español.

En el próximo episodio, el último, baja por fin la señora Sappleton. Habla, sonríe y mira hacia el jardín. ¿Qué va a decir de esa ventana abierta? ¿Y qué va a ver el señor Nuttel? Hasta la próxima.

Y una pregunta para pensar. Vera cuenta su historia con mucha calma. Y por eso la creemos. ¿A ti te pasa igual? ¿Crees más a una persona solo porque habla tranquila?

2. La ventana abierta · finale

La tía entra, alegre, y dice que su marido y sus hermanos volverán de cazar en cualquier momento… por esa ventana. Y entonces el señor Nuttel mira hacia el jardín. Una comedia con final sorprendente. Más un cierre sobre Saki.

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Bienvenido al segundo y último episodio de "La ventana abierta".

El señor Nuttel, un hombre muy nervioso, está de visita en una casa del campo. No conoce a nadie. Le hace compañía Vera, una chica de quince años.

Y Vera le ha contado una historia terrible. Hace tres años, el marido de su tía y sus dos hermanos salieron a cazar por esa ventana grande. Cruzaron el pantano, ese terreno blando y mojado, y el pantano se los tragó.

Y su tía, la señora Sappleton, todavía deja la ventana abierta cada tarde, porque cree que van a volver.

Hoy entra la tía. Escucha bien una cosa: quién dice la verdad en esta casa, y quién no.

Antes de empezar, tres palabras.

Primera: un fantasma. Un fantasma es un muerto que vuelve, o eso dice la gente. Hoy, el señor Nuttel va a creer que ve tres fantasmas.

Segunda: una tumba. Una tumba es el sitio donde se entierra a un muerto. Un agujero en la tierra, en el cementerio.

Y tercera: mentir. Mentir es decir algo que no es verdad. Y una mentira es eso: algo que no es verdad. Recuerda bien esta palabra. Es la más importante del episodio.

Entonces se abre la puerta. Entra la tía, la señora Sappleton, con prisa y una sonrisa enorme.

—Perdone usted la espera —dice.

El señor Nuttel se levanta. Ella habla y habla, muy contenta.

—Espero que no le moleste la ventana abierta —dice—. Mi marido y mis hermanos vuelven pronto de cazar. Siempre entran por ahí, por la ventana. Y siempre me llenan la alfombra de barro. ¡Así son los hombres!

Habla de la caza, de los pájaros, del perro. Y mira la ventana todo el rato, como quien espera a alguien.

Al señor Nuttel se le hiela la sangre. Piensa: "Pobre mujer. La pena la ha vuelto loca. Su marido está muerto. Sus hermanos están muertos. Y ella todavía los espera."

Es horrible. Nuttel intenta cambiar de tema. Habla de sí mismo, de sus nervios, de su salud.

—Los médicos dicen que necesito descanso —explica—. Nada de emociones fuertes. Nada de ruido.

La señora Sappleton pone cara de aburrimiento. No le interesa nada. Vuelve a mirar la ventana.

Y, de pronto, se le ilumina la cara.

—¡Por fin! —dice—. ¡Ya llegan! Justo a tiempo para el té.

Vamos a parar un momento. ¿Ves la situación?

Para la señora Sappleton, todo esto es normal. Su marido y sus hermanos vuelven de cazar, como cada tarde.

Para el señor Nuttel, esa mujer está loca de pena y le está hablando de tres muertos.

Los dos hablan de las mismas personas. Pero no hablan de lo mismo. Escucha lo que pasa ahora.

El señor Nuttel se gira hacia Vera. Y se queda helado.

La chica mira por la ventana con los ojos muy abiertos y la cara blanca.

Muy despacio, Nuttel se da la vuelta y mira también.

Fuera ya casi es de noche. Y por el jardín, hacia la ventana, vienen tres hombres. Llevan escopetas. Detrás camina un perro cansado, en silencio. Y uno de los hombres empieza a cantar.

El señor Nuttel no espera más. Coge su sombrero y su bastón y sale corriendo por el camino, como un loco. Un hombre en bicicleta tiene que apartarse para no atropellarlo.

Un momento después, los tres hombres entran por la ventana.

—Ya estamos aquí —dice el marido—. ¿Quién era ese señor que ha salido corriendo?

—Un hombre rarísimo —dice la señora Sappleton—. Solo sabía hablar de sus enfermedades. Y se ha ido sin decir adiós. Parecía que había visto un fantasma.

Entonces habla Vera, muy tranquila.

—Ha sido por el perro —dice—. Me contó que tiene mucho miedo a los perros. Una vez, unos perros salvajes lo persiguieron hasta un cementerio. Tuvo que pasar la noche dentro de una tumba abierta, con los perros arriba, gruñendo.

Nadie dice nada. Todos la creen.

Y esa era la especialidad de Vera: inventar historias en un segundo, sin pensar, y contarlas con una cara perfectamente seria.

Vamos a recordar el final, y a poner las cosas claras.

Esos tres hombres no eran fantasmas. Estaban vivos. Ningún pantano se los tragó. Volvían de cazar, como cada tarde, con barro en las botas.

Entonces, ¿de dónde salía la historia del pantano? De la cabeza de Vera. Vera se la inventó entera, mientras esperaban a la tía. Era mentira.

Y la segunda historia, la de los perros y la tumba, también era mentira. Vera se la inventó en el mismo momento, delante de toda su familia.

Dos historias. Dos mentiras. Ninguna era verdad.

El pobre señor Nuttel vino al campo a descansar de sus nervios. Y se fue corriendo, más nervioso que nunca, por culpa de una chica de quince años.

Antes de despedirnos, algo interesante sobre el autor.

Se llama Saki. "Saki" es un nombre inventado, un nombre de escritor. Detrás de ese nombre hay un escritor británico: H. H. Munro. "Munro" es su apellido. Nació en 1870 y murió en 1916.

Saki es famoso por sus cuentos muy cortos, rápidos y divertidos. Casi todos terminan con una sorpresa al final, como un pequeño golpe. Este cuento, "La ventana abierta", es el más famoso de todos.

Y, sobre todo, gracias a ti.

Acabas de escuchar una historia entera en español. Corta, pero completa: un hombre nervioso, una chica muy lista y un final que no esperabas. Y la has seguido de principio a fin. Eso es un logro de verdad.

Si te ha gustado, tienes más historias como esta, en español claro y tranquilo, en stories.anicha.space. Pronto llega otra.

Hasta la próxima.

Y, para terminar, dos preguntas para pensar.

La primera. El señor Nuttel creyó a Vera porque ella hablaba con calma y parecía muy seria. ¿Por qué crees que confiamos tanto en lo que nos cuenta un desconocido?

Y la segunda. Piensa en un momento en el que alguien te engañó. ¿Cómo te sentiste cuando lo descubriste? ¿Te enfadaste, o te dio risa?

Gracias por escuchar. Hasta la próxima historia.