The Feather Pillow
Horacio Quiroga · retold in B1 Spanish
Season 26 of Cuentos para el oído · 3 episodes · about 7–8 minutes each
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https://feed.stories.anicha.space/feed.xml 1. La casa fría
Alicia se casa con Jordán y sueña con una vida cálida. Pero su marido es frío y callado, y la casa es enorme, blanca y silenciosa como un hospital. Poco a poco, algo dentro de ella se apaga.
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Empezamos una historia nueva en español. Se llama "El almohadón de plumas". La escribió Horacio Quiroga. "Horacio Quiroga" es un nombre, y se dice "oracio kiroga". Quiroga fue un escritor de América del Sur, y escribió cuentos de miedo muy famosos. Este cuento es del año mil novecientos diecisiete.
Un almohadón es una almohada grande: esa cosa blanda donde ponemos la cabeza para dormir. Y las plumas son eso tan ligero y suave que tienen los pájaros. Muchas almohadas están llenas de plumas por dentro. Guarda esas dos palabras. El título es importante.
En la historia hay dos personas. Una joven que se llama Alicia. "Alicia" es un nombre de mujer. Y su marido, que se llama Jordán. "Jordán" también es un nombre, un nombre de hombre.
Hoy, Alicia y Jordán empiezan su vida juntos. Escucha bien dos cosas: cómo es la casa donde viven, y cómo cambia Alicia.
Antes de empezar, tres palabras útiles.
Primera: la luna de miel. La luna de miel es el viaje o el primer tiempo feliz de dos personas que se acaban de casar. Normalmente es un tiempo alegre y cálido.
Segunda: un escalofrío. Un escalofrío es un temblor de frío o de miedo. El cuerpo se mueve solo, un momento, y la piel se pone fría. En esta historia hay muchos escalofríos.
Tercera: el mármol. El mármol es una piedra dura, casi siempre blanca, muy elegante y muy fría. Hay mármol en los palacios y en los hospitales. Si lo tocas, la mano se enfría.
Alicia es joven. Es rubia, delgada y muy dulce. Tiene algo de niña todavía. Habla poco y sonríe despacio.
Durante muchos años, Alicia soñó con casarse. Soñaba con una casa con luz. Soñaba con risas, con una vida cálida, con un marido que la miraba y le decía cosas bonitas.
Y ahora está casada. Su marido se llama Jordán.
Pero la luna de miel no es como el sueño. La luna de miel es un largo escalofrío. Un temblor de frío que no se termina nunca.
Jordán la quiere. Eso es verdad, y es importante. Jordán quiere a Alicia de verdad. Pero por fuera es duro. Es alto, serio y callado. No sonríe. No dice palabras dulces. No abraza.
Alicia lo mira y espera algo. Espera una palabra, una caricia, una señal. Una caricia es tocar a alguien con cariño, muy suave, con la mano.
Y la señal no llega.
Por la noche, ella camina a su lado por la calle. Él va serio. Ella tiene miedo de hablar. Cuando por fin llegan a casa, Alicia siente algo raro en el pecho. No es tristeza todavía. Es frío.
Vamos a parar un momento.
¿Jordán quiere a Alicia? Sí. La quiere mucho. Pero no lo enseña nunca. No lo dice, no la abraza, no sonríe.
¿Y cómo se siente Alicia? Sola. Ella soñaba con una vida cálida. Y su luna de miel es un largo escalofrío, un temblor de frío.
Ahora escucha la casa. Porque en esta historia la casa es casi otro personaje.
La casa donde viven es grande. Demasiado grande.
Es toda blanca. Las paredes son blancas. Los techos son altísimos, muy lejos de la cabeza. Hay estatuas de mármol, esa piedra blanca y fría. Hay columnas de mármol. Y el suelo también es de mármol.
La casa es bonita, sí. Pero es una belleza extraña. Es bonita como un hospital: limpia, blanca, ordenada, sin nada dentro. Y es fría como un hospital.
No hay alfombras. Casi no hay muebles. Hay habitaciones vacías, y detrás otras habitaciones vacías.
Y hay silencio. Un silencio enorme.
Cuando Alicia cruza el salón, sus pasos suenan. Toc, toc, toc. El sonido sube hasta el techo alto y vuelve. La casa repite sus pasos. Alicia se para, y entonces no hay nada. Nada de nada.
Ella nunca dice que la casa le da miedo. Pero cuando entra en una habitación blanca, siente un escalofrío en la espalda.
Y pasa el otoño. Las hojas caen. Los días se hacen más cortos y más grises.
Alicia empieza a cambiar. Está más delgada. Come menos. Habla menos todavía. Se sienta y mira la ventana durante mucho tiempo, sin decir nada.
Su cara está más blanca. Casi del color de las paredes.
Jordán la mira. No dice nada. Pero algo dentro de Alicia se está apagando, muy despacio, como una luz pequeña en una casa muy grande.
Vamos a recordar, con palabras simples.
Alicia es una joven dulce y delgada. Soñaba con una vida cálida y feliz. Se casa con Jordán.
Jordán la quiere. Pero por fuera es frío y callado. No dice palabras dulces. No la abraza. Y la luna de miel de Alicia es un largo escalofrío.
La casa es peor. Es enorme, blanca y vacía. Techos altos, columnas y suelos de mármol. Bonita como un hospital, y igual de fría. Dentro hay un silencio grande, y los pasos de Alicia vuelven desde el techo.
Pasa el otoño. Alicia está más delgada, más callada, más blanca.
Algo en ella se está apagando. Y nadie sabe todavía por qué.
Has escuchado el primer episodio de "El almohadón de plumas", en español. Muy bien.
En el próximo episodio, Alicia cae enferma. Viene un médico y la examina. Pero el médico no entiende nada: Alicia está perdiendo sangre, muy rápido, y no hay ninguna razón. ¿Qué le está pasando a Alicia? ¿Y por qué tiene tanto miedo de su propia cama?
Hasta la próxima.
Y una pregunta para pensar.
Jordán quiere a Alicia. Pero nunca se lo enseña. Y ella se queda fría.
¿Tú crees que el amor que no se enseña sirve de algo? ¿O el amor necesita palabras y manos para existir de verdad?
2. La enfermedad
Alicia cae enferma. Pierde sangre y nadie sabe por qué: no hay herida, no hay causa. Cada día está más pálida y más débil. Y al atardecer empieza a ver cosas que se acercan por la alfombra.
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Bienvenido al segundo episodio de "El almohadón de plumas". Vamos a recordar la historia.
Hay una joven que se llama Alicia. Alicia es un nombre de mujer. Y está su marido, que se llama Jordán. Jordán es un nombre de hombre. Los dos se casaron hace poco.
Alicia soñaba con una vida cálida. Pero Jordán la quiere en silencio, y nunca lo demuestra. Y la casa donde viven es todavía peor: grande, blanca, vacía. Techos altos, paredes de mármol, ningún ruido. Bonita como un hospital, y igual de fría.
Pasó el otoño. Alicia se puso más delgada y más callada. Algo dentro de ella se iba apagando, poco a poco.
Hoy, Alicia se pone enferma de verdad. Escucha bien dos cosas: qué dice el médico sobre su enfermedad, y qué empieza a ver Alicia por las tardes.
Antes de seguir, tres palabras útiles.
Primera: desmayarse. Desmayarse es perder el conocimiento de repente. La persona no ve, no oye, no responde, y cae al suelo. Dura poco, pero da mucho miedo.
Segunda: la anemia. La anemia es una enfermedad en la que la sangre se hace débil. La persona está pálida, muy blanca, y siempre cansada. No tiene fuerzas para nada.
Tercera: una alucinación. Una alucinación es ver cosas que no existen. Los ojos ven algo, la persona lo ve de verdad, pero ese algo no está allí. En este episodio, Alicia empieza a ver cosas en la alfombra. La alfombra es esa tela grande y suave que cubre el suelo de una habitación.
Una tarde de invierno, Alicia cruzaba el salón grande. Iba despacio, como siempre. De repente se paró. No dijo nada. Todo se puso oscuro delante de sus ojos, y cayó al suelo.
Se había desmayado.
Jordán la levantó y la llevó a la cama. Alicia abrió los ojos otra vez, pero muy poco. Estuvo un rato mirando el techo, sin hablar.
Desde ese día, Alicia ya no se levantó más.
Al día siguiente vino el médico. Un hombre tranquilo, con las manos frías. Examinó a Alicia mucho tiempo. Le miró los ojos, la piel, las manos. Le contó los latidos del corazón. No decía nada.
Después salió de la habitación y habló con Jordán en el pasillo, en voz baja.
— Su mujer está perdiendo sangre —dijo—. Mucha sangre, y muy rápido.
Jordán lo miró.
— ¿Por qué? —preguntó.
Y el médico no supo qué contestar. Porque Alicia no tenía ninguna herida. Nada le dolía. No había ningún golpe, ninguna causa. Nada que explicara aquello.
— Es una anemia —dijo por fin el médico—. Pero es una anemia que no entiendo.
Vamos a parar un momento. ¿Por qué está preocupado el médico?
Alicia se ha desmayado, y ya no se levanta de la cama. El médico la examina y ve una cosa clara: Alicia está perdiendo sangre, y muy deprisa. Es una anemia. Pero hay un problema. Alicia no tiene ninguna herida, y nada le duele. No hay ninguna razón. El médico no encuentra la causa, y eso no le gusta nada.
Los días pasaron, todos iguales. Y Alicia se iba apagando.
Cada mañana estaba un poco más blanca y tenía un poco menos de fuerza. La luz del sol le hacía daño en los ojos, y por eso cerraban las cortinas. La habitación se quedaba en penumbra: esa luz débil, entre el día y la noche.
En la casa no se oía nada. Ni voces, ni pasos, ni una puerta. Solo el silencio de aquellas paredes blancas.
Y entonces empezaron las alucinaciones.
Siempre llegaban al atardecer, cuando la luz se iba. Alicia miraba el suelo, muy quieta. Y en la alfombra veía formas. Formas oscuras que se movían despacio. Cada tarde estaban un poco más cerca de la cama. Alicia abría mucho los ojos y no podía apartar la mirada.
A veces gritaba. Jordán entraba corriendo, y ella se agarraba a su cuello con las dos manos.
Jordán no sabía qué hacer. No sabía decir palabras dulces. Se quedaba de pie, mudo. Después salía y caminaba por la alfombra del salón, de un lado a otro, horas y horas. Iba y volvía, sin parar. Era lo único que sabía hacer con todo lo que sentía dentro.
Y en la habitación, Alicia miraba su cama con los ojos muy abiertos. Ya no quería dormir. Ya no quería tumbarse. Ahora le tenía miedo a su propia cama.
Vamos a recordar, con palabras simples.
Una tarde, Alicia se desmaya en el salón: pierde el conocimiento y cae al suelo. Jordán la lleva a la cama. Y desde ese día, Alicia ya no se levanta.
Viene el médico. La examina y ve que Alicia está perdiendo sangre muy deprisa. Pero no encuentra ninguna herida y ninguna causa. Dice que es una anemia, una anemia que él no entiende.
Alicia está cada día más blanca y más débil. Y por las tardes empieza a tener alucinaciones: ve formas oscuras en la alfombra, y cada tarde están más cerca.
Jordán no sabe hablar ni consolarla. Solo camina por la alfombra del salón, horas y horas.
Y Alicia ahora tiene miedo de su propia cama.
Has escuchado el segundo episodio de "El almohadón de plumas". Muy bien: ya estás dentro de la historia, en español. Alicia tiene miedo de su cama, y el médico no entiende nada. ¿Qué hay en esa cama? ¿Y por qué Alicia se agarra a su almohadón día y noche? En el próximo episodio, el último, lo vamos a saber. Hasta la próxima.
Y, para terminar, una pregunta para pensar. Jordán quiere a Alicia, pero no sabe decírselo. Solo camina y camina. Y tú, cuando alguien que quieres está mal, ¿qué haces? ¿Encuentras las palabras, o haces otra cosa?
3. El almohadón · finale
Alicia muere. Al deshacer la cama, la sirvienta levanta la almohada… y pesa muchísimo. Lo que encuentran dentro es uno de los finales más famosos del terror en español. Más un cierre sobre Horacio Quiroga.
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Bienvenido al tercer y último episodio de "El almohadón de plumas".
Recordamos dónde estábamos. Alicia, la joven esposa, está muy enferma. Cada día pierde sangre, y nadie sabe por qué. El médico la examina y no lo entiende. Alicia está cada vez más blanca, más delgada, más débil.
Y hay una cosa extraña. Alicia tiene miedo de su cama. Por las tardes ve formas raras en la alfombra, cosas que se acercan. Jordán, su marido, camina por la habitación y no puede hacer nada.
Hoy termina la historia. Hoy vamos a saber qué pasaba en esa habitación.
Escucha bien una cosa: qué encuentran, al final, dentro de la almohada de Alicia.
Antes de empezar, tres palabras importantes para hoy.
La primera: el almohadón. Un almohadón es una almohada grande, el sitio blando donde pones la cabeza para dormir. En esta historia, el almohadón de Alicia es muy importante.
La segunda: las plumas. Las plumas son lo que hay dentro de la almohada. Son suaves y ligeras. Vienen de los pájaros.
Y la tercera: un parásito. Un parásito es un animal pequeño que vive de la sangre de otro. Se pega a un cuerpo, bebe su sangre, y así vive. El otro cuerpo, poco a poco, se queda sin fuerza.
Recuerda estas tres palabras: almohadón, plumas, parásito.
Los últimos días de Alicia fueron muy tranquilos, y por eso mismo fueron terribles.
Alicia ya no hablaba. Abría los ojos, miraba el techo alto y blanco, y no decía nada. A veces movía los labios, pero no salía ninguna palabra. Jordán se sentaba a su lado. Le tomaba la mano. La mano de Alicia estaba fría y muy ligera, como si dentro no hubiera nada.
Solo había una cosa que Alicia todavía hacía. Con los dedos, agarraba su almohadón. Lo agarraba con fuerza, con las dos manos, como se agarra una persona a algo en el agua. Y en su cara había miedo. Un miedo enorme, un miedo que ella no podía explicar, porque ya no podía hablar.
Nadie entendió ese gesto. Todos pensaron: está soñando, está viendo cosas que no existen.
Una mañana, muy temprano, Alicia murió.
La casa se quedó todavía más silenciosa que antes.
Vamos a parar un momento.
Alicia ha muerto. Durante semanas ha perdido sangre y nadie ha sabido por qué. En sus últimos días no podía hablar, y solo hacía una cosa: agarrar su almohadón con miedo.
Fíjate en eso. Alicia no tenía miedo del médico ni de Jordán. Tenía miedo de la cama, y agarraba la almohada.
Ella lo sabía. No podía decirlo, pero algo dentro de ella lo sabía.
Vamos a ver qué pasa después.
Dos días después, la sirvienta entró en la habitación para quitar las sábanas de la cama.
Puso las manos debajo del almohadón y lo levantó.
O lo intentó. Porque el almohadón no subió.
La sirvienta probó otra vez, con las dos manos. El almohadón pesaba como una piedra, como si dentro no hubiera plumas, sino algo lleno y pesado.
La mujer se puso pálida y llamó a Jordán.
Jordán vino. Levantó el almohadón él mismo. Y sus manos empezaron a temblar. Él tampoco entendía nada.
Lo llevaron a una mesa. Jordán trajo un cuchillo y cortó la tela.
Las plumas salieron. Y entre las plumas, en el fondo, había un animal vivo.
Estaba pegado a la tela con la boca. Era redondo, hinchado, oscuro, enorme. En cinco noches se había hecho gigante.
Porque cada noche, mientras Alicia dormía, ese animal bebía su sangre a través de la tela, muy despacio, sin ruido. Ella se quedaba sin fuerzas, y él crecía.
Los dos lo miraron en silencio. Nadie dijo nada.
Estos parásitos existen. Normalmente viven en los pájaros, y son tan pequeños que casi no se ven. Pero, en ciertas condiciones, pueden crecer. Y a veces crecen mucho.
Vamos a recordar el final, y también toda la historia.
Al principio, Alicia y Jordán se casaron. Ella soñaba con una vida cálida. Pero Jordán era frío y callado, y la casa era grande, blanca y silenciosa, como un hospital.
Después, Alicia se puso enferma. Perdía sangre y nadie sabía por qué. Ella tenía miedo de la cama y veía formas en la alfombra.
Al final, Alicia murió sin poder hablar, agarrando su almohadón.
Y entonces la sirvienta levantó ese almohadón. Pesaba muchísimo. Jordán lo cortó. Dentro, entre las plumas, había un animal hinchado que había bebido la sangre de Alicia noche tras noche.
Ella lo notaba. Por eso tenía miedo. Pero nadie la escuchó a tiempo.
Antes de despedirnos, algo sobre el autor de esta historia.
Se llama Horacio Quiroga. Es un nombre, y se dice "orásio kiroga". Fue un escritor de Uruguay y de Argentina, y vivió entre los años 1878 y 1937.
Quiroga es uno de los grandes maestros del cuento en español. Escribió historias de terror, como la de hoy, y también historias de la selva, con animales y con naturaleza salvaje.
Mucha gente lo compara con Edgar Allan Poe, el escritor norteamericano de cuentos de miedo. Quiroga lo leía y lo admiraba mucho.
Y, sobre todo, gracias a ti.
Acabas de escuchar una historia entera en español. Tres episodios, de principio a fin. Una historia de miedo, con frases difíciles y con un final que no se olvida. Y la has seguido en español. Eso es un logro de verdad.
Pronto llega otra historia interesante. Y si quieres escuchar más, tienes muchas historias en español claro y tranquilo en stories.anicha.space.
Hasta la próxima.
Y una última cosa: dos preguntas para pensar.
La primera. Alicia tenía miedo, pero no podía ver la causa. El peligro estaba muy cerca y era invisible. ¿Tú has tenido alguna vez miedo de algo que no podías ver ni explicar? ¿Qué hiciste?
Y la segunda. En esta historia, algo pequeño quita la vida muy despacio, noche tras noche, sin que nadie lo note. ¿Hay cosas así en tu vida? Cosas que te quitan fuerza poco a poco, en silencio.
Gracias por escuchar. Hasta la próxima historia.