Cuentos Claros

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The Happy Prince

Oscar Wilde · retold in B1 Spanish

Season 11 of Cuentos para el oído · 5 episodes · about 7–8 minutes each

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1. La estatua que lloraba

Sobre la ciudad se alza una estatua de oro con ojos de zafiro: el Príncipe Feliz. Una golondrina que va con retraso hacia Egipto se para a dormir a sus pies. Y descubre que la estatua está llorando.

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Bienvenido a una nueva historia. Se llama "El Príncipe Feliz". Es un cuento muy antiguo y muy bonito. Lo escribió un señor que se llama Oscar Wilde. Oscar Wilde es un nombre, el nombre de un escritor. Vivió hace mucho tiempo, hace más de cien años.

Esta historia pasa en una ciudad grande. En lo alto de la ciudad, muy arriba, hay una estatua. Una estatua es una figura grande de una persona, hecha de metal. Esta estatua se llama el Príncipe Feliz. "Feliz" quiere decir contento, muy contento.

Todos en la ciudad miran la estatua. Todos la admiran. Pero esta noche va a pasar algo extraño. Escucha bien dos cosas. Primera: cómo es la estatua. Segunda: quién llega, muy tarde, y se duerme a sus pies.

Antes de empezar, tres palabras útiles.

Primera: el oro. El oro es un metal de color amarillo brillante. Es muy caro, muy valioso. La estatua del Príncipe está cubierta de oro fino. Por eso brilla al sol.

Segunda: el zafiro. Un zafiro es una piedra preciosa de color azul. Es muy bonita y muy cara. El Príncipe tiene dos zafiros: son sus dos ojos azules.

Tercera: la golondrina. Una golondrina es un pájaro pequeño. Un pájaro es un animal que vuela. Las golondrinas vuelan a países cálidos cuando llega el invierno, el tiempo del frío.

En lo alto de la ciudad, sobre una columna muy alta, está el Príncipe Feliz. Es una estatua, una figura grande de una persona. Y es preciosa.

Todo su cuerpo está cubierto de oro fino. El oro brilla al sol, y brilla también con la luz de la luna. Sus dos ojos son dos zafiros, dos piedras azules que brillan. En la mano, el Príncipe tiene una espada. Una espada es un arma larga, como un cuchillo grande. Y en la espada hay un rubí. Un rubí es una piedra preciosa de color rojo, roja como el fuego.

La gente de la ciudad mira hacia arriba y lo admira. Las madres dicen a sus hijos: "Mira qué bonito." Los hombres tristes lo miran y se sienten un poco mejor. Todos piensan lo mismo: el Príncipe Feliz es la cosa más bonita de la ciudad. Está arriba, dorado y tranquilo, y parece muy feliz.

Vamos a parar un momento. ¿Cómo es el Príncipe Feliz?

Es una estatua muy alta, arriba de la ciudad. Está cubierta de oro, el metal amarillo que brilla. Sus ojos son dos zafiros azules. Y en su espada tiene un rubí rojo. Es la cosa más bonita de la ciudad, y todos la admiran. Ahora sigue la historia.

Es de noche. Por el cielo vuela un pájaro pequeño, una golondrina. Llega muy tarde. Sus amigas, las otras golondrinas, ya se fueron. Se fueron a Egipto. Egipto es un país cálido, un país lejano, donde no hace frío en invierno. Egipto es un nombre, el nombre de ese país.

¿Por qué llegó tarde nuestra golondrina? Porque se enamoró. Se quedó en la ciudad por amor. Amaba a un Junco. Un junco es una planta larga y verde que crece junto al agua del río. La golondrina amaba a ese Junco. Pero el Junco no la amaba a ella. Así que, al final, la golondrina se quedó sola. Y ahora vuela sola, tarde, hacia el país cálido.

La golondrina está cansada. Busca un sitio para dormir. Mira hacia arriba y ve la estatua de oro. "Voy a dormir aquí", piensa. "Es un buen sitio, con mucho aire." Y baja. Se para justo entre los pies del Príncipe Feliz.

Mira a su alrededor. Va a cerrar los ojos. Pero, en ese momento, una gota de agua cae sobre ella. Una gota, una pequeña gota de agua. Después cae otra. Y otra más.

La golondrina mira el cielo. El cielo está limpio, lleno de estrellas. No hay ni una nube. No llueve. Entonces, ¿de dónde viene el agua?

La golondrina mira hacia arriba, hacia la cara del Príncipe. Y lo entiende. Los ojos azules del Príncipe Feliz están llenos de lágrimas. Las lágrimas bajan despacio por su cara de oro. El Príncipe Feliz está llorando.

Vamos a recordar, con palabras simples.

En lo alto de una ciudad hay una estatua muy bonita. Se llama el Príncipe Feliz. Está cubierta de oro, tiene dos ojos de zafiro azul y un rubí rojo en la espada. Todos en la ciudad la admiran.

Una noche llega una golondrina, un pájaro pequeño. Llega tarde. Sus amigas ya volaron a Egipto, el país cálido. Ella se quedó por amor, pero se quedó sola. Cansada, baja a dormir entre los pies de la estatua.

Y entonces cae una gota de agua sobre ella. Y otra. Pero el cielo está limpio, sin nubes. No es lluvia. Son lágrimas. El Príncipe Feliz, la estatua de oro, está llorando.

Has escuchado el primer episodio de "El Príncipe Feliz". ¡Muy bien! Pero nos queda una pregunta grande. Una estatua de oro, tan bonita, tan admirada por todos... ¿por qué está llorando? ¿Qué ve el Príncipe desde allá arriba, que le da tanta tristeza? En el próximo episodio lo vamos a descubrir. Hasta la próxima.

Y, para terminar, una pregunta para pensar. Desde fuera, el Príncipe parece feliz. Todos lo ven dorado y tranquilo. Pero por dentro está triste, y llora. ¿Conoces a alguien así? ¿Alguien que parece feliz por fuera, pero que quizás no lo está por dentro?

2. El rubí rojo

El Príncipe, que desde lo alto ve toda la pobreza de la ciudad, le pide a la golondrina que lleve el rubí de su espada a una madre pobre con un hijo enfermo. El pájaro lo hace, y siente un calor extraño: el de hacer el bien.

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Bienvenido al segundo episodio de "El Príncipe Feliz". Vamos a recordar la historia.

En una ciudad hay una estatua muy alta. Una estatua es una figura grande de una persona, hecha de metal o de piedra. Esta estatua se llama el Príncipe Feliz. Está cubierta de oro y brilla al sol. Todos la admiran.

Una noche llegó un pájaro pequeño: una golondrina. La Golondrina llegaba tarde a Egipto, el país cálido donde los pájaros pasan el invierno. Se paró a dormir a los pies de la estatua.

Y entonces cayó una gota de agua sobre el pájaro. Después, otra. El Príncipe Feliz, la estatua de oro, estaba llorando.

Hoy vamos a saber por qué llora. Escucha bien dos cosas: qué ve el Príncipe desde lo alto, y qué le pide a la pequeña Golondrina.

Antes de seguir, tres palabras útiles.

Primera: el rubí. Un rubí es una piedra preciosa de color rojo. Es pequeña, brilla mucho y vale mucho dinero. El Príncipe Feliz tiene un rubí rojo en su espada.

Segunda: coser. Coser es unir trozos de tela con hilo y aguja, para hacer ropa. Una mujer que hace ropa así se llama costurera. En esta historia hay una costurera pobre. Pobre quiere decir que tiene muy poco dinero.

Tercera: la fiebre. La fiebre es cuando una persona está enferma y su cuerpo está muy caliente. El hijo pequeño de la costurera tiene fiebre.

La Golondrina miró al Príncipe Feliz y le preguntó:

— ¿Por qué lloras? Eres una estatua de oro. Lo tienes todo.

El Príncipe habló con voz muy triste.

— Cuando yo estaba vivo —dijo—, vivía en un palacio grande y hermoso. Allí todo era música y fiesta. Yo no sabía qué era la tristeza. Todos me llamaban el Príncipe Feliz.

La Golondrina escuchaba en silencio.

— Ahora estoy muerto —siguió el Príncipe—. Me han puesto aquí arriba, tan alto que veo toda la ciudad. Y ahora veo toda su pena. Aunque mi corazón es de plomo, un metal duro y gris, lloro por todo lo que veo.

Después el Príncipe le habló muy despacio:

— Golondrina, allá lejos hay una casa pobre, con una ventana abierta. Por la ventana veo a una mujer. Es una costurera; cose ropa para gente rica. Está cansada, y tiene las manos rojas de tanto coser.

El Príncipe hizo una pausa.

— En esa casa, en una cama, está su hijo pequeño, enfermo. Tiene fiebre. Tiene calor y sed, y pide naranjas. Pero su madre no tiene dinero para comprarlas. Solo puede darle agua. Por eso el niño llora.

Vamos a parar un momento. ¿Por qué está triste el Príncipe Feliz?

Cuando estaba vivo, en su palacio, no veía nada malo. Todo era alegría. Pero ahora, desde lo alto, lo ve todo. Ve una casa pobre. Ve a una costurera cansada, una mujer que cose ropa. Y ve a su hijo pequeño, enfermo, con fiebre, que pide naranjas. La madre no tiene dinero.

El Príncipe lo ve todo, y no puede moverse. Por eso llora.

Entonces el Príncipe le pidió un favor a la Golondrina.

— Golondrina, pequeña Golondrina —dijo—. En mi espada hay un rubí rojo. Sácalo y llévalo a esa mujer pobre. Yo no puedo moverme. Pero tú tienes alas. Tú puedes volar.

La Golondrina quería marcharse.

— Me esperan en Egipto —dijo—. Allí hace sol. Aquí hace frío.

El Príncipe no dijo nada. Solo la miró, con sus ojos tristes. La Golondrina sintió pena por él.

— Está bien —dijo por fin—. Me quedo una noche. Llevaré tu rubí a la costurera.

Entonces la Golondrina sacó el gran rubí de la espada del Príncipe. Lo llevó con el pico y voló sobre los tejados, hasta la casa pobre.

Entró por la ventana abierta. El niño dormía, caliente por la fiebre. La madre, la costurera, se había dormido sobre su costura, muy cansada. La Golondrina dejó el rubí rojo sobre la mesa. Después movió el aire con sus alas, suave, sobre la frente del niño.

— Qué fresco siento —dijo el niño en sueños—. Ya estoy mejor.

Y sonrió.

La Golondrina salió por la ventana y voló de nuevo hacia el Príncipe. Y entonces sintió algo raro.

— Qué extraño —pensó—. Tengo frío fuera, pero por dentro estoy caliente.

Sentía un calor bueno, aunque la noche era fría. Era porque había hecho algo bueno. Ayudar a alguien la había dejado feliz.

Vamos a recordar, con palabras simples.

El Príncipe Feliz llora porque, desde lo alto, ve toda la pena de la ciudad. Ve una casa pobre, con una costurera cansada y su hijo pequeño, enfermo, con fiebre. El niño pide naranjas, pero su madre no tiene dinero.

El Príncipe le pide un favor a la Golondrina: llevar el rubí rojo de su espada a esa mujer pobre. La Golondrina quiere volar a Egipto. Pero siente pena por el Príncipe, y se queda una noche más.

Lleva el rubí a la casa y lo deja sobre la mesa. Después vuelve, y siente algo raro: calor por dentro, aunque la noche es fría. Es la alegría de ayudar.

Has escuchado el segundo episodio de "El Príncipe Feliz" en español. Muy bien.

La Golondrina ha dado el rubí, y ahora quiere volar por fin a Egipto. Pero el Príncipe todavía tiene sus ojos: dos piedras azules muy hermosas. ¿Qué le va a pedir ahora a la pequeña Golondrina? En el próximo episodio lo vemos.

Hasta la próxima.

Y una pregunta para pensar.

La Golondrina tenía frío por fuera, pero sintió calor por dentro, solo por ayudar a alguien. ¿A ti te ha pasado algo así? ¿Recuerdas alguna vez en que ayudaste a otra persona, y después te sentiste bien por dentro?

3. Los ojos de zafiro

El Príncipe le pide a la golondrina que lleve sus dos ojos de zafiro a un escritor pobre y a una niña de las cerillas. Ahora el Príncipe está ciego. Y la golondrina decide quedarse con él para siempre, y ser sus ojos.

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Bienvenido al tercer episodio de "El Príncipe Feliz". Vamos a recordar la historia.

En lo alto de la ciudad hay una estatua, el Príncipe Feliz. La estatua puede ver toda la ciudad, y ve mucha gente triste y pobre. Por eso llora. A sus pies vive un pájaro pequeño, una golondrina. La golondrina es su amiga.

La otra noche, el Príncipe le pidió un favor. En su espada tenía una piedra roja, muy valiosa. La golondrina la llevó a una madre pobre, con un niño enfermo. Y después, la golondrina sintió algo cálido dentro. Ayudar da calor.

Esta noche, el Príncipe va a pedir más. Escucha bien: qué da el Príncipe esta vez, y qué decide hacer la golondrina al final.

Antes de seguir, dos palabras importantes.

Primera: el zafiro. Un zafiro es una piedra preciosa, muy bonita y muy cara. El zafiro es de color azul. Los ojos del Príncipe son dos zafiros azules. Son sus ojos, y también son su tesoro.

Segunda: ciego. Una persona ciega es una persona que no puede ver. Sus ojos no funcionan. Todo está oscuro para ella. Recuerda esta palabra, ciego, porque esta noche es muy importante.

Y una cosa más: el Príncipe quiere a la golondrina, pero sabe algo triste. Pronto llega el invierno, el frío. Y la golondrina quiere irse lejos, a Egipto, donde hace calor.

Es de noche otra vez. La golondrina está a los pies del Príncipe. Quiere dormir. Mañana quiere volar a Egipto, al calor.

Entonces el Príncipe habla:

— Golondrina, pequeña golondrina, ¿te quedas una noche más?

La golondrina dice que no. En Egipto la esperan sus amigas.

— Golondrina —dice el Príncipe—, allí, en una casa vieja, hay un joven. Es un escritor. Un escritor es una persona que escribe historias. Este joven intenta escribir una obra de teatro, una historia para el teatro. Pero tiene mucho frío y mucha hambre. Sus manos están heladas. No puede escribir.

El Príncipe está triste.

— En mis ojos tengo dos zafiros azules. Toma uno y llévalo al escritor. Con ese zafiro va a comprar comida y leña para el fuego. Así podrá terminar su obra.

La golondrina no quiere.

— Príncipe, no puedo quitarte un ojo. Vas a llorar.

Pero el Príncipe le pide otra vez, con mucho amor. Y la golondrina obedece. Con cuidado, saca uno de los zafiros. Vuela por la ciudad y entra en la casa del escritor. Deja el zafiro sobre la mesa, al lado de sus papeles. El joven no ve al pájaro. Pero, poco después, encuentra el zafiro. Y sonríe. Ahora tiene esperanza.

Vamos a parar un momento.

¿Qué ha dado el Príncipe esta noche? Uno de sus ojos. Uno de sus zafiros azules.

¿Y a quién? A un escritor joven, pobre y con frío. Ahora ese joven puede comprar comida y leña, y terminar su obra de teatro.

Pero piensa una cosa: al Príncipe ahora solo le queda un ojo.

La noche siguiente, la golondrina vuelve. Quiere despedirse. Quiere decir adiós antes de volar a Egipto.

Pero el Príncipe habla otra vez:

— Golondrina, pequeña golondrina, ¿te quedas una noche más?

Y le cuenta lo que ve abajo, en la plaza. Hay una niña pequeña. Vende cerillas. Las cerillas son los palitos con fuego, para encender una vela o el fuego de la casa. Pero la niña ha dejado caer las cerillas al agua. Ahora están mojadas. Ya no sirven. La niña llora. Tiene miedo. Si vuelve a casa sin dinero, su padre le va a pegar.

— Golondrina —dice el Príncipe—, toma mi otro ojo. Dáselo a la niña. Así no le pegarán.

La golondrina llora.

— Príncipe, no puedo. Si te quito el otro ojo, te quedas ciego. No vas a ver nunca más.

— Golondrina, haz lo que te digo.

Y la golondrina obedece. Saca el segundo zafiro. Baja a la plaza y lo pone en la mano de la niña. La niña ríe, feliz, y corre a casa.

Ahora el Príncipe no tiene ojos. Está ciego. No puede ver nada.

La golondrina vuelve a sus pies. Y le dice algo importante:

— Ahora estás ciego. Por eso me quedo contigo. Me quedo para siempre. Yo voy a ser tus ojos.

El Príncipe no puede verla. Pero sonríe. Ya no está solo.

Vamos a recordar, con palabras simples.

El Príncipe tenía dos ojos de zafiro, dos piedras azules muy valiosas. Esta noche dio los dos.

El primer zafiro fue para un escritor joven, pobre y con frío, que quería terminar su obra de teatro. El segundo zafiro fue para una niña que vendía cerillas y tenía miedo de su padre.

Ahora el Príncipe está ciego. No puede ver. Ha dado sus ojos a dos personas pobres.

Y la golondrina no se va a Egipto. Se queda con el Príncipe, para siempre. La golondrina va a ser sus ojos. Los dos se quieren mucho.

Has escuchado el tercer episodio de "El Príncipe Feliz". Muy bien. La golondrina ha decidido quedarse.

Pero llega el invierno, y el frío es cada vez más fuerte. El Príncipe todavía tiene una cosa: el oro que cubre su cuerpo. ¿Qué va a pasar con ese oro? ¿Y qué va a pasar con la pequeña golondrina en el frío? En el próximo episodio lo vemos. Hasta la próxima.

Y, para terminar, una pregunta para pensar. El Príncipe dio sus dos ojos para ayudar a otras personas. Y la golondrina se quedó, en vez de volar al calor. ¿Y tú? ¿Has renunciado alguna vez a algo tuyo, algo importante, para ayudar a otra persona?

4. El oro y el invierno

Llega el invierno. La golondrina reparte, hoja a hoja, el oro del Príncipe entre los niños pobres. Pero el frío crece, y el pajarito, débil, sabe que va a morir. Le da un beso al Príncipe y cae a sus pies.

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Bienvenido al cuarto episodio de "El Príncipe Feliz". Vamos a recordar la historia.

En lo alto de la ciudad hay una estatua. Se llama el Príncipe Feliz. Es una figura grande de un príncipe, cubierta de oro fino. Tenía dos ojos de zafiro, dos piedras azules, y una piedra roja en la espada. Pero el Príncipe veía mucha tristeza en la ciudad, mucha gente pobre. Y regaló sus piedras, una por una.

Ahora el Príncipe está ciego. Ciego quiere decir que ya no puede ver, porque no tiene ojos. Regaló los dos zafiros para ayudar a los pobres.

A sus pies vive una golondrina, un pájaro pequeño. Ella quería volar a un país cálido, lejos del frío. Pero se quedó con el Príncipe, para ser sus ojos y mirar la ciudad por él.

Hoy llega el invierno. Escucha bien dos cosas. Qué hace la golondrina con el oro del Príncipe. Y qué pasa, al final, con su corazón.

Antes de seguir, tres palabras útiles.

Primera: la lámina de oro. El Príncipe está cubierto de oro fino, muy fino. Es como una capa muy delgada de oro sobre el cuerpo. Cada trozo pequeño es una lámina de oro. Se puede quitar, poco a poco, trozo a trozo.

Segunda: el plomo. El plomo es un metal gris y pesado. No brilla como el oro. Es gris y frío. El corazón del Príncipe, por dentro, es de plomo. Un corazón de plomo.

Tercera: el invierno. El invierno es el tiempo del frío, del hielo y de la nieve. En invierno hace mucho frío. Y para la gente pobre, sin comida y sin abrigo, el invierno es muy duro.

Llegó el invierno. Cada día hacía más frío. La nieve cubría las calles. El hielo brillaba en los tejados. La gente caminaba deprisa, con abrigos gruesos, para entrar en calor.

La pobre golondrina tenía frío. Mucho frío. Pero no quería dejar al Príncipe. Lo quería demasiado. Así que se quedó, a sus pies, temblando.

Desde arriba, el Príncipe le contaba lo que la golondrina ya no podía ver bien. Y la golondrina le contaba lo que veía en la ciudad. Un día le dijo:

— Querido Príncipe, hay niños con hambre. Tienen frío y no tienen comida.

El Príncipe escuchó. Y su corazón, aunque era de plomo, sintió pena. Entonces dijo:

— Yo estoy cubierto de oro fino. Quítame el oro, lámina a lámina, y llévalo a los pobres. Los hombres piensan que el oro puede darles la felicidad.

La golondrina no quería. No quería dejar al Príncipe sin su oro, gris y feo. Pero el Príncipe se lo pidió otra vez, con voz suave. Y ella obedeció.

Vamos a parar un momento. ¿Qué le pide el Príncipe a la golondrina?

El Príncipe está cubierto de oro fino. Y le dice a la golondrina: quítame el oro, trozo a trozo, y dáselo a los pobres. El oro es muy valioso. Con el oro, los niños con hambre pueden comprar comida.

Así que la golondrina va a quitar el oro del Príncipe, lámina a lámina, y a llevarlo por la ciudad. Escucha lo que pasa.

Y así lo hizo la golondrina. Quitaba una lámina de oro del Príncipe, la llevaba en el pico y la dejaba en las manos de los niños pobres. Luego volvía y quitaba otra.

Lámina a lámina, el Príncipe se quedó sin oro. Ya no brillaba al sol. Se puso gris y feo, gris como el plomo.

Pero los niños, con el oro, compraron pan. Reían y jugaban en la calle. "¡Ahora tenemos pan!", decían. Y el Príncipe, allí arriba, estaba contento.

Después llegó el frío más fuerte. Todo era hielo y nieve. La pobre golondrina tenía cada vez más frío. Sus alas apenas se movían. Ella sabía que se iba a morir. Pero no quería dejar al Príncipe. Lo quería demasiado.

Con sus últimas fuerzas, la golondrina voló hasta el hombro del Príncipe.

— Adiós, querido Príncipe —dijo en voz baja—. Me voy a morir.

Y le dio un beso en los labios. Luego cayó a sus pies, muerta.

En ese mismo momento se oyó un ruido extraño dentro de la estatua. Fue un "crac", seco y triste. Era el corazón del Príncipe, su corazón de plomo, que se había roto en dos. Hacía tanto frío... y quería tanto a la golondrina.

Vamos a recordar, con palabras simples.

Llegó el invierno, con mucho frío y mucha nieve. En la ciudad había niños pobres, con hambre.

El Príncipe le pidió a la golondrina: quítame el oro, lámina a lámina, y dáselo a los pobres. La golondrina lo hizo. Trozo a trozo, quitó todo el oro del Príncipe. El Príncipe se quedó gris y feo. Pero los niños comieron pan, y sonrieron.

El frío era cada vez más fuerte. La pobre golondrina se quedó sin fuerzas. Sabía que se iba a morir, pero no quiso dejar al Príncipe. Le dio un beso y cayó muerta.

En ese momento, el corazón de plomo del Príncipe se rompió en dos.

Has escuchado el cuarto episodio de "El Príncipe Feliz". Ahora la golondrina está muerta, y el corazón del Príncipe se ha roto. La estatua ya no tiene oro, ni piedras. Está gris y sola. ¿Qué va a hacer la ciudad con una estatua tan fea? ¿Y quién sabe lo que valen, de verdad, ese pájaro y ese corazón? En el próximo episodio, el último, lo vemos. Hasta la próxima.

Y, para terminar, una pregunta para pensar. La golondrina podía volar a un país cálido y salvarse. Pero se quedó, por amor, y dio su vida. ¿Tú te has quedado alguna vez al lado de alguien, aunque fuera difícil, solo porque lo querías? ¿Cómo te sentiste?

5. Las dos cosas más valiosas · finale

La ciudad ve la estatua gris y fea y la derriba. Pero el corazón de plomo, roto, no se funde. Y Dios pide a un ángel las dos cosas más valiosas de la ciudad. Más un cierre sobre Oscar Wilde.

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Bienvenido al quinto y último episodio de "El Príncipe Feliz". Vamos a recordar la historia.

El Príncipe Feliz, la estatua de oro, lo dio todo. Dio su rubí rojo, dio sus dos ojos de zafiro azul, y dio todo su oro a los pobres de la ciudad. Al final, ya no brillaba. Estaba gris y desnudo.

La pequeña Golondrina, su amiga, se quedó con él en el frío. Pero llegó el invierno, y era demasiado fuerte para un pájaro pequeño. La Golondrina murió a sus pies. Y en ese momento, el corazón de plomo del Príncipe se rompió en dos.

Hoy termina la historia. Escucha bien dos cosas: qué hacen las personas de la ciudad con la estatua gris, y quién viene, al final, del cielo.

Antes de empezar, tres palabras útiles.

Primera: el alcalde. El alcalde es el jefe de la ciudad, el hombre más importante. En esta historia, el alcalde mira la estatua y decide qué hacer con ella.

Segunda: fundir. Fundir es derretir el metal con fuego. Con mucho calor, el metal se hace líquido, como el agua. En la historia, quieren fundir la estatua.

Tercera: el plomo. El plomo es un metal gris, blando y pesado. No es bonito ni caro, como el oro. El corazón del Príncipe está hecho de plomo.

A la mañana siguiente, el alcalde pasa por la plaza. Con él van los concejales, los hombres que mandan en la ciudad. Todos miran hacia arriba, hacia la estatua.

—¡Qué feo está el Príncipe Feliz! —dice el alcalde—. Ya no tiene oro. Ya no tiene su rubí ni sus ojos azules. Está gris y viejo. Está tan feo como un mendigo, como un pobre que pide dinero en la calle.

Y así, deciden quitar la estatua. La bajan de su columna alta. La rompen y la llevan a un horno, un fuego muy grande y muy caliente. Allí quieren fundir el metal.

Pero el corazón de plomo, el corazón roto del Príncipe, no se derrite. El fuego no puede con él. Entonces los trabajadores lo tiran a un montón de basura, un montón de cosas viejas y sucias. Y allí, en la basura, ya estaba la pequeña Golondrina muerta.

Vamos a parar un momento. ¿Qué ha pasado con la estatua?

Las personas de la ciudad ya no la quieren. Dicen que es fea, porque ya no tiene oro ni piedras preciosas. Así que la bajan y la ponen al fuego. Pero el corazón de plomo no se funde. Lo tiran a la basura, al lado del pájaro muerto. Ahora escucha el final.

Para la ciudad, el Príncipe y la Golondrina no valen nada. Son solo un trozo de plomo y un pájaro muerto, en un montón de basura.

Pero la historia mira más arriba, mucho más arriba, hacia el cielo.

Allí, Dios habla con uno de sus ángeles. Un ángel es un ser del cielo, con alas, un mensajero de Dios. Y Dios le dice:

—Tráeme las dos cosas más valiosas de la ciudad. Las dos cosas más importantes de todas.

El ángel baja a la ciudad. Busca y busca. Y, al final, vuelve con dos cosas en las manos: el corazón de plomo, roto, y la pequeña Golondrina muerta.

Dios mira las dos cosas. Y sonríe.

—Has elegido bien —dice—. Estas son, de verdad, las dos cosas más valiosas de toda la ciudad.

El corazón que lo dio todo. Y el pájaro que se quedó por amor. Para el mundo, no valían nada. Para el cielo, valían más que el oro.

Vamos a recordar toda la historia, poco a poco.

Al principio, el Príncipe Feliz era una estatua de oro, bonita y admirada por todos. Desde lo alto, veía la tristeza de la ciudad, y lloraba.

Entonces empezó a dar. Dio su rubí rojo a una madre pobre. Dio sus ojos de zafiro a un joven y a una niña. Dio todo su oro a los niños con frío. Y la Golondrina, su amiga, se quedó con él hasta morir.

La gente dijo que la estatua era fea, sin valor. Pero, para Dios, el corazón que lo dio todo y el pájaro fiel eran las dos cosas más valiosas de la ciudad.

Esa es la historia. Una historia sobre dar, sobre el amor, y sobre lo que de verdad importa.

Antes de despedirnos, algo sobre el autor de esta historia.

Se llama Oscar Wilde. Oscar Wilde es un nombre, el nombre de un escritor de Irlanda, un país de Europa. Vivió hace más de cien años: nació en 1854 y murió en 1900.

Wilde era famoso por su humor y por sus palabras inteligentes y divertidas. Escribió cuentos preciosos, como este, y también obras de teatro, historias para ver en un escenario. Hoy, muchos años después, la gente sigue leyendo y amando sus cuentos.

Y, sobre todo, gracias a ti.

Acabas de escuchar una historia entera en español. Cinco episodios, de principio a fin. Una historia tierna, con oro y con tristeza, con amor y con bondad. Y la has seguido toda en español. Eso es un logro de verdad. Tu español ha crecido con cada episodio.

Si quieres escuchar más historias en español, claras y tranquilas, puedes ir a la página stories.anicha.space. Cuentos para escuchar, para aprender y para disfrutar, poco a poco, sin prisa.

Hasta la próxima.

Y, para terminar, dos preguntas para pensar.

La primera. El Príncipe lo dio todo: su oro, sus piedras preciosas, todo. Y se quedó pobre y feo para los demás. Piensa un momento: ¿tú alguna vez has dado algo importante a otra persona? ¿Cómo te sentiste después de darlo?

Y la segunda. Para la ciudad, el corazón de plomo no valía nada. Para Dios, valía más que el oro. Piensa despacio: para ti, ¿qué es lo más valioso en la vida? ¿Es algo que se puede comprar con dinero, o no?

Gracias por escuchar. Hasta la próxima historia.