The Monkey's Paw
W. W. Jacobs · retold in B1 Spanish
Season 14 of Cuentos para el oído · 5 episodes · about 7–8 minutes each
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https://feed.stories.anicha.space/feed.xml 1. La visita del soldado
Una noche de tormenta, la familia White recibe a un viejo amigo soldado, el sargento Morris, que vuelve de la India. Del bolsillo saca algo extraño: una pata de mono seca.
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Bienvenido a una nueva historia. Se llama "La pata de mono". Es un cuento clásico, un cuento de miedo, pero de un miedo tranquilo y lento.
El autor se llama W. W. Jacobs. Es un nombre inglés, y se dice "dáble u, dáble u, yeicobs". Fue un escritor de Inglaterra. Vivió hace muchos años, y este es su cuento más famoso.
La historia empieza en una noche fría. Fuera hace mal tiempo. Dentro de una casa pequeña, una familia está caliente y tranquila, cerca del fuego. Están el señor White y la señora White. White es un apellido, un nombre de familia, y se dice "uáit". También está su hijo. Su hijo ya es un hombre, y se llama Herbert. "Herbert" es un nombre de hombre.
Esta noche, un viejo amigo va a visitarlos. Y este amigo trae algo muy extraño en el bolsillo.
Escucha bien dos cosas: quién es este amigo, y qué saca de su bolsillo al final.
Antes de seguir, tres palabras útiles.
Primera: la tormenta. Una tormenta es cuando hace muy mal tiempo. Cae mucha lluvia, sopla el viento fuerte, y a veces se oyen truenos. Esta noche hay una tormenta grande. La lluvia golpea las ventanas.
Segunda: un soldado. Un soldado es un hombre del ejército, un hombre que sirve a su país y a veces va a la guerra. En esta historia hay un soldado, un sargento. El sargento es un soldado importante, con años de experiencia.
Tercera: la India. La India es un país muy grande y muy lejos, en Asia. Está lejísimos de Inglaterra. El amigo de la familia vivió muchos años en la India, y tiene historias muy raras de allí.
Es de noche. Fuera hay una tormenta fuerte. La lluvia cae sin parar y el viento golpea la casa. Es una noche fría y oscura.
Pero dentro, la casa está caliente. El fuego arde en la chimenea. La chimenea es el lugar de la casa donde se hace el fuego. La luz del fuego es amarilla y suave.
El señor White y su hijo Herbert juegan una partida de ajedrez. El ajedrez es un juego de mesa, con piezas blancas y negras. El padre pierde, pero no le importa. La señora White cose cerca del fuego, tranquila y contenta.
Herbert mira hacia la ventana. Fuera, todo es negro y frío.
—Qué noche tan mala —dice—. ¿De verdad crees que tu amigo va a venir con esta tormenta?
—Va a venir —dice el señor White—. Lo prometió.
Y en ese momento, alguien llama a la puerta. Toc, toc. El señor White se levanta contento y va a abrir. Es su viejo amigo, el hombre que esperaban.
Vamos a parar un momento. ¿Dónde estamos?
Estamos en una casa pequeña, de noche. Fuera hay una tormenta: lluvia y viento. Dentro hace calor, cerca del fuego. Está la familia White: el padre, la madre y su hijo Herbert. Y acaba de llegar un visitante, un viejo amigo. Ahora vamos a conocerlo.
El amigo entra en la casa. Es un soldado, un sargento del ejército. Se llama Morris. "Morris" es un apellido, un nombre de familia. El sargento Morris es un hombre grande y fuerte, con la cara roja y los ojos pequeños.
Morris estuvo muchos años lejos, en la India, aquel país tan grande de Asia. Ahora vuelve a casa, ya mayor. La familia lo recibe con alegría. Le dan una silla cerca del fuego y algo caliente de beber.
Morris empieza a hablar. Cuenta historias de tierras lejanas, de guerras, de gente extraña y de cosas que la familia nunca ha visto. El señor White y Herbert escuchan con la boca abierta. La señora White también escucha, callada.
Entonces el señor White dice:
—Morris, cuéntanos otra vez aquella cosa. Aquella cosa rara de la India.
El sargento duda un momento. Su cara cambia. Ya no sonríe.
—No es nada —dice en voz baja—. No es nada importante.
Pero mete la mano en el bolsillo. Y saca una cosa pequeña. La pone sobre la mesa.
Es una pata de mono. Una pata de mono es la mano, o el pie, seco de un mono. Está seca, dura y arrugada, como una mano pequeña de piel vieja.
La familia mira la pata en silencio. Herbert la coge y la mira de cerca. Es fea, y da un poco de asco. Pero también es extraña, y todos quieren saber qué es.
—¿Y qué tiene de especial esta pata? —pregunta el señor White.
El sargento Morris mira el fuego, y no contesta enseguida.
Vamos a recordar, con palabras simples.
Es una noche de tormenta. La familia White está en casa, caliente, cerca del fuego: el padre, la madre y el hijo, Herbert.
Llega un viejo amigo. Es un soldado, el sargento Morris. Vivió muchos años en la India. Cuenta historias de tierras lejanas.
Y entonces saca del bolsillo una cosa muy rara: una pata de mono seca. La pone sobre la mesa. Es fea, pero extraña. Y toda la familia quiere saber qué tiene de especial.
El sargento mira el fuego. No quiere hablar de ella.
Has escuchado el primer episodio de "La pata de mono". ¿Por qué no quiere hablar el sargento Morris de esa pata seca? ¿Qué secreto guarda esa cosa tan fea? En el próximo episodio lo vamos a descubrir, y no es nada bueno. Hasta la próxima.
Y, para terminar, una pregunta para pensar. A veces, una cosa vieja y fea guarda una historia enorme. Piensa en tu casa. ¿Tienes tú algún objeto pequeño y viejo que guarda un recuerdo importante? ¿Qué historia esconde?
2. Tres deseos
Morris explica el secreto: la pata está hechizada para dar tres deseos, y demostrar que es peligroso cambiar el destino. Medio en broma, el señor White pide doscientas libras.
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Bienvenido al segundo episodio de "La pata de mono". Vamos a recordar lo importante.
En el episodio anterior, una noche fría de viento y lluvia, la familia White estaba en casa, junto al fuego. Un viejo amigo vino a visitarlos: el sargento Morris, un soldado que volvía de la India. Morris contó historias. Y luego sacó del bolsillo una cosa muy rara: una pata de mono, pequeña y seca. La pata seca de un mono de verdad.
Hoy vamos a saber por qué esa pata es tan especial, y tan peligrosa. Escucha bien dos cosas: qué secreto guarda la pata, y qué hace el señor White al final.
Antes de seguir, tres palabras útiles.
Primera: un deseo. Un deseo es algo que quieres mucho que pase. Pedir un deseo es decir en voz alta eso que quieres. Por ejemplo: "quiero más dinero". Eso es pedir un deseo.
Segunda: el destino. El destino es lo que tiene que pasar en tu vida. Lo que ya está escrito para ti. Mucha gente piensa que no se puede cambiar el destino.
Tercera: las libras. Las libras son el dinero de Inglaterra, como aquí son los euros. Doscientas libras es bastante dinero.
La familia mira la pata de mono. El señor White pregunta:
— ¿Y qué tiene de especial esta pata?
Morris se pone serio. Habla despacio.
— En la India, un hombre santo puso un hechizo en esta pata. Ese hombre santo se llama el faquir. El faquir es un hombre santo de la India. Un hechizo es una magia.
Morris sigue:
— El faquir quería enseñar una cosa a todos. Quería enseñar que el destino manda en nuestra vida. Que es peligroso intentar cambiar el destino. Por eso puso el hechizo. La pata puede dar tres deseos a tres hombres. Tres deseos para cada uno.
El señor White abre mucho los ojos.
— ¿Tres deseos? ¿De verdad?
— De verdad —dice Morris—. Pero escúchame bien. Los deseos se cumplen. Sí. Pero siempre traen dolor. El primer hombre que tuvo la pata también pidió tres deseos. Y su tercer deseo fue la muerte. Por eso la pata llegó a mis manos.
La familia se queda en silencio. Solo se oye el viento fuera y el fuego dentro.
— Yo ya pedí mis tres deseos —dice Morris en voz baja—. Y no quiero hablar de eso.
Vamos a parar un momento. ¿Qué es esta pata de mono?
Es una pata con un hechizo, con magia. Un hombre santo de la India, el faquir, puso ese hechizo. La pata da tres deseos. Pero hay un problema: los deseos siempre traen dolor. El faquir quería enseñar una cosa a la gente: que es peligroso cambiar el destino. Que es peligroso pedir cosas que no tienen que pasar.
De repente, Morris hace algo que nadie espera. Coge la pata de mono y la tira al fuego.
El señor White da un salto. Mete la mano en el fuego y saca la pata, rápido.
— ¿Por qué la tiras? —dice.
— Es mejor quemarla —contesta Morris—. Déjala en el fuego. Es lo mejor.
Pero el señor White no quiere. Guarda la pata en la mano. Morris lo mira, muy serio.
— Si te la quedas, ten mucho cuidado. No digas que yo no te avisé. Y si pides un deseo, piensa muy bien qué pides.
Después Morris coge su abrigo y se va a casa. La familia se queda sola, mirando la pata pequeña y seca.
El señor White da vueltas a la pata entre los dedos. Sonríe un poco. No cree mucho en la magia. Le parece un juego.
— Bueno —dice—, ¿y qué pido? Lo tengo casi todo. Una casa, mi mujer, mi hijo. No sé qué pedir...
Su hijo se ríe.
— Papá, pide dinero para terminar de pagar la casa. ¡Pide doscientas libras!
El señor White se ríe también. Levanta la pata seca en la mano. Y, medio en broma, sin creer de verdad, dice en voz alta:
— Quiero doscientas libras.
Vamos a recordar, con palabras simples.
Morris cuenta el secreto de la pata. Un hombre santo de la India, el faquir, puso un hechizo. La pata da tres deseos. Pero los deseos siempre traen dolor, porque es peligroso cambiar el destino.
Morris tiene miedo. Tira la pata al fuego. Pero el señor White la saca rápido y se la queda. Morris lo avisa: "Ten mucho cuidado." Y se va.
El señor White no cree mucho en la magia. Medio en broma, pide su primer deseo: doscientas libras, para terminar de pagar la casa.
Has escuchado el segundo episodio de "La pata de mono". El señor White ya ha pedido su deseo: doscientas libras. Lo ha pedido medio en broma, sin creer de verdad. Pero Morris avisó: los deseos se cumplen, y siempre traen dolor. ¿Va a llegar ese dinero? Y si llega, ¿qué precio va a tener? En el próximo episodio lo vemos. Hasta la próxima.
Y, para terminar, una pregunta para pensar. Imagina que tienes esa pata en la mano. Puedes pedir un deseo, pero quizás trae dolor. ¿Tú lo pedirías? ¿O tendrías miedo de cambiar tu destino?
3. El dinero
A la mañana siguiente, nada. Pero por la tarde llega un hombre de la fábrica: Herbert, el hijo, ha muerto en un accidente. Y la empresa envía justo doscientas libras.
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Bienvenido al tercer episodio de "La pata de mono". Vamos a recordar lo importante.
En esta historia hay una familia: el señor White, la señora White, y su hijo Herbert. Un amigo soldado, que se llama Morris, les dejó una cosa muy extraña: la pata de mono. La pata de mono es la mano seca de un mono muerto. Y tiene magia: da tres deseos. Un deseo es cuando pides algo con mucha fuerza, y se cumple.
Al final del episodio anterior, el señor White pidió el primer deseo. Pidió dinero: doscientas libras. La libra es el dinero de Inglaterra. Con ese dinero podían terminar de pagar la casa.
Hoy vamos a ver qué pasa con ese deseo. Escucha bien cómo un día normal cambia, de repente, para siempre. Recuerda ese número: doscientas libras.
Antes de seguir, tres palabras útiles.
Primera: la fábrica. Una fábrica es un lugar grande donde muchas personas trabajan con máquinas. Se hacen cosas allí: coches, ropa, papel. Herbert, el hijo, trabaja en una fábrica.
Segunda: la máquina. Una máquina es un aparato de metal que se mueve y trabaja solo, con mucha fuerza. En una fábrica hay máquinas muy grandes y muy fuertes. Hay que tener mucho cuidado con ellas.
Tercera: un accidente. Un accidente es algo malo que pasa de repente, sin querer. Nadie lo quiere, pero pasa. A veces, en una fábrica, con las máquinas grandes, pasa un accidente muy grave.
El señor White tiene la pata de mono en la mano. Acaba de pedir su deseo: doscientas libras.
De repente, siente algo raro. La pata se mueve en su mano. Se tuerce, como una cosa viva. El señor White grita y la deja caer al suelo.
Los tres miran la pata. Está quieta en el suelo. No pasa nada más. No hay dinero. No hay nada. Solo la pata seca y fea.
—Se ha movido —dice el señor White, con la voz temblorosa—. Te lo juro, se ha movido en mi mano.
—Ha sido tu imaginación, padre —dice Herbert, y se ríe un poco. Pero es una risa nerviosa.
Todos se ríen, para quitarse el miedo. Luego apagan el fuego y se van a dormir.
A la mañana siguiente, todo es normal. Entra el sol por la ventana. El dinero no está, claro. Herbert bromea antes de irse a la fábrica.
—Bueno —dice, sonriendo—, a lo mejor el dinero aparece encima de tu cama. ¡Adiós!
Y se va a trabajar, contento, como cada día.
Vamos a parar un momento.
Parece que la pata de mono no ha hecho nada. El señor White pidió dinero, pero el dinero no llegó. Es de día, hace sol, y todo está tranquilo. La familia bromea. Herbert se va a la fábrica, contento.
Todo parece normal. Todo parece seguro. Pero recuerda el deseo: doscientas libras. Escucha bien lo que pasa esta tarde.
Por la tarde, la señora White mira por la ventana. Fuera, en la calle, hay un hombre. Un desconocido, alguien que ellos no conocen. Es un hombre serio, bien vestido, con ropa oscura.
El hombre mira la casa. Duda. Por fin, se acerca y llama a la puerta.
La señora White abre. El hombre entra despacio. No sonríe.
—Vengo de la fábrica —dice—. Trabajo con Herbert.
La madre le mira. El corazón le empieza a latir muy fuerte.
—¿Le ha pasado algo a mi hijo? —pregunta—. Dígamelo.
El hombre baja la cabeza.
—Ha habido un accidente —dice, en voz baja—. En la fábrica, con las máquinas. Su hijo quedó atrapado en la máquina.
La casa se queda en silencio. La madre no puede hablar.
—¿Está herido? —pregunta el padre, muy despacio—. Dígame que solo está herido.
El hombre no contesta enseguida. Luego dice, casi sin voz:
—Lo siento. Herbert ha muerto.
La madre da un grito. El padre se queda quieto, como de piedra. No pueden creerlo. Esta mañana Herbert se reía. Esta mañana dijo adiós.
El hombre de la fábrica sigue hablando. Dice que la empresa quiere ayudar a la familia con dinero.
—La empresa les manda una cantidad —dice el hombre—. Doscientas libras.
Doscientas libras. Exactamente el dinero que el señor White había pedido con la pata de mono. Ni una libra más, ni una menos.
El deseo se ha cumplido. Pero el precio ha sido su hijo.
Vamos a recordar, con palabras simples.
El señor White pidió un deseo: doscientas libras. La pata de mono se movió en su mano, pero no pasó nada más. La familia se rió, con miedo, y se fue a dormir.
La mañana siguiente fue normal. Herbert se fue a la fábrica, contento.
Pero por la tarde llegó un desconocido, un hombre serio de la fábrica. Trajo una noticia terrible. Hubo un accidente con la máquina. Herbert, el hijo, murió.
Y la empresa mandó dinero a la familia: doscientas libras. Exactamente lo que el padre había pedido.
El deseo se cumplió. Pero de la peor manera posible.
Has escuchado el tercer episodio de "La pata de mono". No es una historia fácil, y has entendido todo en español. Eso es mucho.
Ahora la familia está rota de dolor. Pero recuerda: la pata da tres deseos, y todavía quedan dos. Una noche, la madre, loca de pena, tiene una idea terrible. ¿Qué va a pedir con el segundo deseo? ¿Y qué llamará, después, a la puerta? En el próximo episodio lo vemos. Hasta la próxima.
Y, para terminar, una pregunta para pensar. El señor White pidió dinero, y el dinero llegó. Pero llegó de una forma horrible. A veces conseguimos lo que queremos, pero pagamos un precio muy alto. ¿A ti te ha pasado? ¿Has deseado algo con mucha fuerza, sin pensar en lo que podía costar?
4. El segundo deseo
Locos de dolor, los padres recuerdan que quedan dos deseos. La madre obliga al padre a pedir que Herbert vuelva a la vida. Y, en la noche, alguien empieza a llamar a la puerta.
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Bienvenido al cuarto episodio de "La pata de mono". Vamos a recordar lo importante.
El señor y la señora White son un matrimonio mayor. Tenían un hijo, Herbert. Con la pata de mono, el señor White pidió un deseo: doscientas libras, dinero para terminar de pagar la casa. Y el deseo se cumplió, pero de la peor forma. Herbert murió en la fábrica, en un accidente con una máquina. La empresa dio a la familia dinero: exactamente doscientas libras.
Hoy los padres están rotos de dolor. Y la madre recuerda algo terrible. Escucha bien dos cosas: qué pide la madre, y qué se oye al final, en la oscuridad.
Antes de seguir, tres cosas útiles.
Primera: el dolor, o la pena. El dolor es lo que sientes cuando pierdes a alguien que quieres mucho. Es una tristeza muy grande, muy honda. Los padres de Herbert viven días de mucho dolor, de mucha pena.
Segunda: la tumba. La tumba es el lugar donde se pone a una persona después de morir, bajo la tierra. Herbert ya está en su tumba.
Tercera: llamar a la puerta. Aquí "llamar a la puerta" no es hablar. Significa golpear la puerta con la mano: toc, toc. Cuando alguien quiere entrar en una casa, llama a la puerta. Escucha bien ese sonido al final.
Pasaron los días. Días largos y grises.
La casa estaba en silencio. Ya no se oían risas. El señor y la señora White casi no hablaban. Comían poco. Dormían poco. El dolor era demasiado grande.
Una semana antes, habían enterrado a Herbert. Ahora su hijo estaba lejos, en el cementerio, bajo la tierra fría. En su tumba.
La señora White lloraba por la noche. El señor White la oía llorar y no sabía qué hacer. No había palabras. No había consuelo. Solo la casa vacía, y el frío, y la pena.
Una noche, muy tarde, el señor White se despertó. Su mujer no estaba en la cama. Estaba de pie, junto a la ventana, mirando la oscuridad.
—Vuelve a la cama —dijo él con voz suave—. Vas a coger frío.
Pero ella no se movió. Estaba muy quieta.
Vamos a parar un momento.
Han pasado unos días desde la muerte de Herbert. Los padres están rotos de dolor. La casa está en silencio. Es de noche, muy tarde. El señor White se despierta y ve a su mujer de pie, junto a la ventana, mirando la oscuridad. Algo pasa por su cabeza. Vamos a ver qué es.
De pronto, la señora White se dio la vuelta. Sus ojos brillaban en la oscuridad.
—¡La pata! —gritó—. ¡La pata de mono!
El señor White se levantó, asustado.
—¿Qué pasa? —preguntó.
—Todavía nos quedan dos deseos —dijo ella, temblando—. Solo hemos pedido uno. ¡Nos quedan dos! Piénsalo. Podemos pedir otro deseo.
Él entendió, y sintió un frío horrible por dentro.
—No —dijo—. No, por favor.
—¡Sí! —Ella lo agarró del brazo—. Vamos a pedir que nuestro hijo vuelva. Vamos a pedir que Herbert esté vivo otra vez. ¡Busca la pata! ¡Búscala ahora!
El señor White temblaba.
—Estás loca —dijo en voz baja—. Herbert lleva días muerto. Yo lo vi. No, mujer, no.
Pero ella lloraba y le suplicaba, y no lo dejaba en paz.
—Es nuestro hijo —repetía—. ¡Tráelo! ¡Pídelo!
Al final, con las manos temblando, él bajó a buscar la pata. La encontró. Y, en la oscuridad, con miedo, con toda el alma en contra, levantó la pata seca y dijo las palabras:
—Deseo que mi hijo esté vivo otra vez.
La pata cayó al suelo. Y no pasó nada.
Silencio. Solo silencio.
Esperaron en la oscuridad. Un minuto. Dos minutos. El señor White respiró. "Gracias a Dios", pensó. "No ha funcionado."
Y entonces, muy lejos, se oyó un ruido.
Toc.
Un golpe. Alguien llamaba a la puerta. Un solo golpe, suave, lento.
Los dos se quedaron quietos, sin respirar.
Toc. Toc.
Otra vez. Un poco más fuerte.
Toc. Toc. Toc.
Los golpes venían más seguidos. Más fuertes. Alguien estaba abajo, en la puerta de la casa, y llamaba, y llamaba.
Más y más fuerte. La casa entera parecía temblar con aquel ruido.
Vamos a recordar, con palabras simples.
Pasan los días. Los padres de Herbert están rotos de dolor. Una noche, muy tarde, la madre recuerda algo: todavía quedan dos deseos.
Ella suplica y obliga a su marido a pedir un deseo terrible: que Herbert vuelva, que esté vivo otra vez. El padre tiene mucho miedo. No quiere. Pero al final coge la pata de mono y lo pide.
Primero, nada. Solo silencio. Y luego, muy lejos, alguien empieza a llamar a la puerta. Toc, toc. Cada vez más fuerte. Y más. Y más.
Has escuchado el cuarto episodio de "La pata de mono". Alguien llama a la puerta, más y más fuerte. Pero ¿quién es? ¿Es Herbert, que vuelve a casa? ¿Y qué van a hacer los padres: abrir la puerta, o no? En el próximo episodio, el último de esta historia, lo vamos a saber. Hasta la próxima.
Y, para terminar, una pregunta para pensar. La madre quiere recuperar a su hijo, cueste lo que cueste. El padre tiene miedo de lo que puede venir. Y tú, ¿qué habrías hecho en su lugar? ¿Habrías pedido el deseo, o no?
5. La puerta · finale
Los golpes en la puerta son cada vez más fuertes. La madre corre a abrir; el padre, aterrado, busca la pata para pedir el último deseo. Más un cierre sobre W. W. Jacobs.
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Bienvenido al quinto y último episodio de "La pata de mono".
Vamos a recordar lo importante. La pata de mono da tres deseos, pero cada deseo se cumple de una forma terrible, porque no se debe cambiar el destino. El destino es lo que tiene que pasar.
El señor White pidió dinero, y su hijo Herbert murió en la fábrica. Después, la madre, loca de dolor, obligó a su marido a pedir el segundo deseo: que Herbert volviera a estar vivo.
Y ahora, en la noche, alguien llama a la puerta. Toc, toc. Despacio. Y luego más fuerte.
Escucha bien dos cosas: qué hay detrás de la puerta, y qué hace el padre.
Antes de empezar, dos palabras.
Primera: la cerradura. La cerradura es la parte de la puerta que se abre con una llave. Para abrir la puerta, hay que abrir la cerradura. En la oscuridad, con las manos temblando, esto es muy difícil.
Segunda: enterrado. Cuando una persona muere, la ponen en la tierra. Eso es enterrar. Herbert está enterrado desde hace días. El padre lo sabe. Y por eso tiene tanto miedo de lo que hay detrás de la puerta.
Los golpes en la puerta son cada vez más fuertes. Toc, toc, toc. Alguien quiere entrar.
La madre se levanta de la cama. Su cara cambia. Ya no hay dolor: hay alegría, una alegría terrible.
—¡Es Herbert! —grita—. ¡Es nuestro hijo! ¡Ha vuelto!
Corre hacia la puerta. El señor White intenta cogerla del brazo.
—¡No! —dice él—. ¡No abras!
Pero ella no lo escucha. Baja las escaleras a oscuras. Los golpes suenan por toda la casa, ahora muy fuertes, desesperados. La madre llega a la puerta y busca la cerradura con las manos.
El padre se queda arriba, sin poder moverse. Está lleno de horror. Porque él sabe una cosa. Él sabe qué hay al otro lado de esa puerta. No es el Herbert de antes. Su hijo lleva días muerto, enterrado, lejos de casa.
Vamos a parar un momento.
La madre está feliz. Cree que su hijo ha vuelto a casa, vivo. Por eso corre a abrir la puerta.
Pero el padre está lleno de miedo. Él sabe que Herbert está muerto. Y piensa: ¿qué es esa cosa que llama a la puerta?
Escucha ahora. La madre lucha con la cerradura. Y el padre busca algo en el suelo.
Abajo, la madre lucha con la cerradura. Está muy alta y sus manos tiemblan. No puede abrirla sola.
—¡Ayúdame! —grita—. ¡Ayúdame a abrir!
Los golpes en la puerta son ahora como truenos. Toda la casa tiembla.
Pero el padre no baja. Se pone de rodillas en el suelo, en la oscuridad. Busca algo con las manos, deprisa, con miedo. Busca la pata de mono.
La toca. Ahí está, pequeña y seca, entre sus dedos. Le queda un deseo. El tercero. El último.
Y entonces el señor White cierra los ojos y pide su último deseo.
En ese mismo momento, los golpes paran. De repente, hay silencio. Un silencio total.
Abajo, la madre por fin abre la cerradura. Abre la puerta de par en par y mira fuera, hacia la noche.
No hay nadie.
Solo está el camino, vacío y tranquilo. Y un viento frío que entra en la casa. La madre sale y mira a un lado y al otro. La calle está oscura y en silencio. No hay nadie. No hay nada.
Su hijo se ha ido. Otra vez. Para siempre.
Vamos a recordar el final, y un poco de toda la historia.
Un amigo soldado trajo a casa una pata de mono, con un poder terrible: daba tres deseos. Pero cada deseo se cumplía de la peor forma.
El señor White pidió dinero. Y llegó el dinero, sí, pero porque su hijo Herbert murió en la fábrica.
Loca de dolor, la madre pidió el segundo deseo: quería a su hijo vivo otra vez. Y esa noche, algo llamó a la puerta.
Al final, mientras la madre luchaba con la cerradura, el padre pidió el tercer y último deseo. Los golpes pararon. Y cuando la madre abrió la puerta, no había nadie. Solo el camino vacío y el viento frío.
Tres deseos. Y al final, la casa se queda igual que al principio, pero vacía y triste. Porque no se debe cambiar el destino.
Antes de despedirnos, algo sobre el autor de esta historia.
Se llama W. W. Jacobs. Es un nombre de hombre. Fue un escritor inglés, y vivió entre los años 1863 y 1943.
Jacobs escribió muchos cuentos durante su vida. Casi todos eran cuentos divertidos, para reír. Pero hoy la gente lo recuerda, sobre todo, por esta historia de miedo: "La pata de mono".
Es curioso. Un escritor que escribió muchas cosas alegres, y al final es famoso por su cuento más oscuro. Este cuento, con sus tres deseos terribles, es una de las historias de miedo más conocidas del mundo.
Y, sobre todo, gracias a ti.
Acabas de escuchar una historia entera en español. Cinco episodios. Una historia de miedo, con misterio y con emoción. Y la has seguido en español, de principio a fin. Eso es un logro de verdad. Tu español ha crecido con cada episodio.
Pronto llega otra historia nueva, muy interesante. Si quieres escuchar más historias en español, puedes ir a la página stories.anicha.space. Cuentos para escuchar y para aprender, poco a poco, sin prisa.
Hasta la próxima.
Y, para terminar, dos preguntas para pensar.
La primera. En esta historia, cada deseo se cumple, pero siempre trae dolor. Los White quisieron cambiar su destino, y todo salió mal. Piensa un momento: ¿tú crees que es bueno querer cambiar el destino? ¿O hay cosas que es mejor dejar como están?
Y la segunda. Hay un dicho antiguo: "ten cuidado con lo que deseas". A veces, tener lo que queremos no nos hace felices. ¿A ti te ha pasado alguna vez? ¿Deseaste algo con mucha fuerza, y después no era como tú pensabas?
Gracias por escuchar. Hasta la próxima historia.