The Gift of the Magi
O. Henry · retold in B1 Spanish
Season 5 of Cuentos para el oído · 3 episodes · about 7–8 minutes each
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https://feed.stories.anicha.space/feed.xml 1. El dólar y ochenta y siete centavos
Empieza una historia nueva. Della tiene solo un dólar y ochenta y siete centavos, y mañana es Navidad. Quiere un regalo para Jim, su esposo. Y, mirándose al espejo, toma una decisión que le da miedo.
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Empezamos una historia nueva. Se llama "El regalo de los Reyes Magos". La escribió O. Henry. "O. Henry" es un nombre de escritor, y se dice "ou jénri". Es una historia americana, de hace más de cien años, en el año mil novecientos cinco.
Es una historia muy famosa. Es corta, y la vamos a contar en tres episodios. Pasa el día antes de Navidad, en una ciudad grande, Nueva York. Es una historia sobre dos personas que se quieren mucho y tienen muy poco dinero.
La protagonista se llama Della. Es un nombre de mujer, y se dice "déla". Della está casada con un hombre que se llama Jim. Jim es un nombre de hombre, y se dice "yim". Della y Jim son jóvenes, son pobres, y se quieren mucho.
No tienes que entender cada palabra. Intenta entender tres cosas: cuánto dinero tiene Della, qué día es mañana, y qué decisión toma ella al final del episodio.
Antes de empezar, dos palabras importantes.
La primera palabra es "centavo". Un centavo es la moneda más pequeña en Estados Unidos. Cien centavos son un dólar. Un centavo es muy poco dinero. Si una persona tiene solo unos centavos, es una persona pobre.
La segunda palabra es "Reyes Magos". Es una expresión religiosa, de la historia de Navidad. Los Reyes Magos son tres reyes que vienen de lejos y traen regalos al niño Jesús. Tres regalos: oro, incienso y mirra. En España, los Reyes Magos traen regalos a los niños el seis de enero, no Papá Noel. Por eso, cuando esta historia se llama "El regalo de los Reyes Magos", la idea es: el regalo más bonito y más importante. El regalo de los más sabios.
Recuerda estas dos palabras: centavo, una moneda muy pequeña. Y Reyes Magos, los que dan los mejores regalos. Vamos a empezar.
Un dólar y ochenta y siete centavos. Eso es todo. Y sesenta centavos de ese dinero están en monedas pequeñas, monedas de un centavo. Della ha juntado esas monedas poco a poco, durante muchos meses. Un centavo, dos centavos, cada vez que iba a la tienda. Della cuenta el dinero tres veces. Un dólar y ochenta y siete centavos. Y mañana es Navidad.
No hay nada que hacer. Della se sienta en el sofá viejo de su casa, y empieza a llorar. Llora fuerte. Porque mañana es Navidad y ella quiere comprar un regalo para Jim, su esposo. Y un dólar y ochenta y siete centavos no es suficiente. No es suficiente para nada.
Vamos a mirar la casa de Della y de Jim. Es un apartamento muy pequeño, en Nueva York. Es un apartamento pobre, viejo. Hay una ventana, un sofá viejo, un espejo entre las dos ventanas. No hay mucho más.
Della y Jim son jóvenes. Jim trabaja, y gana veinte dólares a la semana. Veinte dólares no es mucho. Antes ganaba treinta, pero ahora gana solo veinte. Della no trabaja fuera de casa. Ella ahorra cada centavo, pero los gastos siempre son más grandes que el dinero. Siempre.
Della deja de llorar. Se limpia la cara. Mira por la ventana. Fuera, en la calle, hay un gato gris que camina sobre una pared gris. Todo le parece gris.
Mañana es Navidad, y ella tiene solo un dólar y ochenta y siete centavos para comprar un regalo para Jim. Para su Jim. Ella ha pensado durante meses en ese regalo. Quiere algo bonito, algo especial. Algo que sea casi, casi, digno de Jim.
Y, de repente, Della tiene una idea.
Vamos a parar un momento. Hasta aquí: Della tiene un dólar y ochenta y siete centavos. Es muy poco dinero. Mañana es Navidad, y ella quiere un regalo para Jim, su esposo. Della llora. Después, mira por la ventana, ve un gato gris en la calle, y tiene una idea.
¿Qué idea tiene Della? Para entenderlo, necesitamos saber dos cosas importantes. En esta casa pobre, Della y Jim tienen dos cosas que son muy, muy especiales para ellos. Solo dos. Vamos a verlas.
En esta casa pequeña, Della y Jim tienen dos cosas muy especiales. Dos cosas que les gustan más que todo. Dos tesoros.
El primer tesoro es de Jim. Es un reloj. Un reloj de oro, muy bonito, antiguo. Antes era del padre de Jim. Y antes, del abuelo de Jim. Es un reloj que ha pasado de padre a hijo, durante muchos años. Jim lo mira a menudo. Está muy orgulloso de su reloj.
El segundo tesoro es de Della. Es su pelo. Della tiene un pelo precioso. Largo, muy largo. Largo y marrón, como un río de agua marrón. Le llega hasta debajo de la rodilla. Cuando Della se suelta el pelo, es como una capa que la cubre. Es el pelo más bonito del mundo.
La historia dice una cosa graciosa. Si la reina de Sabá viviera al lado, Della sacaría su pelo por la ventana, para mostrar que su pelo es más bonito que las joyas de la reina. Sabá es un nombre de un país antiguo, de la Biblia. La reina de Sabá era muy famosa por sus joyas. Y si el rey Salomón viviera abajo, Jim sacaría su reloj cada vez que pasara, para mostrar que su reloj es más bonito que el oro del rey. Salomón es otro rey antiguo, muy rico, también de la Biblia.
Bueno. Della se mira en el espejo. Se quita el pelo de detrás. Se lo suelta. Cae, cae, hasta debajo de la rodilla, como un río marrón. Della mira su pelo. Los ojos le brillan. Pero su cara está blanca.
Della tiene una idea, y la idea le da miedo. Pero también le da fuerza. Coge su pelo, lo levanta otra vez, y se lo recoge rápido. Una lágrima cae sobre la alfombra vieja.
Della se pone su chaqueta marrón vieja. Se pone su sombrero marrón viejo. Y, con los ojos todavía brillantes, sale del apartamento. Baja las escaleras, llega a la calle, y empieza a andar deprisa.
Vamos a recordar, con palabras simples.
Della tiene solo un dólar y ochenta y siete centavos. Es muy poco dinero. Mañana es Navidad, y ella quiere comprar un regalo para Jim, su esposo. Della y Jim se quieren mucho, pero son pobres.
En su casa pequeña, hay dos cosas muy especiales. El reloj de oro de Jim, de su padre y de su abuelo. Y el pelo largo, marrón, precioso, de Della.
Della se mira en el espejo. Mira su pelo. Y toma una decisión. Una decisión que le da miedo. Se pone la chaqueta vieja, baja a la calle, y empieza a andar deprisa.
¿Adónde va Della? ¿Y qué va a hacer con su pelo? Lo vamos a saber en el próximo episodio.
Has escuchado el primer episodio de "El regalo de los Reyes Magos". Della está en la calle, con un plan secreto. En el próximo episodio, vamos a saber qué hace ella con su pelo. Y qué compra para Jim. Hasta la próxima.
Y, para terminar, una pregunta para pensar. Della solo tiene un dólar y ochenta y siete centavos, pero quiere un regalo muy especial para la persona que quiere. ¿A ti te pasa algo parecido en Navidad o en un cumpleaños? ¿Es más importante el regalo, o la persona que lo da? ¿Y por qué crees que, a veces, queremos hacer un regalo más grande de lo que podemos?
2. El pelo de Della
Della vende su pelo largo y precioso a Madame Sofronie por veinte dólares. Y, con ese dinero, busca por toda la ciudad el regalo perfecto para Jim: una cadena de platino para su reloj. Vuelve a casa con rizos cortos, esperando a Jim — y un poco de miedo.
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Segundo episodio de "El regalo de los Reyes Magos". En el episodio anterior, Della tenía solo un dólar y ochenta y siete centavos para comprar un regalo a Jim, su esposo. Della y Jim son pobres pero se quieren mucho. En su casa hay dos cosas muy especiales: el reloj de oro de Jim, y el pelo largo y marrón de Della.
Della se ha mirado en el espejo. Ha tomado una decisión. Ha bajado a la calle, con la chaqueta vieja y el sombrero viejo. Y ahora camina deprisa por las calles de Nueva York.
En este episodio vamos a ver adónde va Della. Y qué regalo compra para Jim. Intenta entender dos cosas: qué hace Della con su pelo, y qué compra después.
Antes de empezar, dos palabras importantes para este episodio.
La primera palabra es "peluca". Una peluca es pelo falso, pelo que se compra. Algunas personas no tienen pelo, y compran una peluca para llevarla en la cabeza. Y, para hacer pelucas, hace falta pelo de verdad. Por eso, hay tiendas que compran pelo a las mujeres que tienen pelo largo y bonito. La mujer vende su pelo, y la tienda paga dinero. El pelo después se usa para hacer pelucas.
La segunda palabra es "cadena". Una cadena es una pieza de metal, larga, hecha de muchos eslabones pequeños unidos. Hay cadenas de oro, de plata, de platino. El platino es un metal precioso, blanco, brillante. Más caro que el oro. Y en esta historia hay una cadena especial: una cadena para un reloj. En esos años, los hombres llevaban un reloj de bolsillo, atado con una cadena, para no perderlo.
Recuerda: peluca, pelo falso, hecho con pelo de verdad. Y cadena, una pieza larga de metal para atar el reloj.
Della camina deprisa por la calle. Por fin, se para delante de una tienda. En la puerta hay un cartel. El cartel dice: "Madame Sofronie. Pelo de todo tipo." Madame Sofronie es un nombre de una mujer francesa. "Madame" significa señora en francés.
Della sube las escaleras corriendo. Llega al primer piso. Está sin aliento. La señora Sofronie es una mujer grande, blanca, con la cara fría. No parece muy simpática.
— ¿Quiere comprar mi pelo? — pregunta Della.
— Yo compro pelo — dice Madame. — Quítese el sombrero. Vamos a verlo.
Della se quita el sombrero. Y, otra vez, su pelo marrón cae, cae, como un río.
Madame Sofronie levanta el pelo con la mano, lo mira con cuidado. Y dice:
— Veinte dólares.
— Démelos rápido — dice Della.
Y Della vende su pelo. Veinte dólares. Para ella, en este momento, veinte dólares son mucho dinero. Pero su pelo, su pelo precioso, ya no está.
Después, Della sale a la calle, con veinte dólares en el bolsillo. Y empieza a buscar el regalo. Busca durante dos horas. Entra en muchas tiendas. Mira y mira. Quiere algo perfecto. Algo digno de Jim.
Y, por fin, lo encuentra. Es una cadena de platino. Una cadena para el reloj de Jim. Sencilla, bonita, sin dibujos, sin adornos. Una cadena que dice "yo valgo mucho" solo con el material. Sin necesidad de gritar.
Della la mira y piensa: "Esto es para Jim." Es perfecta, como él. Tranquila, fuerte, de valor verdadero. Cuesta veintiún dólares. Della paga, y se va para casa con ochenta y siete centavos en el bolsillo.
Ahora Jim podrá llevar su reloj con una cadena de verdad. Hasta ahora, lo llevaba con una correa vieja de cuero, porque no tenía cadena. Y a Jim le daba un poco de vergüenza. A veces miraba el reloj a escondidas. Con esta cadena nueva, podrá mirarlo delante de cualquiera, con orgullo.
Vamos a parar un momento. Hasta aquí: Della ha vendido su pelo a Madame Sofronie por veinte dólares. Ha buscado durante dos horas. Y, por fin, ha encontrado el regalo perfecto para Jim. Una cadena de platino, sencilla y bonita, para su reloj de oro. La cadena cuesta veintiún dólares.
Ahora Della vuelve a casa, con la cadena en el bolsillo. Pero hay un problema. Ella ya no tiene su pelo largo. Su cabeza está... bueno, vamos a verlo.
Della llega a casa. Cierra la puerta. Y, poco a poco, empieza a pensar otra vez. Antes estaba contenta, segura. Ahora siente un poco de miedo. Mira el espejo, y ve a una mujer con la cabeza casi sin pelo.
Della no quiere estar fea para Jim. Coge una pequeña máquina caliente que usaban antes para rizar el pelo. Y, durante cuarenta minutos, trabaja en su cabeza. Hace rizos pequeños, muy pequeños, por toda la cabeza. Cuando termina, se mira en el espejo otra vez.
Su cabeza está cubierta de rizos cortos. Della se mira con cuidado.
— Si Jim no me mata cuando entre por la puerta — piensa Della — , va a decir que parezco una niña del coro.
Pero, en el fondo de su corazón, Della tiene miedo. Está nerviosa. ¿Y si Jim se enfada? ¿Y si Jim ya no la encuentra bonita?
— Por favor — piensa Della — , por favor, que Jim piense todavía que soy bonita. Por favor.
Después, Della prepara la cena. Pone el café en el fuego. Pone una sartén en la cocina, lista para hacer la comida. Y espera. La cadena de platino está en su mano. Su corazón va muy rápido.
A las siete, la cena está casi lista. Jim llega siempre a las siete. Della se sienta cerca de la puerta. Espera. Reza una pequeña oración:
— Dios mío, que Jim piense que soy bonita. Todavía bonita.
Oye los pasos de Jim, fuera, en la escalera. Della se pone blanca. Cierra los ojos un momento, después los abre. Sonríe. Pero su sonrisa tiembla un poco.
La puerta se abre.
Vamos a recordar lo que pasa en este episodio.
Della va a una tienda de Madame Sofronie. Madame Sofronie compra el pelo de Della por veinte dólares. Della vende su pelo precioso, todo su pelo largo y marrón.
Después, Della busca durante dos horas un regalo para Jim. Y, por fin, encuentra una cadena de platino para el reloj de Jim. La cadena cuesta veintiún dólares.
Della vuelve a casa. Está un poco asustada porque ya no tiene su pelo bonito. Se hace pequeños rizos. Prepara la cena. Y espera a Jim, con la cadena en la mano y una oración en el corazón.
— Por favor — piensa Della — , por favor, que Jim me quiera todavía. Aunque ya no tenga el pelo largo.
Y, por fin, oye los pasos de Jim. La puerta se abre.
Has escuchado el segundo episodio de "El regalo de los Reyes Magos". Della ha vendido su pelo, ha comprado la cadena, y ahora espera a Jim. En el próximo episodio, vemos qué pasa cuando Jim entra. Y, créeme, va a pasar algo que nadie espera. Hasta la próxima.
Y, para terminar, una pregunta para pensar. Della ha vendido algo muy importante para ella, su pelo, para poder hacer un regalo a Jim. ¿Tú harías eso? ¿Hay algo tuyo, algo que te gusta mucho, que venderías por la persona que quieres? ¿Y por qué crees que, a veces, dar es más fuerte que tener?
3. La sorpresa de Jim · finale
Jim llega. Mira a Della con una cara extraña. Le da un paquete: dentro hay los peines que Della siempre había querido. Pero Della ya no tiene el pelo largo. Y Jim — Jim ha vendido su reloj para comprar los peines. Más un cierre sobre O. Henry, autor del cuento.
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Tercer y último episodio de "El regalo de los Reyes Magos". Hemos llegado al final de la historia.
Recordamos: Della tenía solo un dólar y ochenta y siete centavos. Mañana es Navidad. Ella ha vendido su pelo precioso, su pelo largo, a Madame Sofronie, por veinte dólares. Y, con ese dinero, ha comprado una cadena de platino para el reloj de oro de Jim. Una cadena perfecta para él.
Ahora Della está en casa, esperando a Jim. Ya no tiene pelo largo, tiene rizos cortos. Tiene un poco de miedo. Y oye los pasos de Jim, fuera, en la escalera. La puerta se abre.
En este episodio escuchas el final de la historia. Intenta entender una cosa: qué hay dentro del paquete que trae Jim.
Antes de empezar, una palabra clave para el final de la historia.
La palabra es "peine". Un peine es un objeto pequeño, alargado, con muchos dientes pequeños. Sirve para arreglar el pelo. Una mujer con pelo largo necesita un buen peine para no hacerse daño. Hay peines de plástico, peines de madera, peines de carey. El carey es un material marrón y brillante. Antes lo sacaban del caparazón de las tortugas, y era muy bonito y muy caro. Hoy ya no se usa, pero en mil novecientos cinco era un regalo precioso, especialmente con piedras pequeñas brillantes a los lados.
En esta historia hay peines de carey. Y son muy importantes para el final. Sigue escuchando.
La puerta se abre. Jim entra. Cierra la puerta detrás de él. Está delgado, muy serio, con la cara cansada. Solo tiene veintidós años. Y, para él, ya es mucho trabajo mantener una casa.
Jim necesita un abrigo nuevo, hace frío. No tiene guantes.
Jim se para. Mira a Della. No se mueve. Sus ojos están en ella, pero no la entiende. No la entiende todavía. Su cara tiene una expresión que Della no conoce. No es enfado. No es sorpresa. No es decepción. No es horror. No es ninguno de los sentimientos que ella esperaba. Solo la mira, con esa cara extraña.
Della va hacia él, despacio.
— Jim, querido — dice Della — , no me mires así. Vendí mi pelo porque no quería estar en Navidad sin un regalo para ti. El pelo crece. Crece muy rápido. Me crecerá otra vez. Dime "Feliz Navidad", Jim. Y vamos a ser felices. No sabes el regalo tan bonito que tengo para ti.
— ¿Te has cortado el pelo? — pregunta Jim.
— Lo he cortado y lo he vendido — dice Della. — ¿Ya no te gusto igual? Sigo siendo yo, sin el pelo. ¿No?
Jim mira a su alrededor, como si buscara algo.
— ¿Dices que tu pelo ya no está? — repite Jim, casi sin entender.
— No me lo busques — dice Della. — Está vendido. Vendido. Es la noche de Navidad, Jim. Sé bueno conmigo. Lo hice por ti. Quizá los pelos de mi cabeza se pueden contar — dice ella, en voz baja, casi seria — , pero nadie podría contar mi amor por ti.
Jim, por fin, se mueve. Saca a Della de su pensamiento extraño. La abraza fuerte. Y, después de diez segundos, saca un paquete del bolsillo y lo pone en la mesa.
— No te confundas, Della — dice. — Ningún corte de pelo, ninguna venta, ninguna cosa, puede hacer que yo te quiera menos. Pero, si abres ese paquete, vas a entender por qué me he quedado así de raro.
Vamos a parar un momento. Hasta aquí: Jim entra en casa, ve a Della con el pelo corto, y se queda quieto. No se enfada. No se pone triste. No se ríe. Solo se queda con una cara extraña, una cara que Della no entiende.
Después, Jim la abraza fuerte. Le dice que la quiere, que el pelo no importa. Y le da un paquete. Un paquete pequeño.
¿Qué hay dentro del paquete? Ahora lo vamos a saber. Y, atención, esto es muy importante.
Della abre el paquete. Y, de repente, grita de alegría. Después llora. Llora fuerte, con todo el cuerpo. Y Jim tiene que abrazarla y consolarla otra vez.
Porque, dentro del paquete, están los peines. Los peines que Della había visto en un escaparate de la calle, hace mucho tiempo. Peines de carey, marrones, brillantes, con piedras pequeñas brillantes a los lados. Peines preciosos, caros, que Della quería con todo su corazón, pero que sabía que nunca podría tener. Eran demasiado caros.
Y ahora los peines son suyos. Son un regalo de Jim. Pero ya no tiene el pelo largo para usarlos.
Della abraza los peines contra su pecho. Por fin, levanta los ojos llenos de lágrimas y sonríe a Jim.
— Mi pelo crece muy rápido, Jim. Ya lo verás.
Y, de repente, Della se acuerda de su propio regalo. Salta de la silla.
— ¡Ay, Jim, mira! — dice ella.
Le da la cadena de platino. La cadena brilla en su mano. Brilla como su amor.
— ¿Verdad que es bonita, Jim? La busqué por toda la ciudad. Tienes que mirar tu reloj cien veces al día ahora. Dame el reloj. Quiero ver cómo le queda.
Pero Jim no le da el reloj. Jim se sienta en el sofá. Se pone las manos detrás de la cabeza. Sonríe despacio.
— Della — dice Jim — , vamos a guardar los regalos de Navidad un poco. Son demasiado bonitos para usarlos ya. He vendido el reloj para comprarte los peines. Y ahora, ¿por qué no preparamos la cena?
Della se queda quieta. Mira a Jim. Jim mira a Della. Y los dos empiezan a reír y a llorar al mismo tiempo.
Vamos a entender bien lo que ha pasado.
Della vendió su pelo precioso para comprar una cadena de platino para el reloj de Jim. Y Jim, al mismo tiempo, vendió su reloj de oro para comprar unos peines de carey para el pelo de Della.
Della ya no tiene pelo largo para los peines. Y Jim ya no tiene reloj para la cadena. Los dos regalos, ahora, no sirven para nada.
Y, sin embargo, los dos regalos son los más importantes del mundo. Porque cada uno ha dado lo que más le gustaba para hacer feliz al otro.
Y aquí termina la historia, con estas palabras del narrador.
Ha pasado el día de Navidad. Aquí ha terminado la pequeña historia de dos jóvenes que vendieron las cosas más bonitas de su casa, el uno por el otro. Y, de todas las personas que dan regalos, estos dos son los más sabios.
¿Por qué? Porque, recuerda, los Reyes Magos llevaron tres regalos al niño Jesús. Eran los reyes más sabios. Della y Jim no son reyes. Son dos jóvenes pobres en un apartamento de Nueva York. Pero, en su forma de dar, son como los Reyes Magos. Son los más sabios. Porque dan con todo el corazón.
Ellos son los magos.
Has escuchado el final de "El regalo de los Reyes Magos". Un cuento famoso, de hace más de cien años, que mucha gente lee todavía en Navidad. Esperamos que te haya gustado.
Una palabra sobre el escritor. O. Henry es un nombre falso. Su nombre verdadero era William Sydney Porter. Es un nombre, y se dice "wíl-yam sídni pórter". Nació en Estados Unidos en el año mil ochocientos sesenta y dos, y murió en mil novecientos diez. Escribió este cuento muy rápido, en un día, para un periódico de Nueva York. Le pagaron poco dinero. Hoy es uno de los cuentos más famosos del mundo. O. Henry escribió muchos cuentos cortos, y siempre tenían un final sorpresa, como este.
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Hasta la próxima historia.
Y, para terminar, dos preguntas para pensar. La primera: Della y Jim vendieron lo más bonito que tenían para hacerse un regalo. ¿Tú crees que fue una decisión bonita, o una decisión un poco triste? ¿Por qué?
Y la segunda pregunta. La historia dice que Della y Jim son "los más sabios" porque dan con todo el corazón. ¿Estás de acuerdo? ¿Conoces a alguien en tu vida que dé así? ¿Y cuándo fue la última vez que tú diste algo importante a otra persona, no por obligación, sino porque querías de verdad?