Cuentos Claros

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The Mount of Souls

Gustavo Adolfo Bécquer · retold in B1 Spanish

Season 9 of Cuentos para el oído · 4 episodes · about 7–8 minutes each

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1. La leyenda del monte

En Soria, la Noche de Difuntos, dos primos vuelven de cazar cerca del Monte de las Ánimas. Alonso le cuenta a Beatriz la vieja leyenda: dicen que, esa noche, las almas de los muertos recorren el monte.

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Bienvenido a una nueva historia. Es una historia de fantasmas, de miedo, de una noche muy larga y muy oscura. La escribió un autor español. Se llama Gustavo Adolfo Bécquer. Es un nombre de hombre. Bécquer vivió hace mucho tiempo, en España, y le gustaba contar leyendas. Una leyenda es una historia antigua que la gente cuenta una y otra vez, de padres a hijos. Nadie sabe si es verdad. Pero todos la cuentan.

Esta leyenda pasa en un lugar que se llama Soria. Soria es una ciudad de España, una ciudad pequeña y antigua. Y pasa en una noche especial: la Noche de Difuntos. Los difuntos son los muertos, las personas que ya no están vivas. En la Noche de Difuntos, la gente recuerda a sus muertos. Es una noche para pensar en ellos.

Hoy conocemos a dos jóvenes y una montaña con un secreto. Escucha bien dos cosas: cómo es la montaña, y por qué la gente le tiene miedo.

Antes de empezar, tres palabras importantes.

Primera: el monte. Un monte es una montaña, pero no muy alta. Es como una colina grande, con árboles y piedras. En nuestra historia hay un monte especial, cerca de la ciudad. Se llama el Monte de las Ánimas.

Segunda: las ánimas. Las ánimas son las almas de los muertos. Cuando una persona muere, la gente dice que su alma, su ánima, sigue viva de otra forma. El monte se llama así, el Monte de las Ánimas, porque la gente cree que allí hay muchas almas de muertos.

Tercera: cazar. Cazar es salir al campo a buscar animales para atraparlos, con arcos o con perros. La caza es esa actividad. Nuestros dos jóvenes vuelven de cazar. Vienen cansados, con sus caballos, cuando ya cae la noche.

Es la Noche de Difuntos. El sol ya se va. El cielo se pone gris, y luego negro.

Por el campo vienen dos jóvenes a caballo. Vuelven de cazar. Están cerca del Monte de las Ánimas, esa montaña oscura que todos conocen en Soria.

La joven se llama Beatriz. Es un nombre de mujer. Beatriz es muy hermosa. Tiene el pelo rubio y los ojos claros. Pero es fría. Fría como el hielo. Casi nunca sonríe. Y es orgullosa: se cree mejor que los demás.

A su lado va su primo, un joven que se llama Alonso. Es un nombre de hombre. Alonso es un joven noble, de una buena familia. Es valiente. Y quiere a Beatriz. La quiere en secreto, con todo el corazón. La mira mucho. Ella casi no lo mira a él.

Los dos van despacio hacia la ciudad. Hace frío. Sopla el viento entre los árboles. Y entonces, a lo lejos, empiezan a sonar las campanas de la iglesia. Din, don. Din, don. Son las campanas por los difuntos, por los muertos. Suenan lentas y tristes en la noche.

Beatriz escucha las campanas. Y mira el monte oscuro, allí a la derecha, negro contra el cielo.

Vamos a parar un momento. ¿Quiénes son estos dos jóvenes?

Ella se llama Beatriz. Es hermosa, pero fría y orgullosa. Él se llama Alonso. Es valiente, y quiere a Beatriz en secreto. Son primos. Vuelven a casa de cazar, de noche, cerca del Monte de las Ánimas. Y las campanas suenan por los muertos. Ahora Alonso va a contarle a Beatriz por qué ese monte da tanto miedo.

Alonso mira el monte oscuro. Luego mira a Beatriz. Y empieza a hablar, en voz baja.

— ¿Ves ese monte? —dice—. Es el Monte de las Ánimas. Nadie entra ahí de noche. Y menos esta noche.

Beatriz no dice nada. Solo escucha. Alonso sigue.

— Hace muchos años, aquí había unos guerreros. Se llamaban los templarios. Los templarios eran monjes y soldados a la vez: rezaban a Dios, pero también luchaban con la espada. Eran muy fuertes, y tenían este monte para ellos.

— Pero los nobles de la ciudad, los señores de Soria, tenían envidia. Querían el monte también. Y un día empezó la guerra. Los templarios y los nobles lucharon aquí, en esta montaña. Lucharon con odio. Y se mataron unos a otros. Todos. No quedó nadie vivo.

Alonso baja la voz todavía más.

— El rey vio tanta muerte, y tuvo miedo. Dejó el monte solo, vacío, para siempre. Y desde entonces pasa algo. Cada Noche de Difuntos, esta noche, las ánimas de los muertos se levantan. Salen de la tierra. Suben a sus caballos de hueso. Y cazan por el monte, entre los árboles, toda la noche. Se oyen los caballos. Se oyen voces. Por eso nadie entra aquí. Por eso volvemos rápido a casa.

Alonso calla. Solo se oye el viento, y las campanas a lo lejos.

Beatriz lo mira. Y sonríe un poco, con una sonrisa fría.

— Qué historias más bonitas cuentas, primo —dice, tranquila—. ¿De verdad crees en muertos y en fantasmas?

No tiene miedo. Ni un poco.

Vamos a recordar, con palabras simples.

Es la Noche de Difuntos, la noche de los muertos, en la ciudad de Soria. Dos primos vuelven de cazar: Beatriz, hermosa y fría, y Alonso, valiente, que la quiere en secreto. Ya es de noche. Suenan las campanas por los muertos.

Cerca hay un monte: el Monte de las Ánimas. Alonso cuenta la leyenda. Hace años, unos guerreros, los templarios, y los nobles de la ciudad lucharon en ese monte. Se mataron todos. El rey dejó el monte solo. Y ahora, cada Noche de Difuntos, las almas de los muertos vuelven y cazan por el monte toda la noche.

Alonso tiene respeto y miedo. Pero Beatriz no. Ella solo sonríe, fría, y no cree nada.

Has escuchado el primer episodio de "El monte de las ánimas". Muy bien. Ya conoces a Beatriz, a Alonso y al monte de los muertos. Pero Beatriz es fría, y Alonso la quiere. ¿Qué le va a pedir él esta noche? ¿Y qué le va a pedir ella a él? En el próximo episodio, junto al fuego, empieza el juego. Hasta la próxima.

Y una pregunta para pensar. Alonso cree en la leyenda del monte. Beatriz no cree nada, y sonríe. ¿Y tú? Cuando alguien te cuenta una historia de miedo, de noche, ¿la crees un poco? ¿O sonríes, como Beatriz?

2. La banda azul

Junto al fuego, Beatriz dice que perdió su banda azul en el monte. Y, medio en broma, medio cruel, reta a Alonso a ir a buscarla esta misma noche. Herido en su orgullo, Alonso sale a caballo hacia el monte maldito.

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Bienvenido al segundo episodio de "El monte de las ánimas". Es una historia de Gustavo Adolfo Bécquer. Vamos a recordar lo importante.

Estamos en Soria. Soria es una ciudad de España; es el nombre de un lugar. Es la Noche de Difuntos, la noche en que la gente recuerda a los muertos. Hay dos primos jóvenes. Ella se llama Beatriz; es un nombre de mujer. Es hermosa, pero fría y orgullosa. Él se llama Alonso; es un nombre de hombre. Alonso quiere a Beatriz con todo el corazón.

En el episodio anterior, Alonso le contó a Beatriz una vieja leyenda. Cerca de la ciudad hay un monte. Un monte es una montaña pequeña, una colina. Se llama el Monte de las Ánimas. Las ánimas son las almas de los muertos. Dicen que cada Noche de Difuntos, las ánimas se levantan y cabalgan por ese monte, en una caza fantasma. Beatriz escuchó la leyenda sin miedo, medio riéndose.

Hoy volvemos a casa, al calor del fuego. Escucha bien dos cosas: qué regalo hace Alonso, y qué le pide a Beatriz a cambio.

Antes de seguir, tres palabras útiles.

Primera: la banda azul. Una banda es un pañuelo largo de tela. La banda de Beatriz es azul, del color del cielo. Es suya, es algo muy personal. En esta historia, la banda azul es muy importante.

Segunda: el reto. Un reto es cuando alguien te dice, medio en broma: "a que no eres capaz", "a que no te atreves". Desafiar a una persona es ponerle un reto, dudar de su valor. Cuando alguien te desafía, tú quieres demostrar que sí, que sí eres capaz.

Tercera: el caballo. Un caballo es ese animal grande y fuerte que la gente montaba para viajar. Alonso tiene un caballo. Esta noche lo va a necesitar.

Ya es de noche. Alonso y Beatriz están en casa, sentados junto al fuego. Fuera hace frío, y el viento golpea las ventanas. Pero dentro hay calor y luz. Las llamas del fuego se mueven despacio, y las sombras bailan en las paredes.

Alonso mira a Beatriz. La luz del fuego le toca la cara. Alonso está enamorado, y esta noche quiere decírselo con un regalo. Con cuidado, saca una joya pequeña y hermosa, y se la da.

— Toma —le dice, con voz suave—. Es para ti. Quiero que lo tengas.

Beatriz coge el regalo. Lo mira, pero no dice mucho. Su cara sigue fría, tranquila, sin emoción.

Alonso espera. Entonces, con timidez, le pide una cosa a cambio.

— Yo te doy esto —dice—. ¿Y tú? ¿Me das algo tuyo, algo pequeño, para guardarlo siempre? Un recuerdo. Cualquier cosa, algo que sea tuyo.

Un recuerdo es un objeto que guardas de una persona que quieres. Alonso no pide una joya cara. Solo quiere algo de ella, algo para sentirla cerca cuando estén lejos. La mira con amor, y espera su respuesta. El fuego cruje. Beatriz calla un momento.

Vamos a parar un momento.

Alonso le ha dado a Beatriz un regalo bonito, una joya. Y le ha pedido algo a cambio: no dinero, no una joya. Solo un recuerdo. Algo pequeño y personal de ella, para guardarlo siempre porque la quiere.

Ahora Beatriz tiene que contestar. Y su respuesta no va a ser dulce. Escucha bien lo que dice.

Beatriz sonríe. Pero no es una sonrisa cálida. Es una sonrisa fría, un poco cruel.

— Un recuerdo —dice despacio—. Qué pena. Hoy he perdido una cosa mía. Mi banda azul, el pañuelo de tela azul que llevaba. Se me cayó esta tarde... en el Monte de las Ánimas.

Se queda callada un momento. Luego añade, con una vocecita dulce y burlona:

— Es una lástima. Te la daría con gusto. Pero, claro, nadie iría a buscarla esta noche. Justo esta noche, al monte de los muertos. Nadie se atrevería. Sería una locura.

Alonso entiende muy bien lo que hace Beatriz. No habla de la banda. Habla de él. Duda de su valor. Le está diciendo, sin decirlo: "tú tienes miedo".

Alonso se pone serio. Le duele. Le duele en el orgullo. Se levanta despacio de al lado del fuego, y dice en voz baja, muy tranquilo:

— Yo no tengo miedo.

Y se va. En el patio, coge su caballo y sube. Beatriz oye los pasos por la casa, oye la puerta pesada, oye el caballo en la piedra. No dice nada para pararlo. No corre tras él. No le dice "no vayas, es una locura". Deja que se vaya.

Y Alonso sale a la noche negra, solo, en su caballo, hacia el Monte de las Ánimas. A buscar la banda azul.

Beatriz se queda sola junto al fuego. Por un momento, algo se mueve dentro de ella. Quizá es pena. Quizá es miedo por él. Pero enseguida lo aparta. "Volverá pronto", piensa, y sonríe. Y no dice nada.

Vamos a recordar, con palabras simples.

Alonso y Beatriz están junto al fuego. Alonso, enamorado, le da a Beatriz una joya. Y le pide un recuerdo, algo pequeño de ella para guardar siempre.

Beatriz es cruel. Le dice que ha perdido su banda azul, su pañuelo de tela azul, en el Monte de las Ánimas. Y añade, burlona: claro, nadie iría a buscarla esta noche. Nadie se atrevería.

Con esas palabras, Beatriz duda del valor de Alonso. Y a él le duele el orgullo. Dice: "Yo no tengo miedo." Coge su caballo y sale a la noche, hacia el monte de los muertos.

Beatriz se queda sola junto al fuego. Por un momento siente algo, quizá pena. Pero enseguida lo aparta y no dice nada.

Has escuchado el segundo episodio de "El monte de las ánimas". Alonso ya está fuera, solo, en la noche, camino del monte de los muertos. ¿Volverá? Y Beatriz, sola junto al fuego, ¿podrá dormir esta noche? En el próximo episodio nos quedamos con ella, en su habitación, durante la larga y oscura noche. Hasta la próxima.

Y, para terminar, una pregunta para pensar. Alonso sale al peligro solo por orgullo, para demostrar que no tiene miedo. ¿A ti te ha pasado? ¿Has hecho alguna vez algo arriesgado solo porque alguien dudó de ti? ¿Y valió la pena?

3. La noche de Beatriz

Beatriz pasa la noche sola en su habitación. El viento, el reloj, unos pasos, las campanas… Cada ruido le da más miedo. Y Alonso todavía no ha vuelto del monte.

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Bienvenido al tercer episodio de nuestra historia de fantasmas. Vamos a recordar lo importante.

En esta historia hay dos jóvenes. Ella se llama Beatriz. Es un nombre de mujer. Beatriz es bella, pero es fría y orgullosa. Él se llama Alonso. Es su primo, y la quiere mucho.

Cerca de la ciudad de Soria hay una montaña. Es el Monte de las Ánimas. Las ánimas son las almas de los muertos. La gente dice que, en la Noche de Difuntos, los muertos vuelven a esa montaña. Vuelven de noche, y cazan entre los árboles.

Esta es esa noche. La Noche de Difuntos.

Beatriz perdió en la montaña una banda azul. Una banda es como un pañuelo largo de tela. Y Beatriz, con palabras crueles, retó a Alonso a ir a buscarla. Retar es decirle a alguien: "a que no te atreves". Alonso se sintió herido en su orgullo. Cogió su caballo y salió a la noche. Se fue solo, hacia el Monte de las Ánimas.

Y todavía no ha vuelto.

Hoy toda la historia pasa en un solo lugar: la habitación de Beatriz. Es de noche. Beatriz está sola. Escucha bien dos cosas: qué sonidos oye Beatriz en la oscuridad, y cómo crece su miedo.

Antes de seguir, cuatro palabras. Son los sonidos de la noche.

Primera: el viento. El viento es el aire que se mueve. De noche, el viento golpea las ventanas y hace ruido. A veces parece que el viento habla, o que llora.

Segunda: el reloj. El reloj es la máquina que mide las horas. Un reloj antiguo hace un sonido: tic, tac, tic, tac. Siempre igual. No para nunca.

Tercera: los pasos. Un paso es lo que haces cuando mueves un pie para andar. Los pasos son el sonido de alguien que camina. Tac, tac, tac, por el suelo.

Cuarta: las campanas. Las campanas están en la iglesia. Suenan fuerte: talán, talán. En la Noche de Difuntos, las campanas suenan por los muertos.

El viento. El reloj. Los pasos. Las campanas. Escucha bien estos cuatro sonidos.

Beatriz está en su habitación. Es de noche. Está sola.

Alonso se ha ido a la montaña. Beatriz lo mandó. Ahora ella espera, sola, en su cuarto.

Se mete en la cama. Apaga la luz. Quiere dormir. Pero no puede.

Fuera, el viento sopla fuerte. El viento golpea las ventanas. Las ventanas se mueven un poco, y hacen un ruido: crac, crac. Beatriz escucha. El viento parece una voz. Parece que alguien llora, muy lejos.

"Es solo el viento", piensa Beatriz. "No es nada. Solo el viento."

Cierra los ojos. Intenta dormir otra vez.

Entonces oye el reloj. El reloj antiguo, en la pared. Tic, tac. Tic, tac. Cada segundo, un golpe pequeño. El reloj no para. Y en el silencio de la noche, ese sonido parece muy grande. Tic, tac. Como un corazón. Como pasos muy lejos.

Beatriz mira la oscuridad. No ve nada. Todo está negro.

De repente, oye otra cosa. Una puerta. Una puerta que se abre despacio, sola. Iiiii. La madera vieja hace ese ruido largo. Beatriz se queda quieta en la cama. No respira.

"Es el viento", se dice. "Solo el viento mueve la puerta. No hay nadie."

Pero su corazón va muy rápido.

Vamos a parar un momento. ¿Por qué no puede dormir Beatriz?

Beatriz está sola en su habitación, de noche. Tiene miedo. Oye muchos sonidos: el viento, el reloj, una puerta. Ella se dice que no es nada, que es solo el viento. Pero no lo cree del todo.

Y hay otra cosa. Beatriz piensa en Alonso. Alonso está en la montaña, solo, en la Noche de Difuntos. Beatriz piensa en los muertos que cazan entre los árboles. Su imaginación no para. Por eso no puede dormir.

Pasan las horas. La noche es muy larga.

Beatriz cierra los ojos. En su mente ve la montaña. Ve el Monte de las Ánimas, negro bajo la luna. Y ve a los muertos. Los muertos suben a sus caballos. Cazan entre los árboles. Corren, corren en la oscuridad. Y en medio de todo eso, ve a Alonso, solo, con su caballo. Alonso busca la banda azul. Y los muertos están cerca.

Beatriz abre los ojos. Está sudando. "Es mi imaginación", piensa. "Solo mi imaginación."

Entonces, en la calle, suenan las campanas. Talán. Talán. Es la iglesia, lejos. Las campanas suenan por los muertos, en la Noche de Difuntos. Cada golpe es lento y triste. Talán. Beatriz se tapa los oídos. Pero las campanas siguen.

Y de pronto oye algo nuevo. Pasos. Pasos en la escalera. Alguien sube, despacio. Tac... tac... tac... Beatriz se sienta en la cama. El corazón le va muy rápido.

"¿Quién es?", piensa. "¿Es Alonso? ¿Ha vuelto?"

Los pasos se acercan. Cada vez más cerca. Suben, suben. Ya están al lado de su puerta.

Y entonces... nada. Silencio. Los pasos paran. No se oye nada.

Beatriz espera. Mira la puerta en la oscuridad. Espera que la puerta se abra. Pero la puerta no se mueve.

"No hay nadie", se dice, temblando. "Es el viento. Es solo el viento y mi miedo."

Pero unos minutos después, otra vez. Un ruido en la puerta. Algo, muy suave, toca la madera. Toc. Toc. Beatriz no respira. Mira la puerta. Y otra vez, el silencio.

La noche no termina. Fuera, el viento sigue. El reloj sigue: tic, tac, tic, tac. Y Beatriz, sola en la oscuridad, espera. Con los ojos muy abiertos. Con mucho, mucho miedo.

Vamos a recordar, con palabras simples.

Esta noche, Beatriz está sola en su habitación. Alonso está en la montaña. Beatriz no puede dormir.

Oye el viento en las ventanas. Oye el reloj: tic, tac. Oye una puerta que se abre sola. Cada vez, se dice: "Es solo el viento. No es nada."

Pero su miedo crece. Piensa en la montaña y en los muertos. Piensa en Alonso, solo, en la oscuridad.

Luego suenan las campanas, tristes, por los muertos. Y Beatriz oye pasos en la escalera. Alguien sube, se acerca a su puerta... y luego, silencio. Nada.

La noche no termina. Beatriz espera, en la oscuridad, con mucho miedo.

Has escuchado el tercer episodio de nuestra historia. Beatriz ha pasado una noche muy larga y muy oscura, llena de miedo.

Pero toda noche termina. Pronto llega la mañana, y con ella la luz. En el próximo episodio, el último, sale el sol. ¿Qué va a encontrar Beatriz con la luz del día? ¿Y qué le ha pasado a Alonso en la montaña? En el próximo episodio, el final de la historia, lo vamos a saber. Hasta la próxima.

Y, para terminar, una pregunta para pensar. De noche, en la oscuridad, un sonido pequeño parece muy grande. El viento parece una voz. Y el miedo crece. ¿A ti también te pasa? ¿Has tenido miedo alguna vez de noche, por un ruido que, con la luz del día, no era nada?

4. ¡El amanecer! · finale

Al amanecer, Beatriz encuentra en su cuarto la banda azul, manchada de sangre. Y llega una noticia terrible del monte. Un final de miedo. Más un cierre sobre Bécquer, poeta del Romanticismo español.

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Bienvenido al cuarto y último episodio de "El monte de las ánimas". Vamos a recordar la historia hasta aquí.

Estamos en Soria, en la Noche de Difuntos, la noche en que la gente recuerda a los muertos. Beatriz, la joven fría y orgullosa, ha jugado con su primo Alonso. Le ha dicho que perdió su banda azul, su pañuelo azul, en el Monte de las Ánimas, esa tarde. Y le ha preguntado, con una sonrisa, quién sería tan valiente de ir a buscarla en una noche así.

Alonso, herido en su orgullo, ha montado en su caballo. Y ha salido, solo, hacia el monte oscuro, la montaña de las almas de los muertos.

Beatriz ha pasado la noche sola, en su cuarto, sin dormir. El viento, el reloj, las puertas, unos pasos que quizá no existen. Toda la noche con miedo.

Hoy la historia termina. Escucha bien una cosa: qué encuentra Beatriz cuando por fin llega la luz de la mañana.

Antes de empezar, dos palabras.

Primera: el amanecer. El amanecer es el momento en que sale el sol, muy temprano, y la noche se termina. Después de la noche larga y oscura de Beatriz, por fin llega el amanecer. La luz entra por la ventana.

Segunda: el reclinatorio. Un reclinatorio es un mueble pequeño, de madera, para rezar. La persona se pone de rodillas sobre él y reza, habla con Dios en voz baja. En el cuarto de Beatriz hay un reclinatorio. Recuerda bien esta palabra. Es muy importante para el final.

Por fin, después de la noche más larga de su vida, Beatriz ve la luz. El amanecer entra por la ventana, suave y gris. El sol sube despacio. Los pájaros cantan fuera. El mundo vuelve a ser normal.

Beatriz respira. El miedo de la noche se va, poco a poco. Todos esos ruidos, esos pasos, ese viento... solo eran su imaginación. Casi se ríe de sí misma. "Qué tonta he sido", piensa. "Los muertos no vuelven. Alonso está bien. Mañana vendrá a verme, y yo me reiré de todo esto."

Se levanta de la cama. Se siente cansada, pero tranquila. Y entonces mira hacia el reclinatorio, el mueble de madera donde se reza.

Allí hay algo.

Sobre el reclinatorio está su banda azul. Su pañuelo azul. El que perdió en el monte.

Pero no está limpio. Está roto, en pedazos. Y está manchado de sangre. Sangre seca, oscura. La sangre de alguien.

Beatriz se queda de piedra. No puede respirar. No puede gritar. Solo mira, y mira, ese pañuelo que ella no ha traído a casa.

Vamos a parar un momento. ¿Qué acaba de ver Beatriz?

Sobre su reclinatorio, en su propio cuarto, está la banda azul. El pañuelo que perdió en el monte. Pero ahora está roto y manchado de sangre. Beatriz no lo ha traído. Nadie sabe cómo ha llegado hasta allí. Y esa sangre no es suya.

Beatriz está sola, con mucho miedo. Vamos a ver qué pasa después.

En ese mismo momento, Beatriz oye ruido en la casa. Voces. Pasos rápidos. Gente que sube por las escaleras.

Son los criados, los sirvientes de la familia. Vienen con la cara blanca de miedo. Y traen una noticia terrible.

Han encontrado a Alonso. Está en el Monte de las Ánimas. Está muerto. Los lobos lo han matado. Los lobos son animales grandes, salvajes, que atacan de noche, en grupo. Alonso fue al monte a buscar la banda azul. Y allí, en la oscuridad, los lobos lo mataron.

Beatriz oye la noticia. Mira otra vez el pañuelo roto, con la sangre. Y ya lo entiende todo.

La historia dice que, tiempo después, encontraron a Beatriz muerta en su cama. Su corazón se paró en la noche. Tenía los ojos abiertos, muy abiertos. La cara llena de terror. Murió de miedo, mirando algo que nadie más podía ver.

Y aquí no termina la leyenda.

Muchos años después, un cazador contó una cosa extraña. Una Noche de Difuntos, él pasó cerca del monte. Y jura que vio algo terrible. Vio las almas de los muertos, las ánimas, corriendo en la oscuridad. Corrían alrededor de la tumba de Alonso, el lugar donde está enterrado. Y perseguían, sin parar, el alma de una mujer. El alma de Beatriz. La cazaban toda la noche, igual que ella había enviado a Alonso a la muerte.

Vamos a recordar el final, y un poco de toda la historia.

Todo empezó con un juego cruel. Beatriz, fría y orgullosa, mandó a Alonso al monte, de noche, a buscar un pañuelo. Solo para probar su valor. Alonso fue, por amor y por orgullo. Y nunca volvió.

Beatriz pasó la noche sola, muerta de miedo. Al amanecer se rió de su propio miedo. Pero entonces vio la banda azul sobre el reclinatorio, rota y con sangre. Y llegó la noticia: los lobos habían matado a Alonso en el monte.

Beatriz también murió, en su cama, con los ojos abiertos y la cara de terror.

Es una historia sobre el orgullo, y sobre las palabras crueles. Beatriz jugó con el amor y con el miedo de otra persona. Y ese juego, esa noche, no tuvo vuelta atrás.

Antes de despedirnos, algo sobre el autor de esta historia.

Se llama Gustavo Adolfo Bécquer. Fue un poeta y escritor español. Nació en 1836, en Sevilla, en el sur de España. Escribió poemas muy bonitos, sus famosas "Rimas", y también leyendas de miedo, como esta.

Bécquer murió muy joven, con solo treinta y cuatro años, y murió pobre. Casi nadie lo conocía en vida. Pero, después de su muerte, se hizo muy famoso. Hoy es uno de los escritores más queridos de España.

Y, sobre todo, gracias a ti.

Acabas de escuchar una historia de fantasmas entera, en español. Una historia oscura, de miedo, con una noche muy larga. Y la has seguido de principio a fin. Eso no es fácil. Tu español ha crecido con cada episodio.

Muy pronto vamos a contar otra historia nueva. Si quieres escuchar más historias en español claro y tranquilo, puedes ir a la página stories.anicha.space.

Hasta la próxima.

Y una última cosa: dos preguntas para pensar.

La primera. Beatriz mandó a Alonso al monte por orgullo, para no parecer débil. Piensa un momento: ¿alguna vez has hecho algo, o has dicho algo, solo por orgullo? ¿Y luego lo has lamentado?

Y la segunda. En esta historia, unas pocas palabras crueles llevan a la muerte. Las palabras pequeñas pueden pesar mucho. ¿Recuerdas unas palabras que te hicieron daño? ¿O unas palabras tuyas que hicieron daño a otra persona?

Gracias por escuchar. Hasta la próxima historia.